01 de Dic de 2022

Cultura

Entre errores y aciertos, hacia la igualdad

¿Cuánto falta para derribar la barrera de la inequidad de género?

El pasado jueves 5 de marzo se condenó a un ex-magistrado de la Corte Suprema de Justicia a cinco años de prisión efectiva. Y las jueces que estuvieron frente a él para juzgarlo y tomar la decisión fueron tres mujeres. El detalle no es menor, tomando en cuenta la corta vida republicana que tenemos y que aún en Panamá las mujeres deben transitar un camino complejo para poder cumplir sus sueños personales y sociales.

Tanto Ana Matilde Gómez, como Kathleen Levy y Zulay Rodríguez fueron quienes tomaron la batuta de la justicia para sentar un precedente de respeto al erario público.

Pero, ¿a cuánto estamos de la igualdad real?

Para la investigadora social, Lilian González Guevara de la Fundación Friedrich Ebert en Panamá, la clave está en realizar un análisis a nivel cultural para determinar por qué son las reproducciones familiares del sistema las que sostienen conceptos equívocos.

‘Estamos en el futuro, supuestamente esta sería una época de total avance y prosperidad, más es un país como Panamá que se apunta como las primeras economías de la región, estamos en una posición crítica, en déficit para alcanzar aquella igualdad entre hombres y mujeres. Si bien existe una precariedad laboral y social, para ambos géneros, pero si ponemos la lupa la situación de la mujer es más grave’, enfatiza González Guevara.

Y lo explica con un concepto que algunos prefieren evadir: la cuestión de clase. ‘Las diferencias se acentúan según las clases sociales. Si bien las mujeres de un nivel socio-económico más alto también padecen esta disparidad y discriminación de manera simbólica; son las mujeres de clase baja las que se ven más afectadas, en el sentido económico, laboral y político’.

Los datos no mienten, según el Instituto Nacional de Estadística de la Contraloría de Panamá, solo el 49% de las mujeres no están desocupadas. En contraste hay un 80% de la población masculina que está ocupado.

Para la investigadora existe una desigualdad verificable y debe ser un dato presente tanto para las autoridades pública y privadas, como para los movimientos sociales en Panamá.

Existen un 24% de mujeres a nivel urbano que no cuenta con ingresos propios. Esta situación de vulnerabilidad, es caldo de cultivo para diferentes formas de discriminación y violencia. Más allá de ayudas sociales, en la mayoría de los casos es la mujer la responsable del hogar.

En cambio, a nivel masculino existe un 5% de hombres sin ingresos propios. ‘La autonomía material, también incide sobre la autonomía de tu cuerpo, sobre el tema de reproducción y capacidad de movilidad. Y así se crea una dependencia tanto de los hombres, como del estado mismo’, explica la socióloga.

Por otro lado, desde su experiencia política y con temple para convivir en ambientes dominados por el sexo masculino, la ingeniera Balbina Herrera hace su aporte con respecto a la situación que viven las féminas en Panamá.

‘Antes era lucha por el voto, durante los años 20 y 70 existieron muchas organizaciones que trabajaban en conjunto con el estado para lograr el alcance de oportunidades entre hombres y mujeres. Hoy a esa búsqueda de oportunidades se les suman otras batallas: en contra de la violencia física, de género y la violencia estatal hacia las mujeres. Es cierto que las mujeres hemos llegados a altos estratos políticos, pero esto no quiere decir que esté todo hecho, sino que hay que avanzar y trabajar en los errores y aciertos: Es necesario que hayan más mujeres dentro de la vida política, ocupando puestos públicos de peso’, detalló Herrera, quien fue presidenta de la asamblea Legislativa, Alcaldel distrito de San Miguelito y candidata presidencial.

Y convencida, afirma, ‘las madres deben trabajar en la autoestima de las niñas y hacerles creer que ellas son importantes, hacerlas conscientes de que valen por ser mujeres y por lo que son internamente’.

Como mujer, la dirigente del Partido Revolucionario Democrático sostuvo varios altercados en los que fue criticada por hacerse respetar. ‘Es que si bien ese debería ser el espacio más democrático del país, también es el más machista’, apuntó.

En relación a esto González Guevara expresa: ‘vivimos en un país manejado por lo masculino. Este es un país gobernado por un 90% de hombres’.

Es muy complicado que el sistema político haga un relanzamiento de las relaciones de poder de hombres y mujeres, con la poca representación política que hay de mujeres dentro de los organismos estatales.

Para ambas mujeres la vida familiar, de la política y la laboral van de la mano; todo e stá relacionado. Es en el hogar donde se hacen las primeras divisiones del trabajo de forma sexista, reproduciendo un patriarcado que muchas veces es sostenido por mujeres que crían a sus hijos solas.

Las barreras hacia la igualdad están resquebrajadas pero no derribadas. ‘El juego es algo simbólico pero fundamental. En nuestros hogares al darle de regalo un camión a un niño y una licuadora o juego de té a una niña le estás ofreciendo simbólicamente salida a la vida pública al hombre y reservándole un lugar doméstico a la mujer. Este solo es un ejemplo, pero existen miles de hábitos machistas que reproducimos y que sostienen un sistema desigual; acorde con las leyes del mercado’, explica Lilian González Guevara.

Existe una resistencia cultural para romper con estereotipos.

LA LUCHA CONTRA EL MERCADO

La situación no es ajena en las zonas rurales, salvo que las mujeres del interior son menos permeables al bombardeo de publicidad que crea estereotipos físicos hacia la mujer. Y que establece patrones de belleza distantes de la región y relacionando este estereotipo con la libertad.

Raisa Banfield, quien forma parte del equipo del alcalde José Isabel Blandón da su opinión acerca de ese difícil camino hacia la equidad. ‘Se han hecho esfuerzos y existe mayor respeto entre hombres y mujeres; sin embargo aún queda un espacio vacío. Hace falta aterrizarlo más en la práctica, primero las mujeres en el respeto a nosotras mismas y al hombre; que en fin de cuenta es respeto a la dignidad humana’, explica Raisa Banfield.

Para Banfield es fundamental que la mujer se prepare, sobre todo por los niños y niñas que están creciendo para rescartarlos de sistema sociales nada equitativos. Y reafirma, ‘no se le puede exigir a un niño que sea abierto, si nosotros mismos los hemos criado dentro de patrones obsoletos’.

Su paso del activismo al trabajo estatal es gratificante. Sin embargo advierte que ‘aquí te das cuenta de que cuesta construir lo que uno exige como sociedad. Aquí se fusionan los talentos de género, esto es necesario en la gestión pública’.

Basándose en su experiencia como mujer profesional y madre, explica que las tareas cotidianas van construyendo un ser humano integral, tanto en hombres como en mujeres.

Y termina, ‘hay que hacerle entender esto a los chicos, repartiendo funciones en el hogar independientemente del género y respetando las cualidades de cada quien’.

Que este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer sirva para preguntarnos que hacemos como mujeres y hombres, para hacer esta sociedad más justa y sin femicidios, encaminados hacia la libertad económica, física y social.