Cuando enseñar se vuelve imposible: la crisis estructural detrás del fracaso educativo
- 17/04/2026 00:00
En la edición de ayer, este medio publicó la primera entrega de un reportaje que dejó en evidencia la crisis en el sistema educativo de dos países de la región: El Salvador y Panamá, cuya inversión en Educación no es cónsona con los resultados negativos obtenidos en este sector clave para el desarrollo de ambas naciones.
Hoy, en esta última entrega, se pone sobre el tapete el papel del docente, la centralización en el Ministerio de Educación de Panamá, la realidad salvadoreña y el divorcio entre el sistema educativo y las necesidades laborales del mercado
Docentes: entre capacitación insuficiente, improvisación y un sistema deficiente
Años atrás, la figura del docente representaba autoridad, respeto y guía dentro de las aulas, incluso entre los miembros de la comunidad. No solo transmitía conocimiento, sino también disciplina y valores que marcaban generaciones; así lo recuerda Addiel Bedoya, representante de la Confederación Nacional de Padres de Familia de Panamá.
Sin embargo, a su juicio, con el paso del tiempo, ese rol parece haberse transformado. Hoy, el sistema educativo enfrenta tensiones constantes: huelgas prolongadas, y un debate creciente sobre los límites entre el derecho a huelga y el derecho de los estudiantes a recibir clases.
El impacto es acumulativo: cada día sin clases equivale a tres días de pérdida en aprendizaje. Esto explica, en parte, por qué los estudiantes llegan a la universidad sin las competencias básicas, considera Trejos, de UNICEF.
El calendario escolar inestable y los programas de “recuperación exprés” profundizan el problema. “Un estudiante no puede recuperar en cuatro semanas lo que no aprendió en todo un año. Eso es una farsa”, afirma el dirigente magisterial Fernando Ábrego de la Asociación de Profesores de la República de Panamá (ASOPROF).
Pero ellos defienden sus luchas: “Desde la falta de capacitación continua hasta la improvisación en cambios curriculares, los maestros operan en un sistema que no les brinda herramientas suficientes. Se repiten capacitaciones improvisadas, incluso copiadas de otros países sin adaptación al contexto panameño”, denuncia Ábrego.
UNICEF coincide en que el problema no es solo capacitar, sino acompañar al docente en el aula de forma sostenida. Además, cuestiona la formación universitaria, que considera “muy memorística y poco práctica”.
El tema es bastante complicado, pero también la formación del docente juega un papel muy importante. Yo parto de la premisa que nadie puede enseñar lo que no sabe, cuestiona el vicerrector Moreno. Nosotros debemos estar seguros de que quien va a enseñar matemáticas esté con altas competencias en matemáticas, agregó.
Moreno también cuestiona que, en la primaria, “un maestro se enfrenta a dar más de 10 materias en muchas ocasiones, eso influye mucho en la formación que le va a brindar al joven. Por eso muchas veces el maestro se tiene que valer de cuestionarios donde el muchacho entonces lo que hace es aprenderse esos cuestionarios de memoria y eso no es bueno, eso no es bueno.”
Los estudiantes no son ajenos a esta situación, dos de los consultados para este trabajo periodístico dicen que entre sus dificultades para estudiar está su poca capacidad de retención de información, los métodos de enseñanzas de los profesores y que asignen docentes verdaderamente capacitados para enseñar, respondieron.
Conociendo de las deficiencias del sistema, la Viceministra Académica de Educación en Panamá, Agnes de Cotes pondera el esfuerzo que hace la actual administración por tratar de mejorar con las nuevas reformas a la Ley de Educación, “se han cambiado algunas posiciones de los contenidos por todas las evidencias que los especialistas así lo indican, pero apostamos a un cambio y a una forma diferente de enseñar, porque la historia no la puedes cambiar, pero sí puedes cambiar la forma de cómo enseñar la historia”, dijo.
La Ley dice que cada 5 años se debe revisar el currículum, y el currículum nuestro no se revisaba hace más de 10 años, reveló Cotes. Agrega que aún los programas tienen la firma de la ministra Lucy Molinar de su primer periodo (2009-2014), eso significa que hay una debilidad allí que no se hizo, y ese es lo primero que se retomó, entonces en base a todo ese proceso de mirar el detalle, se tiene que ver quién ejecuta ese programa, y ese programa lo ejecuta el docente, explica la viceministra.
El aula refleja las desigualdades del país. Hambre, pobreza, familias disfuncionales y falta de apoyo en casa afectan directamente el aprendizaje.
A esto se suma la ausencia de equipos psicopedagógicos en muchas escuelas, lo que deja a los docentes asumiendo roles para los que no están formados: psicólogos, orientadores, trabajadores sociales.
“Mayor presencia de organizaciones de protección, como la policía debido a la - existencia - de ciertas sustancias ilícitas dentro de las escuelas, el aumento en los apoyos socio económicos, y la ayuda de gabinetes psicopedagógicos”, reclamó un estudiante encuestado.
El profesor Armando Espinosa es dirigente magisterial de la Asociación de Maestro Independiente (AMIA), uno de los protagonistas de los diferentes cierres de calles y paralización de clases durante tres huelgas que restaron días de clases. Justifica estas acciones como una lucha social necesaria, “nosotros no queremos ir a una huelga, jamás hemos querido ir a una huelga, pero los gobiernos que tenemos en Panamá, este y los anteriores, no tienen la capacidad de sentarse a negociar para poder resolver estos problemas en la mesa, dijo.
En cuanto a la calidad de la educación, Espinosa cree que el corto circuito está en la “mala administración” y la falta de recursos, “nosotros estamos mandando muchachos de bachilleres en ciencia a hacer exámenes en la Facultad de Medicina que no conocen un microscopio, mientras que en la privada sí lo hay, estamos mandando muchachos de bachilleres en informática a la Universidad Tecnológica a hacer exámenes cuando no conocen ni siquiera los últimos dispositivos de la tecnología”, dijo.
La deteriorada infraestructura escolar es otro punto en común entre los sistemas educativos de Panamá y El Salvador. En ambos países, miles de estudiantes asisten diariamente a centros educativos que presentan filtraciones, aulas deterioradas, mobiliario insuficiente y limitaciones en servicios básicos. Aunque los gobiernos han anunciado programas de inversión y rehabilitación, docentes y comunidades educativas coinciden en que los avances han sido lentos frente a la magnitud del problema.
Más de 50.000 niños arrancaron el año 2026 en escuelas ranchos, con piso de tierra, techo de paja y paredes de absolutamente nada, no es justificable dijo el profesor Espinosa, que reconoce las deficiencias del sistema, pero las condiciona al estado de los colegios.
En el caso de El Salvador, mientras la narrativa oficial destaca en medios masivos y redes sociales la entrega de computadoras y presume inversiones históricas en infraestructura, la realidad en el terreno es distinta: más de 93,000 estudiantes cursan el año lectivo en centros educativos sin condiciones pedagógicas por el cierre de escuelas.
“Nadie puede negar que este es el gobierno que más ha invertido en educación en la historia del país”, afirmó Nayib Bukele el 22 de mayo de 2025, durante una cadena nacional de radio, televisión y replique en streaming para lanzar el programa “Dos escuelas por día”.
El proyecto es presentado como una transformación histórica de la infraestructura educativa. Pero en el terreno, sus efectos son más complejos. Para enero de 2026, al menos 500 centros escolares estaban dentro de este programa, lo que implicaba que unos 93,000 estudiantes recibían clases sin las condiciones pedagógicas adecuadas, según datos recopilados por el Frente Magisterial Salvadoreño (FMS).
Panamá tiene 3,102 centros educativos para atender a 811,116 en 16 regiones a nivel nacional, según cifras del Ministerio de Educación. En El Salvador son 5,150 para atender a 1.2 millones de estudiantes, según el Ministerio de Educación.
Un informe de 2024 de la Defensoría del Pueblo de Panamá reveló que de 449 centros educativos visitados por esta institución el 91% de los estaban en mal estado, por lo que el Ombudsman, Eduardo Leblanc, le recomendó al Ministerio de Educación priorizar la erradicación de las aulas ranchos.
El Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (PENCYT 2025-2029) presentó un informe de hallazgos del Diagnóstico del estado actual del sistema de educación en el que se revela que la infraestructura y el equipamiento insuficientes, especialmente en zonas rurales e indígenas, crean un entorno de aprendizaje menos favorable, lo que contribuye a las brechas en la calidad educativa y en los resultados de aprendizaje. Estas diferencias se ven exacerbadas por la formación y distribución desigual de docentes, con las áreas más necesitadas a menudo careciendo de personal calificado.
En cuanto al deterioro de los centros educativos en Panamá, el sector privado apuesta por la aplicación de la Ley 93 del 19 de septiembre de 2019 que crea el Régimen de Asociación Público-Privada (APP), permitiendo contratos a largo plazo entre el sector público y privado para infraestructura y servicios. Así lo explicó, Giulia De Santics, presidenta de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE).
En los esquemas tradicionales, el Estado financia el proyecto, mientras que en el modelo APP, el sector privado financia el proyecto teniendo como fuente de pago un contrato multianual de prestación de servicios con el gobierno. En el esquema tradicional, el Estado es responsable de la operación del proyecto; con el régimen APP, el sector privado lo opera manteniendo los estándares de calidad.
Para De Santics las debilidades del sistema educativo panameño no se resuelven con asignación de más presupuesto, pues la evidencia es clara: “Se destinan los recursos y el Ministerio de Educación no ejecuta y no es un tema de este gobierno, es la misma situación que se repite año tras año”, destacó.
Otro aspecto importante es que las decisiones en la materia están centralizadas en el Ministerio de Educación (MEDUCA), lo que para los expertos esto es un error, pues las necesidades de cada región del país son distintas y al centralizar todo en una sola entidad del gobierno, se hacen más burocráticos los procesos.
La presidenta de Apede considera importante descentralizar el sistema educativo panameño para que las soluciones lleguen más rápido, con una mayor participación de la comunidad en la toma de decisiones, mejor uso de los recursos y más innovación educativa, según las necesidades de cada área.
Más allá de la infraestructura o el currículo, el cambio más profundo ocurre en el clima dentro del sistema educativo. El giro más notorio en la educación durante la era de Bukele ha sido la reorganización administrativa y disciplinaria en las escuelas.
El 14 de agosto de 2025 fue nombrada ministra de Educación una oficial de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES), la capitana Karla Edith Trigueros. Su llegada intensificó las normas de disciplina, vestimenta y orden en las escuelas públicas, y se instaló un sistema de “méritos” y “deméritos” que, según docentes, prioriza la obediencia por sobre el aprendizaje.
Al alcanzar 15 deméritos, los estudiantes pueden aplazar el año, sin importar sus resultados académicos. Un demérito sería, por ejemplo, no usar el uniforme completo, zapatos limpios y un corte de cabello específico establecido por las autoridades educativas.
“Estas medidas no son cambios de profundidad, y solo fomentan la deserción y la exclusión”, afirma Zúniga. “No se toma en cuenta que las poblaciones no viven en igualdad de condiciones, no se reconoce la pobreza extrema que viven las comunidades”.
Para la docente, es el autoritarismo de Bukele el que se ha trasladado a las aulas. “Es un gobierno que ha acumulado el poder y eso se refleja ahora en el sistema educativo”, señala.
Desde la implementación del régimen de excepción en El Salvador, en marzo de 2022, al menos 3,000 menores de edad están presos y sin acceso a la educación, indicó la representante del Frente Magisterial Salvadoreño. A ellos se suman 50 estudiantes de educación media capturados. “Se están cambiando las aulas, los pupitres y los cuadernos por las cárceles”, señala.
En 2025, por primera vez desde la guerra civil, los militares irrumpieron los centros escolares, en asambleas de padres de familia. “Hemos visto a personas de la Fuerza Armada que han ingresado a escuelas a revisar bolsones de estudiantes de educación media. Irrumpen, llegan a dar charlas. La PNC (Policía Nacional Civil) se atrevió a cortar cabello de menores de edad. Esto es una clara violación a derechos de la niñez”, denunció.
El temor también ha alcanzado al cuerpo docente. Los maestros han denunciado despidos arbitrarios, amenazas y falta de mecanismos de defensa en la Junta de la Carrera Docente, ahora cooptada por el oficialismo.
El caso de la propia Zúniga ilustra este patrón: fue despedida tras negarse a desactivar una protesta de maestros en 2024, cuando los profesores se sumaron a la marcha blanca en rechazo a los recortes a salud y educación.
La combinación de factores —baja ejecución en infraestructura, cierre de escuelas, precarización laboral, resultados deficientes y control político— dibuja un sistema en retroceso, según los docentes.
Zúniga lo plantea en términos más amplios: “El autoritarismo lo vemos por todos lados... en los despidos, en las decisiones inconsultas, en el abuso de poder”.
En el sistema educativo panameño, la currícula actual comprende 9 horas semanales de clases de inglés, según el portal del Ministerio de Educación (MEDUCA).
Un curso de inglés en la Universidad Tecnológica de Panamá ofrece el dominio del idioma en dos años, que comprende 12 niveles, 6 horas a la semana, cada nivel consta de 45 horas con garantía de ser bilingüe al completar este curso.
El estudiante de la escuela pública recibe clases por 12 años, sin que se garantice el aprendizaje del idioma.
El Meduca tiene 5 mil 450 docentes en diversas actividades y programas que van desde el nivel de inicial, básica general, hasta los diferentes bachilleratos para el idioma inglés.
Para el asesor empresarial, René Quevedo la situación es crítica, considera que tenemos un sistema educativo que ha estado históricamente divorciado de la realidad laboral del país. Nuestra educación nos enseña de todo menos cómo ganarnos la vida y, en consecuencia, esto está impactando directamente el empleo juvenil y la precariedad de los empleos juveniles, dijo.
Quevedo revela que los jóvenes han perdido más de 15.000 empleos, no solamente los hemos alienado del sector de la economía, los hemos expulsado del mercado laboral por las deficiencias, entre otras cosas, a nivel educativo. No solamente en conocimiento, sino en competencias actitudinales, cuestiona. Además, considera que el reto es que el educador tiene que ser el foco de todo este análisis porque ellos no pueden enseñar lo que no han aprendido.
Solamente uno de cada tres de nuestros jóvenes que se gradúan consigue empleo, dice el experto. “Yo creo que es momento de aterrizar y dotar a nuestros jóvenes de las competencias y las habilidades que les van a permitir construir un proyecto de vida”.
La revisión de los datos y testimonios en Panamá y El Salvador muestra que, pese a los recursos asignados y a los programas anunciados, las condiciones en las que se desarrolla la educación pública siguen marcadas por interrupciones, infraestructura insuficiente, ejecución irregular y brechas que se amplían según el territorio. Los resultados en comprensión lectora, matemáticas y ciencias, junto con los reportes de deterioro escolar y los cambios constantes en la gestión, evidencian que estas limitaciones afectan directamente el proceso de aprendizaje.
En ambos países, los estudiantes del sistema público son quienes enfrentan con mayor frecuencia estas condiciones. Son ellos quienes asisten a centros con deficiencias estructurales, avanzan con programas interrumpidos y estudian en entornos donde los recursos, el acompañamiento y la estabilidad no siempre están garantizados. Los datos muestran que estas circunstancias se traducen en rezagos acumulados que impactan su trayectoria educativa.
La comparación entre Panamá y El Salvador permite observar que, más allá de los anuncios oficiales, la comunicación institucional o la inauguración de proyectos puntuales, la realidad cotidiana de las escuelas públicas continúa marcada por desafíos que no se resuelven con actos simbólicos. En ese escenario, los niños, niñas y adolescentes que dependen de la educación estatal siguen siendo el grupo más expuesto a las brechas del sistema. Los hechos presentados a lo largo de este reportaje dejan claro que existe una deuda pendiente con esta generación, que enfrenta día a día las consecuencias de un modelo que aún no logra garantizarles las condiciones necesarias para aprender en igualdad de oportunidades.