La polémica tras el Nobel de Literatura

Actualizado
  • 13/10/2019 00:00
Creado
  • 13/10/2019 00:00
El anuncio del austríaco Peter Handke como ganador del más alto galardón internacional de las letras ha vuelto a despertar airados comentarios sobre el escritor, ferviente admirador de Slobodan Milosevic, 'el carnicero de los balcanes'
Peter Handke

El austríaco Peter Handke, (Griffen, 1942), ganador del premio Nobel de Literatura 2019, es uno de los escritores en lengua alemana más originales y exitosos de la segunda mitad del siglo XX y, sin duda, el más polémico por su postura proserbia en las guerras de los Balcanes en los años 1990.

Handke, nacido en la región austríaca de Carintia de una madre de la minoría eslovena y un padre alemán, estudió derecho en la ciudad de Graz, aunque pronto se consagró en exclusiva a una vocación literaria que le ha llevado a escribir teatro, poesía, relato, novela, guión, ensayo y libros de viaje.

El polifacético escritor, que sigue cultivando su clásico aspecto de dandy, con el pelo largo peinado hacia atrás, bigote, perilla y gafas, vive desde hace más de 25 años en las afueras de París.

Caminante infatigable y amante del silencio, ha viajado en numerosas ocasiones por España y en sus obras aparecen referencias a esas experiencias y a la literatura española.

Desde sus primeros escritos su obra giró alrededor de la fragilidad del lenguaje, la dificultad de la comunicación humana, el sentido de la existencia, la soledad y el desarraigo.

Conocido en sus inicios por su irreverencia y su espíritu provocador, la primera obra como dramaturgo con la que consiguió reconocimiento fue Publikumsbeschimpfung (“Insultos al público”, 1966), en la que cuatro actores analizan la naturaleza del teatro y se dedican a insultar al público y a elogiar su propia actuación.

La obra fue un escándalo y expuso el afán vanguardista de Handke, que exploró esa faceta en otras piezas, sin trama convencional, sin personajes lineales o sin separación entre actores y público.

Entre sus primeras obras como dramaturgo destaca también Kaspar (1968), que presenta el caso de Kaspar Hauser, un adolescente del siglo XIX que creció totalmente aislado y al que la sociedad destruye al imponerle su lenguaje y sus valores racionales.

Su consagración llegó con su novela más conocida: El miedo del portero ante el penalti (1970), de tono existencialista, en la que se relata la historia del antiguo guardameta Josef Bloch, después de ser despedido de su trabajo como mecánico.

La novela fue llevada al cine por su amigo el director alemán Wim Wenders, con quien ha realizado seis proyectos, como el guion de Wings of Desire (1987).La última colaboración ha sido Les beaux jours d'Aranjuez (2016), basada en una obra teatral homónima y con título sacado del Don Carlos de Friedrich Schiller.

En otro de sus grandes títulos, Desgracia impeorable (1972), Handke recrea la vida y el suicidio de su madre, a los 51 años, con un lenguaje austero en el que es considerado el mejor texto para introducirse en el universo del autor.

Otras novelas destacadas son Carta breve para un largo adiós (1972), La mujer zurda (1976), El chino del dolor (1983), La tarde de un escritor (1987) o El año que pasé en la bahía de nadie (1994).

Al igual que otros grandes escritores austríacos, como Thomas Bernhard o la Nobel Elfriede Jelinek, Handke ha tenido una relación tortuosa con su país, que abandonó a finales de los 80 para vivir en Francia.

La polémica marcó la vida de Handke a partir de la publicación de Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Sava, Morava y Drina, o justicia para Serbia en 1996.

Los críticos han considerado esa obra como un panfleto proserbio y algunos sostienen que llega a poner en cuestión el genocidio de Srebrenica, en el que en 1995 fueron asesinados unos 8,000 varones musulmanes por las fuerzas serbobosnias.

Handke ha negado que cuestionara o minimizara esa matanza y ha asegurado que solo se limitó a criticar que se hubiera demonizado a los serbios y se les achacase todos los males de la guerra.

Algunos intelectuales, como Jelinek y Wenders, han defendido a Handke y criticado lo que consideraron una campaña de difamación por pensar a contracorriente.

La polémica creció años después con su defensa del autoritario presidente serbio Slobodan Milosevic, a quien incluso visitó en su cárcel de La Haya en 2004 cuando era juzgado como criminal de guerra y en cuyo entierro tomó la palabra en 2006.

En un ensayo publicado en una revista literaria en 2005, titulado “Las Tablas de Daimiel”, negó la legitimidad del Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia para juzgar a Milosevic y reiteró que los serbios son las auténticas víctimas de la guerra y de los bombardeos de la OTAN en 1999. Handke aseguró que la Alianza pretendía crear “un nuevo Auschwitz”, en referencia al Holocausto desarrollado por la Alemania nazi. Handke después se disculpó por usar esa expresión.

Estas expresiones hicieron que perdiera muchas simpatías y en 2006 la concesión del Premio Heine, dotado con cincuenta mil euros, desencadenó una enorme polémica en Alemania.

Handke renunció finalmente al premio y en 2014 también rehusó la dotación económica del Premio Internacional Ibsen tras la polémica que causó en Noruega su elección. 

La decisión del comité del premio Nobel también ha desatado la polémica sobre el escritor austríaco y la posición proserbia de Handke ha reabierto viejas heridas en los Balcanes occidentales, un territorio todavía traumatizado por las consecuencias de las guerras de desintegración de la antigua Yugoslavia.

La principal asociación de víctimas del genocidio en la ciudad bosnia de Srebrenica en 1995 anunció el viernes que pedirá la retirada del Nobel de Literatura a Peter Handke, al acusarle de defender a responsables de crímenes de guerra.

Munira Subasic, presidenta de la asociación “Madres de Srebrenica”, declaró al portal bosnio Klix que la petición será cursada al Comité Nobel.

“El hombre que defendía a los carniceros balcánicos no puede obtener ese premio” declaró Subasic."

Estamos muy afectados como víctimas. ¿Cómo puede obtener el premio Nobel alguien que defiende a los criminales y, sobre todo, a quienes cometieron el genocidio?”, dijo.

Sefik Dzaferovic, miembro musulmán de la Presidencia tripartita bosnia, también consideró una vergüenza premiar a Handke, al que calificó de un admirador del autoritario expresidente serbio Slobodan Milosevic (1941-2006).

“Es vergonzoso que el Comité Nobel pase por alto el hecho de que Handke justificase y defendiese a Slobodan Milosevic y sus ejecutores Radovan Karadzic y Ratko Mladic, quienes fueron condenados por los crímenes de guerra más graves, incluido el genocidio”, dijo Dzaferovic.

También el presidente de Kosovo, Hashim Thaci, ha criticado la concesión del premio a Handke.

“El genocidio en Bosnia-Herzegovina tuvo un autor. Handke optó por apoyar y defender a esos autores. La decisión acerca del Premio Nobel ha traído inmensa pena a las innumerables víctimas”, escribió Thaci en Twitter.

El primer ministro de Albania, Edi Rama, escribió en la misma red social: “Nunca pensé que sentiría ganas de vomitar por un premio Nobel, pero la desvergüenza se está convirtiendo en parte normal del mundo en el que vivimos”. “¡NO, no podemos ser tan insensibles con el racismo y el genocidio!”, agregó el jefe de Gobierno.

Numerosos intelectuales de Bosnia, Kosovo y Albania han criticado la decisión calificando a Handke de apologeta y negacionista de los crímenes cometidos en nombre del nacionalismo serbio.

En la plataforma de peticiones en internet Change.org se han recabado ya unas 12,000 firmas para exigir la retirada del Nobel a Handke por ser admirador de Milosevic, el “carnicero de los Balcanes”.

En Serbia, donde Handke es ampliamente reconocido y galardonado, el premio ha sido recibido con alegría.

El ministro de Cultura, Vladan Vukosavljevic, destacó que el escritor estuvo con “el pueblo serbio” en sus momentos más difíciles.

El cineasta serbio Emir Kusturica también celebró el premio y dijo que la “lucha política (de Handke) ha sido la continuación de su literatura”.

El escritor Robert Menasse, defendió el derecho a la disidencia de Handke y criticaron como censura los intentos de acallarlo.

Para otros, como la fallecida escritora estadounidense Susan Sontag, que estuvo en Sarajevo durante el asedio serbobosnio, o el italiano Claudio Magris, la posición de Handke minimizaba el ultranacionalismo serbio y sus acciones agresivas.

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