18 de Ago de 2022

Cultura

Museo sin tabús

C uando se trata de Manuel Antonio Noriega y del régimen militar que gobernó Panamá durante 21 años, para I. Roberto Eisenmann III no ha...

C uando se trata de Manuel Antonio Noriega y del régimen militar que gobernó Panamá durante 21 años, para I. Roberto Eisenmann III no hay posiciones encontradas. Mientras conversamos con él en el consultorio del doctor Raúl A. Morales, en la pantalla de televisión aparece la imagen del dictador, mientras un periodista de una cadena local habla acerca de su posible arribo al Istmo a fin de año. ‘Me siento incómodo con la idea que Noriega regrese. Me parece que la casa por cárcel es un chiste. Mejor que se quede en Francia hasta que estemos preparados para afrontar este tipo de situaciones’, dictamina Eisenmann III, presidente de la Fundación Democracia y Libertad. Sus ojos, de un verde casi traslúcido, parecen ausentarse del televisor, de nuestra persona, de la sala de espera, de todo lo que le rodea en ese instante. Es como si se adentrará en recuerdos lejanos, tal vez dolorosos. A lo mejor se remonta a aquellos años en los que se vio forzado, junto a su familia, a abandonar Panamá y a vivir en el exilio.

A Morales la dictadura lo marcó de forma diferente. Su experiencia fue mucho más próxima. ‘El 11 de octubre de 1968 yo me encontraba en el gimnasio ‘Neco’ de la Guardia, cruzando la calle del Cuartel Central, viendo la lucha libre, cuando de repente se formó la balacera. Era el comienzo de la dictadura, la cual me tocaría vivir en su totalidad’, recuerda el galeno, quien ese entonces tenía 12 años de edad.

Hoy en día, Morales y Eisenmann están embarcados, junto a la periodista Betty Brannan Jaén Jaén y al cardiólogo Daniel R. Pichel, en un proyecto que busca que las dificultades y penurias de aquellos años no caigan en el inexorable olvido, especialmente para las nuevas generaciones. ‘Tenemos a toda una población con menos de 35 años que no tienen la más remota idea de lo que pasó durante la dictadura’, sentenció Morales, quien considera que hoy en día existe toda una generación de políticos y personas que están en la vida pública que parecen no recordar los ‘errores que se cometieron en el pasado’.

PROHIBIDO OLVIDAR

Cuenta Morales que la idea para construir el Museo de la Libertad y los Derechos Humanos, que se espera sea inaugurado en el 2014, surgió a raíz de una serie de artículos que la periodista Betty Brannan Jaén publicó a mediados del año pasado. En los mismos se planteaba la necesidad de construir un museo que recogiera las violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar durante la dictadura militar. En aquella oportunidad Jaén había sugerido que el mismo se ubicara en el edificio que antaño ocupaba la embajada de Estados Unidos, en la Avenida Balboa. No obstante, esta idea no pudo prosperar debido a los planes para erigir un rascacielos en el lugar.

En una conferencia de prensa realizada recientemente se anunció que el museo será construido en un terreno ubicado en la Calzada de Amador y que fue concedido por el Gobierno a la Fundación Democracia y Libertad, encargada de impulsar esta iniciativa. De acuerdo con Morales, el inmueble albergará una serie de exhibiciones que tendrán como tema principal ‘la sistemática violación de los derechos humanos ’ acaecida durante el régimen militar.

La idea de Morales, Eisenmann III y los demás integrantes de la Fundación Democracia y Libertad es que cuando el visitante entre al museo, cuya edificación será costeada a través de donaciones, se ‘encuentre con una breve explicación de lo que es la libertad, los derechos humanos’. Posteriormente accederá a una exposición que plasmará lo que Eisenmann III denomina como una ‘fractura de la democracia’. ‘Trataremos de resaltar los hechos más significativos, de forma cronológica, a través de sistemas multimedia’, indicó Morales.

El contenido del museo estará basado, de forma similar al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, ubicado en Santiago de Chile -ciudad que visitaron los miembros de la fundación-, en los informes de la Comisión de la Verdad. Si bien Eisenmann III cataloga de ‘inconclusa’ la labor que llevó a cabo dicha comisión, la misma será la base del nuevo museo, en el que Morales advierte que no se incluirá ‘ningún contenido que no sea verificable’.

A LA LUZ

El doctor tiene la intención de que el sótano del edificio, que se prevé tenga un costo de aproximadamente 12 millones de dólares, albergue un centro de documentación con fotografías, textos oficiales, periódicos y revistas clandestinos de la época. ‘Aquí hubo tribunales clandestinos contando votos... hubo imprentas y emisoras clandestinas... Pasaron muchas cosas que la gente no conoce’, asegura Morales, quien en las elecciones de 1989 participó en un conteo independiente de votos.

Según el odontólogo, otra de las finalidades del proyecto es contribuir a acabar con el tabú que rodea a episodios tan oscuros de la historia istmeña como lo son la dictadura militar y la posterior invasión militar por parte de los Estados Unidos. ‘Por alguna razón nadie quiere que se hable de lo que pasó entre el ’68 y el ’89, como si no hubiera pasado. Es como si pretendiéramos que el Holocausto nazi no ocurrió, ni la matanza en Ruanda o Camboya’, manifestó.

UN SISTEMA IMPERFECTO

A pesar de que las exhibiciones del museo estarán centradas en la historia de la dictadura, con su secuela de torturas, asesinatos y desapariciones, Morales y Eisenmann III no descartan que, después de que el mismo abra sus puertas, se puedan incluir otros ejemplos de violaciones a los derechos humanos, ya sea que los mismos se sitúen durante el siglo pasado o en la última década. Eisenmann III asegura que se podrían incluir sucesos recientes, como los que acaecieron en Bocas del Toro en el 2010 o en el Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen a principios de año.

El ortodoncista subraya de que a pesar de que puedan darse casos de violaciones a los derechos humanos durante un gobierno democrático, las mismas no ocurren de forma sistemática como acontece durante un régimen dictatorial. Es por ello que, a pesar de las ‘fallas fundamentales de la democracia’, Morales se proclama un defensor de este sistema. Confía en que el público que asista al Museo de la Libertad y los Derechos Humanos aprenda las ‘señales de peligro’ que le permitan darse cuenta de cuándo y cómo deben salir a la calle a proteger una democracia que tanto luto y dolor le costó a los panameños. Cuando de las libertades básicas de todo ser humano se trata, no hay mayor pecado que el olvido o la indiferencia.