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25 de Jan de 2021

Cultura

Los hombres que no aman a las carteras

El fin de semana me ocurrió algo increíble. En lo que voy entrando en un bar gay, el agente de seguridad apostado en la puerta me dice ...

El fin de semana me ocurrió algo increíble. En lo que voy entrando en un bar gay, el agente de seguridad apostado en la puerta me dice que no puedo entrar con mi cartera, refiriéndose a mi chácara comprada en Salsipuedes. Quedé patidifuso, como diría Almodóvar, y mi cara de sorpresa tuvo que haber sido de antología, porque el pobre hombre, siendo más grande y rudo que yo, quedó pequeñito de pronto.

- Y ¿por qué? - Los hombres no pueden entrar con cartera.

- ¿Usted me está diciendo que un hombre no puede entrar con cartera en un bar gay? - Sí… Si gusta se la puedo guardar en el locker o la guarda dentro de la cartera de ella –refiriéndose a mi acompañante.

- Pero señor, esto es surreal. ¿Ella puede entrar con su cartera y yo no, siendo este un bar gay? - Bueno, es que ella es mujer… -dijo, con su mejor cara de ‘Discúlpame, dejémoslo aquí’.

Mostré el contenido para que viera que lo más peligroso que portaba era un paquete de cigarrillos, pero no obtuve ningún tipo de respuesta. Obedecí (¡con lo que me cuesta!) y metí mi chácara dentro del bolso de mi compañera, cual polisón alienígena en nave espacial rindiendo tributo a El Octavo Pasajero. Aunque, pensándolo mejor, la escena hubiese despertado la envidia del mismísimo Luis Buñuel. Respiré y seguí mi camino. La respuesta ameritaba continuar la discusión, pero opté por dejarlo así. Con los años he aprendido a no gastar energías en alguien que solo cumple órdenes. En otro tiempo me hubiese ido, más joven lo hice mil veces ante los ridículos códigos de vestir que imponen en los antros de este país, pero adentro del bar me esperaba un amigo que celebraba su cumpleaños y no valía la pena estropear la fiesta.

Sin embargo, estuve pensando en lo ocurrido toda la noche y hasta entré en profundas divagaciones filosóficas. Supongamos que yo fuese un travesti, ¿tampoco me hubiesen dejado entrar con cartera? Más aún: ¿qué tal si yo, aunque barbudo y despeinado, fuese una mujer ‘de corazón’ como Balbina, cuyo máximo anhelo fuese el de ganarse el Gordito del Zodiaco para entregarse al bisturí? ¿Tampoco? Igual es tonto, ¿quién ha dicho que hace falta ser mujer para usar una cartera? ¡El bolso de hombre es más viejo que la sarna! Siendo así, ¿qué hay detrás de la medida? Dudo mucho que se trate de un asunto de seguridad. Ni siquiera en los bancos me han pedido algo similar, me la revisan y listo. Incluso pedí que me revisara y el agente se negó. Por el contario, me pidió que la ocultara dentro de la cartera de mi pareja. Lo importante era que la escondiera, que nadie supiera que yo era el extraño hombre que usaba cartera.

Es absurdo y triste que una norma como esa rija en un lugar donde van a divertirse los miembros de una comunidad que históricamente ha luchado contra la discriminación que han sufrido y a favor de la igualdad entre los seres humanos. Incluso irónico me parece, cuando pienso en todos los artículos que he escrito apoyando los derechos de la comunidad gay panameña. ¿Será que el dueño es un travesti ideológico? ¿Será que es un bar para gays que no quieren parecerlo? ¿Será que fue porque era una chácara anónima comprada en Salsipuedes y no una cartera ‘de marca’? O porque no tuve tiempo de hacerme el blower, seguramente. ¡Ay Louis Vuitton, cuantos misterios nos dejaste! PERIODISTA