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18 de Oct de 2019

Cultura

Deseos

Mucha, mucha gente desea que algunos pateemos el balde, lo verbalicen o no

‘Queridos Santa Claus/Papá Noël/Reyes Magos/Niño Dios: mi cantante preferida era Aretha Franklin, y Dios se la llevó. Mi dibujante de cómics favorito era Stan Lee, y se lo llevó. Mi científico favorito era Stephen Hawking, y también se lo llevó. Solo escribo esta carta para deciros que mi presidente favorito es... Fulanito'.

Un meme medio tonto que se difunde como la pólvora por chats y redes sociales. A todos nos ha llegado con distintos muertos y distintos vivos ‘preferidos'. Entonces le llega a alguien que tiene la piel delicada y lo que era gracioso dedicado al otro, escuece y hace pupa cuando te lo aplican a ti. Porque vamos a ver, tú eres tú, joder, que eres lo mejor que le ha pasado a la bolita del mundo amén. ¿¡Cómo que alguien va a querer que desaparezcas de la faz de la tierra!?

Hay personas más egocéntricas que otras, eso sí es cierto, pero cuando un payaso de ese jaez llega a un puesto de poder, su soberbia crece exponencialmente. Eso sin contar con la corte de manzanillos que abanican sin cesar la vejiga inflada que sube y sube al llenarse de jactancia y altivez. El poder emborracha, queridos míos, y el poder mantenido y repetido te aisla en una jaula dorada en la que llegas a creerte que todo lo que haces es fantabuloso.

Después de varios años en los que tus pies no tocaron el suelo te crees que eres dueño hasta de los locales de copas y que tus retoños, que como es obvio participan de tu ensoberbecida vanidad, pueden decidir quién es digno de estar a su vera. Dependiendo del jaez de cada quien pueden pasar un par de meses o un par de años, pero cuando el ungido con cargo político y canonjías ad hoc termina de contagiarse con el veneno fatuo, se convierte en un divo altanero y arrogante. Sin contacto con la realidad y creyendo que el resto de la humanidad orbita alrededor de su culo. Oliendo sus ventosidades como olíbano exquisito.

Y miren, no. Es curioso, pero resulta que, a muchos de los simples mortales no nos gusta la forma que tienen unos u otros de hacer las cosas, porque somos de derechas, o de izquierdas, o de centro. O apolíticos. O porque somos honrados, miren ustedes cosa más rara. También tenemos derecho a pensar que son ustedes unos bultos, y tenemos derecho a decírselo a la cara.

Y no, desearle la muerte a alguien no está en el código penal. Desear fervientemente que un rayo les parta por la mitad o que una cagalera explosiva se los lleve por la pata abajo no es un delito. Otra cosa es amenazar de muerte. Eso ya es otra cosa y se escribe diferente. Pero rogarle a un dios, a un rayo o a una figura mitológica para que se lleve por delante a alguno de los que no hacen más que enredarnos la vida a todos, eso no es delito.

No se echen ustedes las manos a la cabeza, mucha, mucha gente desea que algunos pateemos el balde, lo verbalicen o no. No dudo lo más mínimo de que hay unos cuantos que lo piensan de mí cada domingo cuando abren el diario. Lo que debe ser muy duro de masticar es pasar tanto tiempo creyendo que son adorados y despertarse un día más solos que la una, abandonados hasta por las ratas que se pasaron años lamiéndoles los espacios entre los deditos de los pies, y con la certeza de que mucha gente los odia lo suficiente como para alegrarse de su muerte. Pobres.

COLUMNISTA