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10 de Apr de 2021

Cultura

Que sonaron en el barrio y en el cine

PALABRA. Bernardo Bertolucci sostenía: ‘el cine son ideas llevadas a la imagen’. A lo que podríamos agregar: la música es el sonido de l...

PALABRA. Bernardo Bertolucci sostenía: ‘el cine son ideas llevadas a la imagen’. A lo que podríamos agregar: la música es el sonido de las imágenes. Existe una absoluta correspondencia entre la música como elemento de la banda sonora de una película. La estructura de un filme no se basa únicamente en la cámara en movimiento y demás elementos fotográficos. Según el cineasta Luis Franco, el micrófono y la banda sonora (entiéndase música) juegan un papel de primer orden.

El modelo estadounidense, en una primera etapa determinada del desarrollo cinematográfico, utilizó el sonido como simplificador de la narración de la trama cinemática. La música enfatizaba el significado de las escenas y le da volumen a la sugestión emotiva.

En definitiva, las melodías sirven a una ‘idea-imagen’, donde el ‘realismo’ exige una correspondencia mecánica entre lo que se ve y lo que se oye.

Posteriormente, sobrevino la etapa experimental sonora, donde la música marcó el ritmo de las respuestas psicológicas del actor, del momento o la trama, algunas veces sosteniéndola y en otras acentuándolos. Ese camino de dominar la fuerza de expresión del lenguaje musical, ligadas a nuestra cultura nacional, dan mayor fuerza e identidad a los trabajos fílmicos latinoamericanos.

Mucho antes de la elaboración de la primera película panameña -no el primer corto, sino el primer largometraje- nuestra música es empleada en filmes de otros países latinoamericano.

Taboga y hacia el calvario, película venezolana del año 1938, es considerada la primera pieza sonora del país suramericano. En este cortometraje de 11 minutos, dirigido por Rafael Rivero, aparece la célebre pieza de Ricardo Fábrega, del mismo nombre.

Ninón Sevilla, espléndida bailarina española, actúo soberbiamente en el filme Víctima del Pecado (1949), filmada en México, en el denominado ‘cine de pecadoras’, donde destaca danzando la carnavalesca composición de Víctor Cavalli Cisneros, La Cocaleca, composición popular elaborada en los años treinta.

Su coro era pegajoso: ‘Quiero cocaleca, dame cocaleca, vamos a la playa que la marea está seca.’ Su letra era de Mario H. Cajar. La tónica en ‘re mayor’, y el ritmo de tamborera fueron creación de Cisneros, quien también se dio a conocer a nivel internacional con temas como Bandolera y El hombre aparecido.

Otro filme de ese año fue El pecado de ser pobre, con guión de José G. Cruz, y dirección de Fernando A. Rivero, con la actuación de Ramón Armengod, Guillermina Grin, Tito Junco, Roberto Soto, Pedro Vargas y Virgina Serret.

Allí nos deleitamos con la interpretación del cantante puertorriqueño Boby Capó, de la pieza musical Maldición gitana, de nuestro músico y arreglista Avelino Múñoz Barrios (1912-1962), y cuyas primeras estrofas dicen: ‘Te di una cita, no me quisiste besar, que tarde aquella, nunca la podré olvidar... Tu pensamiento nunca fue para mí, te odio, maldita, te debías de morir’. Un tema compuesto en Mi Mayor, con un ritmo que invita al baile.

También de Múñoz -y del argentino Roberto Lambertucchi- es la canción Ya, incluida en la banda sonora de la película El Mariachi desconocido, comedia mexicana del director Gilberto Martínez Solares. La canción es interpretada por Tin Tán y dos actrices mejicanas.

La pieza Que te parece cholito, del director René Cardona, es empleada en la banda sonoro de Mujeres de teatro (1951), un drama musical mexicano del director René Cardona. La canción fue una de las grandes tamboreras de la época y fue interpretada por la Orquesta Tropical de Kiko Mendive.

HISTORIA DE UN ‘HIT’

El tema Historia de un amor -bolero compuesto por Carlos Eleta Almarán (1918-2012)- es uno de los grandes éxitos de ventas a nivel internacional. Una serie de casualidades permitieron que el mismo año de su composición la canción fuera incorporada como parte de la banda sonora de una película latinoamericana. Su letra que eternizó la cantante argentina Libertad Lamarque reza: ‘Ya no estás más a mi lado corazón, en el alma sólo tengo soledad, y si ya no puedo verte, porque Dios me hizo quererte, para hacerme sufrir más.’

El impacto de esta melodía ha sido global e imperecedero. La industria cinematográfica de Italia la utiliza en el filme La finestra di fronte en el 2003, del director Ferzan Ozpetek. El cine español también le rinde tributo en La vida secreta de las palabras (2005), de la director y guionista catalana Isabel Coixet. Posteriormente, en el 2010 aparecería en el telefilme español La Pasión, dirigida por Santiago Tabernero. Previamente, había sido utilizada en La mujer de dos caras (1957) del director Miguel M. Delgado.

MÚSICA PARA IDENTIFICARSE

La popularidad de la composición de Eleta Almarán no es casual. El tema forma parte de la época de oro de la música panameña, que el autor Jaime Rico Salazar sitúa entre 1930 y 1960. ‘La acentuada utilización de la música popular, en un momento en que el monopolio discográfico no se había consolidado aún y donde una rumba era familiar en Brasil (como también una samba-canción en Buenos Aires), permitió la construcción de un mapa musical continental con identidades definidas’, apunta.

Eso explica el porqué, entre los años 30 y 50s, el público contaba con una clara referencia cultural en el espectáculo cinematográfico. El mismo estaba construido en base a las metáforas, alegorías y códigos de los dos géneros baluartes: el melodrama y la comedia.

Por ello no es extraño ese amoldamiento de nuestro carácter musical a una cinematografía latinoamericana, exploradora de momentos.

En este sentido, tal vez la única discordante provino de la agrupación istmeña ‘Los Gay Crooners’, quienes interpretan sus temas musicales en los filmes musicales mexicanos: Neutrón contra el criminal sádico (1964), El dengue del amor (1965), y Los asesinos del Karate, del mismo año. Su género es un estilo pop en español, imitando las agrupaciones estadounidenses en boga en aquella época.

En 1970 aparece un cantante desconocido -para no decir ignorado-, conocido como Tony Moro, quien interpreta el tema Guararé en la comedia española El abonimable hombre de la costa del sol, del director Pedro Lazaga.

Su colega, el director venezolano René Chalbaud, escoge a Taboga, compuesta por el panameño Ricardo Fábrega (1905-1973), como una de las melodías de la banda sonora de El pez que fuma (1977). Las primeras palabras de este tema inmortal rezan: ‘En esta noche callada, que mi tormento ahoga, quiero cantarte Taboga, viendo tu luna plateada’.

Este magnífico bolero ha recorrido el mundo y es una de las composiciones que está inexorablemente vinculada a la identidad nacional (aunque algunas naciones como Venezuela la han incorporado como parte de su cancionero nacionalista).

SONIDOS DEL PATIO

En este repaso por el repertorio de las composiciones panameñas que han dejado su huella en la cinematografía mundial no podía faltar Rubén Blades.

En 1983 México y Puerto Rico unieron esfuerzos para realizar un corto en base a la canción Ligia Elena. A partir de ese año canciones como Plástico y Pedro Navaja comienzan a aparecer en películas estadounidenses y mexicanas.

Más recientemente, parte del magistral repertorio de Blades puede ser escuchado en Perro come Perro (2008), un drama colombiano cuya historia se nutre de la criminalidad que azota al vecino país.

Otro músico panameño que logra seducir a los cineastas foráneos es el jazzista Danilo ‘El Cholo’ Pérez, quien será contratado para componer la música de producciones como El invierno en Lisboa (España, 1991), del director José A. Zorrilla; y la comedia musical Hugo Pool (Estados Unidos, 1997). Su talento musical también puede ser apreciado en el documental panameño Códigos del silencio (1995).

Asimismo, la agrupación roquera Los Rabanes creó el tema Goodbye para la película Chasing Papi (2003), protagonizada por Sofia Vergara.

Los largometrajes y las composiciones antes mencionadas revelan que la influencia de la música se extiende de los barrios a las salas de cine. Un influjo que persiste a pesar de las intenciones de aquellos que pretenden liquidar las formas de expresión de lo nacional, que atentan contra el son de los tambores que hacían vibrar los sueños de Demetrio Korsi.