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02 de Mar de 2021

Cultura

El premio que se volvió pesadilla

PALABRA. Son obras que han sido premiadas en el Concurso Literario Ricardo Miró. Pero su calidad esta más cerca de lo artesanal que de u...

PALABRA. Son obras que han sido premiadas en el Concurso Literario Ricardo Miró. Pero su calidad esta más cerca de lo artesanal que de un trabajo editorial digno del máximo galardón de las letras panameñas. Sus páginas están impresas en papel bond, sus portadas en cartulina. Al abrirlas la lectura se dificulta. Los textos se apretujan debido al interlineado desigual. Algunas páginas están pegadas, en otras la tinta se ha borrado con el paso de los años.

Parece incongruente. Pero para un autor que ha recibido la consagración en su oficio de la mano del ‘Miró’ la vicisitudes continúan, dado que las obras publicadas por la Editorial Mariano Arosemana, que forma parte de la dirección nacional de publicación y comunicación del INAC y está encargada de la publicación de las obras ganadoras, distan mucho de las que puede anhelar un literato consumado. Aún así, la mayoría de los que ganan optan por no protestar y aceptar los 15 mil dólares del premio en metálico. En una país donde escribir nunca deja de ser un calvario, cualquier apoyo es siempre bienvenido.

¿EL SUPLICIO DE GANAR?

Por fin todo tenía sentido. O por lo menos así lo sintió Patricia Pizzurno cuando en el 2010 ganó en la sección ensayo del Concurso Literario Ricardo Miró. Para la literata escribir Memoria e imaginario de identidad y raza en Panamá, siglos XIX y XX fue como un bálsamo que le ayudó a confrontar la enfermedad de su hija, a quien le habían diagnosticado una ‘crisis leucémica’.

En mayo del 2011, con su hija ya recuperada, Pizzurno comenzó a corregir los borradores que le enviaban de la editorial Mariano Arosemena. A su vez, los editores del INAC realizaron ‘correcciones de estilo’ al ensayo galardonado, lo que Pizzurno tomó como un verdadero exabrupto.

Tres veces salió la obra de la Impresora de la Nación, donde se imprimen los textos de los ganadores del certamen. Ninguna de las ediciones estuvo exenta de errores.

Al final sólo se imprimieron cerca de 350 obras. De los 650 restantes que se debieron imprimir para completar los mil ejemplares que establecen las bases del concurso el INAC nunca le ha dado respuesta.

PORTADAS DE PESADILLA

Rafael Pernett y Morales pensó que la tercera vez que recibiría el Premio Ricardo Miró sería como las veces anteriores, como cuando lo obtuvo en el año de 1973 con Loma ardiente y vestida de sol, y después en 1975 con Estas manos son para caminar.

Pero en esta oportunidad no todo fue júbilo, complacencia y elogios. La decepción lo esperaba en casa, al retornar de la ceremonia de entrega de los libros impresos. Cuando abrió el paquete con los ejemplares del primer tiraje de la obra ganadora, titulada El indio sin ombligo, no pudo ubicar su nombre, por más que sus indagadores ojos recorrieran la portada, ansioso de reconocerse en el producto de sus desvelos y sacrificios. Pero solo aparecía el título y el logo del INAC. ‘En ese momento pensé que se trataba de una nueva tendencia editorial’, expresó el galeno.

Al día siguiente se presentó a las oficinas del INAC para protestar, no solo por la ausencia de su crédito de autor sino también por que había ‘palabras y párrafos enteros que faltaban’. Hasta el día de hoy Pernett y Morales no comprende cómo es posible que estas equivocaciones tengan lugar si ‘así mismo como lo ves en la computadora debe salir en el papel’.

El colonense no ha sido el único que se ha sentido defraudado por las portadas de la Editorial Mariano Arosemena. La ensayista Beatriz Valdés, ganadora del ‘Miró’ en tres ocasiones, lamenta la ‘pobre calidad’ de las portadas hechas en cartulina, que ‘a los pocos años se destiñe y se amarillenta’. ‘El diseño de la portada es una lotería, ya que no siempren el INAC tiene en planta a diseñadores creativos, con buen gusto y sentido del color’, recalcó.

Micaela Flores, jefa de relaciones públicas y de protocolo del INAC salió al frente de las críticas de los ganadores del certamen y en un correo electrónico -con el que respondía a un cuestionario enviado por este diario- comentó que ‘el equipo de diseñadores gráficos tienen una gran cantidad años y de experiencia en esta labor al igual que la editora’.

INSATISFACCIÓN CRÓNICA

‘Dudo que haya algún escritor, cuya obra haya sido publicada por el INAC, que esté satisfecho. La institución no cuenta con el personal capacitado, no tiene diseñadores gráficos especializados en esa materia; los prensistas no tienen la menor idea, ni les interesa tampoco saber cómo es un libro por dentro y por fuera, o para qué sirve’, sentencia el poeta y cineasta Pedro Rivera, ganador en varias ocasiones del prestigioso certamen literario.

Más allá de los problemas relacionados con el recurso humano, el vate Salvador Medina Barahona focaliza sus inquietudes hacia las deficiencias administrativas presentes en el INAC, que no han permitido que la Editorial Mariano Arosemena pueda presentar un mejor trabajo, a pesar de que la entidad cuenta con un ‘equipo de última generación donado por el gobierno de Japón y que anda como un verdadero Toyota destartalado’.

‘En efecto, se adquirió un equipo de última tecnología y se capacitó al personal designado para este trabajo’, destacó Flores. Pero Rivera considera esto como insuficiente para terminar con ‘mal endémico, un comportamiento codificado’ que solo se podrá romper cuando los profesionales que lo realicen estén debidamente capacitados y reciban mejores salarios.

Tratando de esclarecer el proceso inherente a la edición de un texto distinguido con el ‘Miró’, Facetas intentó programar una visita a la Editorial Mariano Arosemena. Más después de varios días de gestiones, llamadas telefónicas e intercambio de emails no fue posible concretarla.

POETAS INDIGNADOS

Medina Barahona tuvo que lidiar con las deficiencias de la editorial cuando en el 2009 obtuvo el primer lugar en el ‘Miró’ con Pasaba yo por los días. En ese entonces los diseñadores del INAC no fueron precisos al momento de establecer el ‘guillotinado’. ‘Hubo páginas en las que por poco y rebanaron alguna palabra cercana al margen exterior’, afirmó.

Flores asegura que en ‘la medida de las posibilidades se han subsanado los errores del pasado’, mientras que reitera ‘que se está trabajando arduamente en mejorar la calidad de los libros que salen de la Impresora de la Nación’.

En el 2012, el veterano poeta Manuel Orestes Nieto, le tocó experimentar uno de estos ‘errores’. Ese año obtuvo el ‘Miró’ por quinta vez, con El deslumbrante mar que nos hizo.

El ex subdirector del INAC reconoce que ‘ha sido tolerante con las publicaciones de mis libros y reconozco que dejé pasar por alto horrores y descuidos’. Pero nada lo había preparado para lo que viviría con la edición de El deslumbrante mar que nos hizo, obra que hace dos años resultó ganadora en la sección de poesía. ‘El libro no tiene diseño alguno... hay una escogencia inadecuada y discordante de los tipos de letras para las secciones e índice; a la disposición de los poemas les caracteriza un apretujamiento en sus versos porque no hay interlineado correcto; el acta del jurado en un extremo superior se sale prácticamente del libro, sin solapas los créditos se incluyen internamente casi como parte del volumen’, describe el vate en un carta enviada en agosto pasado a María Eugenia Herrera de Victoria, director del INAC, y en la que le comunicaba su decisión de no aceptar la edición de su poemario que la Editorial Mariano Arosemena le presentaría a él y al resto de los ganadores de la versión del 2012 del Premio Ricardo Miró.

PUBLICACIÓN EN EL LIMBO

Actualmente el libro de Orestes Nieto sigue sin publicar. De acuerdo con las bases del ‘Miró’ la obra continuará siendo propiedad del INAC hasta que se agote el primer tiraje de mil ejemplares.

‘La situación es ahora para mí sencilla, en su momento editaré la obra por mi cuenta’, afirmó. Será una forma de asegurarse que la publicación sea finalmente ‘un alarde de belleza y estética editorial’ y no el resultado de una decisión de ‘imprimir a tambor batiente’. Es un aspiración que comparte con la mayoría de los escritores en un país donde el apoyo editorial a los autores no abunda, en una sociedad de cinismo y de consumo dominada por cifras y distorsiones, que se muestra escéptica, cuando no hostil, frente a quienes ejercen el sacrificado oficio de las letras.