La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Mitad y mitad

No hay, en la amistad, distingos. Y si los hay, no es amistad

Me acuerdo de un chiste muy viejo y medio pendejo que contaban y que decía que dos charros mejicanos se encontraban y uno le decía al otro que en su pueblo todos eran machos, muy machos remachos, a lo que el otro respondía que en el suyo la mitad eran machos y la otra mitad eran hembras y que no viera lo bien que se lo pasaban. Sí, vale. Ya he dicho que era medio idiota. Pero era gracioso. Y cuando lo escuché por primera vez no recuerdo haber pensado, en ningún momento en que la mitad femenina de la población del pueblo del segundo charro estuviese oprimida, sino que, claro estaba, ambos grupos disfrutaban de su mutua compañía.

Años después, muchos (no pienso decir cuantos han pasado) me precio de tener un grupo de amigas incondicionales, ellas tejen, arropan, cuidan, restañan y azuzan. Con ellas, con todas y cada una de vosotras, y sabéis perfectamente quienes sois, tejo mi tapiz.

Pero ese tapiz no tiene colores suficientes, estaría incompleto sin mis machos, que son muchos. Y sin ellos no sería yo quien soy. El tejido requiere trama y urdimbre.

Acaba de pasar el día de la Mujer. Y no me parece mal, pero juntos nos quiero, no de nadie, ni nuestros siquiera. Sino del otro, del compañero, de la amiga, del confidente y del apoyo.

No hay, en la amistad, distingos. Y si los hay, no es amistad. No me impongas tus creencias, no me impongas tu sexo, ni me exijas mi regla o mi vello. Me importa más bien poco con quien te acuestas o con qué te excitas. Me gusta la libertad, y el libertinaje también. Siempre que los libertinos respeten los límites. No me amenaces con la condenación eterna, no me asusta, me gusta el Infierno porque allí estamos todos aquellos que elegimos el libre albedrío como consigna áurea de vida.

Y sí, me gustan los hombres. Como amigos, como amantes, como hijos, compañeros, socios y antagonistas.

Nunca estaré del lado equivocado de la balanza, nunca falsearé la pluma de Maat solo porque el corazón fue femenino. Y desde luego, nunca atacaré a quien es bueno solo porque es hombre.

Anteayer fue el Día internacional de la mujer, y no, compañeras, no quiero pertenecer a la mitad equivocada de la población, libres nos quiero, pero libres también de las cadenas de ser de determinada manera, libres de ser monjas, o putas, libres de parir, o de abortar, o de amar a quién y cómo queramos. Libres nos quiero. Libres de consignas. Libres de marcos conceptuales. Libres de ser de determinada manera, o no ser. Libres de amar, de no hacerlo o de hacerlo a medias.

No acepto que me impongáis la creencia de que la sociedad cría sumisas porque no lo soy, y porque conozco a muchas que no lo son. No acepto que me impongáis que la sociedad cría a todos los hombres malos porque no es verdad y porque todos los que me rodean no lo son. Ataquemos juntos a los malos, y dejadme vivir como a mí me dé la puta gana rodeada de los buenos. De todos, de ellos y ellas. Y bueno, de elles también, sean quienes sean.

No soporto las imposiciones. Ni vuestras, con aquellas con las que comparto el genoma doble equis, ni de nadie. Y me cabrea sobremanera que me traten de convencer de que debo apoyar a una mitad de la vida solo porque son muy hembras, si sé que cuando somos la mitad machos y la mitad hembras nos lo pasamos mucho mejor.