La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

Cultura

Mujer o policía

No puedes enarbolar la bandera de la igualdad y al primer revés gritar pidiendo machín por ser niña

Empecé este aullido pensando en las mujeres, ya que dicen que este mes es el mes de la mujer. Dicen. Aunque, como yo ya he dejado dicho en estos aullidos muchas veces, a mí que me feliciten (o me conmemoren) por haber nacido con un pinche gen diferente a otros que nacen con otro gen distinto pues como que me da bastante igual.

Pero este mes tenemos mujeres y derechos y reivindicaciones y protestas y color morado y hermana unidas jamás serán vencidas y blá blá blá hasta el hartazgo. Que no voy a decir yo aquí que la lucha no sea justa, en ciertos casos o en ciertos países, (que precisamente suelen ser aquellos en los que no se permiten estas luchas, pero valga el intento), lo que digo es que este mes todas y todos se unen poniéndose el sombrero del feminismo. Incluso las diputadas y las candidatas políticas, desde luego, exigen plena igualdad de derechos. Ahí está el punto de la ruptura de mis huevos (si, señores, que sí, que las mujeres somos las únicas que, en puridad tenemos huevos), y es que, que después de llenarse la boca con la igualdad, una atorrante salga lloriqueando en un video alegando que la atacan por ser mujer me parece, ya no irrisorio, sino grotesco.

Yo me puse a ver ese grabación que ronda por las redes sociales y sólo podía pensar: ‘No tienes dignidad, nena, pero es que, además, tampoco tienes amor propio ni sentido de la vergüenza'. Entonces me puse a escribir esta columna para decirle que la educación podría paliar todas estas faltas, aunque no creo que tenga suficiente cerebro ni siquiera para darse cuenta de las falencias que la aquejan. De cualquier modo, estaba terminando de escribir cuando me ha llegado otro video: un taxista pegando a un oficial de tránsito.

Ahí sí que me cortocircuité. Vamos a ver, ¿estamos todos locos o qué? ¿En serio estamos llegando tan pronto a ese momento histórico?

Pero lo que más me asombra no es que haya gente que defienda al cenutrio que ataca, que ya sabemos que gilipollas hay en muchos sitios, y en mi casa a calderadas, sino que haya gente que diga que el agredido debería haberse defendido y que el agresor debe ir preso; ya saben, esos discursos vacuos, manoteando mucho con las pulseras de oro sonando. Y a esos mismos los recuerdo en el caso del médico que le pegó al policía en un retén, ¿se acuerdan?, (¡Ah, la maldición de mi memoria para ciertas cosas!), defendiendo al papanatas que soltó la mano.

Y entonces, reflexionando, me doy cuenta de que lo que de verdad me molesta del ser humano no es la estulticia, la deshonestidad y la agresividad, aunque esas cosas me crispan y me estomagan, sino que es la incongruencia y la falta de coherencia de sus convicciones lo que me hace rechazar de plano a alguien.

No puedes enarbolar la bandera de la igualdad y al primer revés gritar pidiendo machín por ser niña. No puedes exigir pidiendo un estado donde la legalidad se respete y los representantes de la misma se comporten como deben, si luego aplaudes como una foca el que arrastren por el suelo a uno de ellos.

No podemos llegar a vivir en el país en el que exigimos vivir si no somos capaces de comportarnos como los ciudadanos de esa utopía, siempre y en todo lugar. Pero estamos lejísimos de ello. Aún vivimos en un circo donde exigimos que el director sea serio mientras todos nos portamos como payasos enloquecidos, y así los leones terminarán por devorarnos.

COLUMNISTA