Memoria de piedra y concreto: el reto de valorar el patrimonio en la Ciudad de Panamá
- 16/10/2026 18:55
Patrimonio, ruinas coloniales y arquitectura urbana en Panamá exigen políticas de conservación rigurosas, educación ciudadana y respeto a su memoria
El desarrollo urbano de la Ciudad de Panamá genera una confrontación constante entre la expansión inmobiliaria y la preservación de los bienes históricos. La conservación de los monumentos y conjuntos patrimoniales —desde los vestigios arqueológicos iniciales hasta la arquitectura residencial y los espacios académicos— se rige por normativas jurídicas específicas y criterios técnicos internacionales que regulan la intervención sobre la materialidad original.
La protección legal de los conjuntos monumentales en el territorio nacional se fundamenta en instrumentos jurídicos como la Ley Nº 91 de 1976 y el Decreto Ley Nº 9 de 1997.
Estas disposiciones establecen las bases legales para la declaratoria, delimitación y administración de los sitios históricos, asignando a entidades como la Dirección Nacional de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y el Consejo Nacional de Conjuntos Monumentales la fiscalización de las obras ejecutadas en zonas protegidas.
A nivel metodológico, las intervenciones en el sitio arqueológico de Panamá Viejo y en el Casco Antiguo de la ciudad se apegan a los principios de la Carta de Venecia de 1964.
Este documento internacional establece directrices obligatorias para la conservación y restauración de monumentos, exigiendo la mínima intervención en las estructuras y la prohibición absoluta de reconstrucciones miméticas que alteren la autenticidad histórica de los bienes.
Julieta de Arango, directora ejecutiva del Patronato de Panamá Viejo, explica la postura de la institución respecto a la integridad del yacimiento arqueológico: “El panameño debe entender que lo que tiene en el centro de la ciudad es una joya arqueológica comparable a cualquier gran sitio del continente”.
Fuera de los perímetros coloniales y arqueológicos, la expansión urbana de las décadas de 1930 a 1950 consolidó tipologías arquitectónicas particulares en sectores como Bella Vista, La Exposición y El Cangrejo, destacando el estilo bellavistino por el uso de cubiertas de teja de arcilla, aleros de madera, arcos de medio punto, pórticos de entrada y herrería artística.
Ante la presión de la densificación vertical y la demolición de inmuebles residenciales tradicionales, proyectos de documentación urbana analizan la urgencia de catalogar estas estructuras. Daniel González, creador del proyecto de divulgación Modern PTY, expone los parámetros de valoración de este patrimonio: “Cada época constructiva dejó una huella en el trazado de la capital.”
También mencionó el impacto en otras provincias, como lo es Colón: “Rescatar inmuebles patrimoniales como la Casa de la Gobernación de Colón demuestra que la restauración no es un adorno nostálgico, sino una estrategia para devolverle dignidad e identidad a los centros urbanos”.
González añade que la recuperación de inmuebles históricos demuestra que la conservación arquitectónica cumple una función estructurante en la planificación urbana contemporánea, conectando la memoria colectiva con el uso funcional del espacio.
El registro patrimonial comprende también los bienes muebles e inmuebles emplazados en instituciones educativas, tales como el campus central de la Universidad de Panamá, donde los bustos y monumentos dedicados a figuras históricas y cívicas funcionan como hitos de referencia institucional.
El busto en honor al periodista Gil Blas Tejeira opera como punto focal durante las conmemoraciones del 13 de noviembre, Día del Periodista Panameño, en memoria de Gaspar Octavio Hernández.
En estos actos y eventos relacionados con la Facultad de Comunicación Social, el profesor Edgardo Murgas, decano de la unidad académica, ha marcado “el recuerdo de un gran periodista que dio mucho a la nación en todas sus fases”.
Para los profesores de la facultad, la presencia física de estos monumentos en áreas comunes institucionaliza la memoria gremial y establece un vínculo directo entre el espacio urbano académico y la práctica profesional de los futuros comunicadores del país.
La seguridad estructural frente a eventos sísmicos representa una variable de análisis crítico dentro de las políticas de gestión patrimonial. La ocurrencia de sismos en el Istmo exige la evaluación constante de las normas de construcción y los códigos de diseño sismorresistente dictados por la Junta Técnica de Ingeniería y Arquitectura de Panamá.
Para garantizar que tanto las nuevas edificaciones monumentales como las estructuras antiguas sigan en pie, las autoridades competentes deben verificar y actualizar de forma periódica las normativas de construcción.
La aplicación de estudios fotogramétricos, el monitoreo con escáneres láser y las pruebas de resistencia en muros centenarios permiten identificar microfracturas y debilidades estructurales antes de que un movimiento telúrico genere colapsos irreversibles.
La integración de normas sísmicas modernas con técnicas de conservación de mínima intervención asegura que la restauración física no vulnere la estabilidad de la mampostería histórica. Asimismo, la fiscalización estricta sobre las nuevas obras que se levantan en las áreas colindantes a los polígonos protegidos reduce el impacto de las vibraciones en los cimientos antiguos.
La preservación del patrimonio panameño requiere de un marco regulatorio fiscalizado con rigor, donde la evaluación constante de los códigos constructivos y la concienciación ciudadana protejan la memoria histórica del país frente al desgaste natural, la expansión urbana y el riesgo de desastres sísmicos.