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18 de Oct de 2019

Cultura

Panamá celebra la obra de Juan Rulfo

El panameño Enrique Jaramillo Levi estuvo a cargo de la ponencia sobre el célebre escritor mexicano

Enrique Jaramillo Levi (cen), junto al embajador de México José Ignacio Piña (izq) y el embajador de España', Ramon Santos (der).

Durante el mes de mayo, México rindió tributo a uno de sus grandes escritores, Juan Rulfo, de quien el 16 de mayo se celebraron los cien años de su natalicio.

Panamá no ha dejado escapar la oportunidad de ahondar en la pequeña, pero contundente obra del autor mexicano, con la conferencia ‘Recordando a Juan Rulfo en el centenario de su nacimiento', organizada por las Embajada de México y España junto al Centro Cultural de España en Panamá – Casa del Soldado.

Correspondió al escritor panameño Enrique Jaramillo Levi hablar sobre Rulfo, a quien conoció personalmente.

‘Lo traté durante 11 meses todos los miércoles de 1971 como becario internacional del Centro Mexicano de Escritores, ubicado en la Colonia del Valle, ya que junto con el escritor Salvador Elizondo y don Francisco Monterde (Presidente de la Academia Mexicana de la Lengua en esa época), era asesor de dicha entidad, hoy desaparecida', dijo Jaramillo ‘con satisfacción y orgullo'.

PREMIOS

La obra de Juan Rulfo fue reconocida con

Premio Xavier Villaurrutia, México, 1957

Premio Nacional de Literatura, México, 1970

Premio Príncipe de Asturias de las Letras, España, 1983

‘El mismo Rulfo había sido becario en ese sitio 15 años antes, durante dos años consecutivos, y ahí escribió una parte de sus cuentos y terminó de escribir su célebre novela única', añadió.

Rulfo dejó su huella en la literatura latinoamericana con solo dos obras: el libro de cuentos El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955).

Recordó Jaramillo que en ese taller literario en que participaba una vez a la semana Rulfo y él nunca hablaron más de cuarenta palabras seguidas: ‘su personalidad introspectiva y poco sociable no lo permitía'.

‘Hablaba cuando tenía que hacerlo, y sus comentarios críticos a las obras en ciernes que íbamos escribiendo y leyendo los becarios, era para ello el ambiente más propicio'.

‘Sin embargo, siempre he reconocido que bajo su acuciosa tutela crítica, y la de Elizondo, perfeccioné al máximo el rigor de mi escritura, comprendí cómo la forma es en literatura tan importante como el contenido pero nunca, nunca debe ‘comerse la historia' –expresión ésta de Rulfo-; y así fui entendiendo de manera profunda y permanente lo que en realidad significa ser escritor, sus responsabilidades, su posible trascendencia si lo que se escribe le habla con autenticidad al alma humana', continuó el escritor panameño que por aquel entonces estaba dándoles forma a su obra Duplicaciones .

Para el mundo

El aspecto internacional de la fama de Rulfo, indicó Jaramillo, se había iniciado cuando Mariana Frenk-Westheim, recién salida a la luz Pedro Páramo en México, no duda en traducirla al alemán y logra que la editorial Verlag la publique en 1958 en su país; y un año más tarde lo haría con gran éxito en francés Gallimard y en inglés Grove Press.

‘Es famosa la anécdota, muchas veces contada, en que cuando Gabriel García Márquez llega a vivir a México con su familia en junio de 1961, le pregunta a su amigo y compatriota colombiano el escritor Álvaro Mutis, quien ya residía en ese país, qué obras mexicanas debía leer; entonces éste busca y le entrega las dos de Rulfo y le dice a Gabo: ‘Léase esta vaina, y no joda. Para que aprenda cómo se escribe, carajo', relató Jaramillo.

Añadió que es así que la novela de Rulfo acabó abriéndole caminos insospechados a la escritura de Cien años de soledad , según ha confesado sin pudor alguno su autor. Y cómo olvidar que Jorge Luis Borges, alguna vez consignó sin empacho que ‘Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura'.

Y luego de la fama, que no dejaba de crecer, el hombre en vez de crecerse se apocó, afirmó ‘el panameño' Jaramillo, pues así lo llamaba Rulfo en el taller.

‘Después del éxito mundial de crítica y de ventas de El llano en llamas y de Pedro Páramo Rulfo siguió escribiendo, pero acababa siempre por destruir lo que creaba, temiendo no estar a la altura de sí mismo. Fueron 30 años de silencio, hasta su muerte en 1986', aseguró.

Supo crear un estilo propio, diferente, parco y a la vez poético. Y logró también reflejar la idiosincrasia del mexicano del campo (de algunos pueblos de Jalisco), su habla lacónica, sus traumas y sus temores, sus instintos y sus ilusiones, su innato sentido de fatalidad, su desesperanza fatal.

Juan Rulfo ‘supo callar cuando entendió que había dicho todo lo que tenía que decir', concluyó Jaramillo Levi.