26 de Feb de 2020

Cultura

Romero: poemas de lluvia y fuego

PANAMÁ. . . El sol de la tarde se filtra entre los nubarrones, proyectando su luz entre los intersticios del aguacero, repitiendo una ...

PANAMÁ.

. El sol de la tarde se filtra entre los nubarrones, proyectando su luz entre los intersticios del aguacero, repitiendo una escena que resulta muy familiar en el Istmo, como bien lo sabe el joven poeta Javier Romero.

“Cuando me encontraba en El Salvador, a la gente le costaba creerme que acá solía llover bajo un Sol muy fuerte”, comenta el vate de 25 años de edad.

Romero visitó recientemente El Salvador, en donde participó del VI Encuentro Internacional de Poetas “El turno del ofendido”.

Este año la cita literaria, que es organizada por la Fundación Metáfora, se dedicó a la memoria de Roque Dalton y otros poetas que fallecieron en el conflicto armado salvadoreño. Se encontraba en aquel país representando a Panamá junto a la poetisa Lucy Chau cuando su familia lo llamó para comunicarle que había ganado el Premio de Poesía “Gustavo Batista Cedeño”.

A pesar de su juventud, Romero ya había ganado el Premio Demetrio Herrera Sevillano en el 2002. En el 2004 y el 2006 se hizo merecedor a menciones honoríficas en el “Gustavo Batista Cedeño”, que premia a los poetas menores de 35 años.

El jurado calificador del certamen premió la obra “Lluvia inflamable”, el segundo libro de este poeta que también se dedica a la actuación y producción de obras teatrales, como lo fue la controversial “A puerta cerrada”, montada recientemente en el Teatro La Quadra.

“Solamente en ‘La Biblia’ las lluvias caen con fuego”, subraya el autor, haciendo referencia al título de la obra. “Para mí la lluvia es símbolo de melancolía, de ternura. Siempre he sentido que nos ayuda a escucharnos a nosotros mismos. Cuando escribí el libro tenía esa imagen en la cabeza, de una lluvia que es capaz de caer sobre uno y hacerle arder”, añade.

Romero explica que el poemario aborda el tema de la pérdida, no desde el punto de vista del amor romántico, idealizado, sino de un sentimiento más profundo, intenso y visceral.

El fallo del jurado del concurso le recomendaba al joven autor cambiar el título de este poemario que se encuentra dividido en dos partes por uno más atractivo que enganche al lector. “El título se queda”, aseguró Romero, para quien lo más importante es mantener su visión estética.