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06 de Feb de 2023

Cultura

Ana García Bergua: 'A los políticos habría que encerrarlos en una biblioteca'

La escritora mexicana presenta en Panamá su última obra, 'Leer en los aviones', una colección de relatos breves. Conversa sobre literatura y recomienda libros a los líderes de las naciones

Ana García Bergua: 'A los políticos habría que encerrarlos en una biblioteca'
Ana García Bergua: 'A los políticos habría que encerrarlos en una biblioteca'

La escritora Ana García Bergua (ciudad de México, 1960) es una de las plumas más brillantes del panorama narrativo latinoamericano. Su vocación literaria nace “del gusto por el oficio más que nada y de las ganas de compartir ciertos hallazgos o ciertas visiones, como una necesidad de comunicación con los demás”. Tal vez sea por eso que en su última obra, Leer en los aviones, lanza un anzuelo cuando arrancas a leer sus relatos y uno queda completamente enganchado: resulta muy seductora narrativamente por su crudeza especial, por su reflexión, por su humor, por su sensibilidad. García Bergua sabe, además, que las historias leídas en el aire se disfrutan más.

La mexicana llega a Panamá para participar en dos encuentros culturales. El primero, la presentación de su último libro en la Embajada de México, salón Carlos Fuentes, a las 7:00 p.m., mañana martes. La segunda, una charla sobre 'escritoras del cuento mexicano' el miércoles, a las 7:00 p.m., también en la embajada.

¿Qué tiene el cuento que no tiene la novela?

Lo intenso en lo breve. En la narrativa, solo el cuento puede alcanzar el brillo y la profundidad compleja de la poesía.

Ana García Bergua: 'A los políticos habría que encerrarlos en una biblioteca'
Ana García Bergua: 'A los políticos habría que encerrarlos en una biblioteca'

Leí en una entrevista que su nueva obra, que reúne 18 relatos, fue escrita durante un largo tiempo, que se inició aproximadamente en 2017..., antes del encierro pandémico. Pero, ¿cómo afectó la pandemia su faceta como escritora?

La pandemia me obligó a reflexionar y también me impulsó a escapar. Reflexioné mucho sobre lo que les estaba ocurriendo a nuestros cuerpos amenazados por la enfermedad, confinados, en una serie de artículos que publiqué en Literal Latin American Voices y mi columna de “Laberinto”. También escapé hacia otros mundos y otras épocas gracias a la literatura, tanto en los cuentos de Leer en los aviones, como en una novela que escribí a cuatro manos con Alfredo Núñez Lanza, llamada Waikikí, que apenas ha salido ahora.

Usted ha sido ganadora del premio Sor Juana Inés de la Cruz por la novela La bomba de San José, en la FIL de Guadalajara 2013, entre otros reconocimientos, ¿siente una responsabilidad como de estar abriendo puertas a otras escritoras mujeres?

Me gusta leer a autoras más jóvenes que yo y escribir sobre la obra de aquellas que me parecen interesantes, y por supuesto compartir textos e intereses, o que participen en los talleres que doy. Desde luego, el medio literario está mucho más abierto a las escritoras en esta época que cuando yo comencé a escribir, lo cual me parece magnífico.

¿En qué medida la situación de México, su país natal, marcado por la violencia, el feminicidio y el miedo ha intervenido en su mirada como escritora?

En Leer en los aviones hay algunos relatos en los que retrato la violencia como esa amenaza sorda que está siempre ahí, aunque no la abordo directamente; la violencia directa nunca ha sido mi tema y me parece artificial forzarme a escribir sobre ella, pero aun así se cuela este ambiente gris y opresivo en el que cualquier cosa puede suceder, especialmente a las mujeres.

Hablando de su oficio, ¿qué es la escritura para Ana García Bergua?

Eso que dices muy bien: un oficio, una herramienta y también el terreno donde juego mi libertad en muchos sentidos, ese soltar la imaginación y dar pie a toda clase de posibilidades vitales, incluso las más absurdas o las más perversas.

¿Su vocación literaria nace del compromiso social?

Nace del gusto por el oficio más que nada y las ganas de compartir ciertos hallazgos o ciertas visiones, como una necesidad de comunicación con los demás; no creo en el compromiso en este terreno, no creo que la literatura pueda ayudar a acabar con la pobreza ni cosas así, eso me parece una impostura. Ayuda a pensar, eso sí, y ya es mucho.

En su primer relato, “Crimen y castigo”, ensalza el poder de la lectura y la magia de los aviones para perderse en un libro... pero ¿de qué nos salva la lectura?

Del mundo estrecho e inmediato, de la falta de horizontes, del desconocimiento de los otros y la propia interioridad, de la tontería y lo simple. Básicamente.

¿Cuál es el enemigo de la literatura?

La ausencia de sentido del humor, la prisa, la falta de curiosidad y de lecturas que dan pie al lugar común, y la cursilería.

¿De dónde provienen las voces de las protagonistas de sus 18 cuentos?

Es una especie de elenco que me va pidiendo aparecer en las historias, te juro que no lo tengo muy claro. A veces son personas que pude haber conocido, a veces simplemente estos seres que podrían ser reales, como los mudanceros de “Mudanzas Rodríguez” o la pareja que va por la carretera o en un tren, y de repente se da cuenta de que no se conoce.

El movimiento es un elemento clave en su obra, ¿qué opinión le merecen los movimientos migratorios de los últimos tiempos?

Mi familia viene del exilio español por la Guerra Civil de 1936; muchas historias que escuché durante mi infancia tenían que ver con huidas y traslados en los que la gente a duras penas sobrevivía; mi propio nacimiento me ha parecido siempre como algo absolutamente aleatorio. De alguna manera las migraciones siempre han existido y son parte de nuestra condición por los desastres naturales, las guerras, las dictaduras; lo que pasa es que ahora son mucho más generalizadas, multitudinarias y, por supuesto, trágicas. Justamente por eso es que en Leer en los aviones no abordo ni migraciones ni exilios, para mí son todo un tema que aún está pendiente.

Dice en su obra: “Los pasajeros habían cambiado el paisaje por las pantallas de sus teléfonos”, ¿qué tanto daño nos ha hecho la era digital?, ¿qué tanto ignoramos?

No lo sé; para muchas personas que no tienen oportunidad de viajar, las pantallas de los celulares son sus ventanas justamente. La era digital nos ha encerrado en nosotros mismos, pero nos relacionamos mucho con muchas personas en otros lugares y poco con quienes tenemos al lado. Lo digital ha cambiado totalmente nuestra percepción de las cosas, incluso nuestra conducta y nuestro cuerpo. Y ha puesto a nuestro alcance una cantidad de información con la que antes ni soñábamos y es muy importante aprovechar. No creo que quepa lamentarse porque es un cambio irreversible; quizás el mismo miedo sintieron nuestros antepasados con el teléfono, la luz eléctrica, los autos, los aviones. Fueron cambios radicales en su manera de vivir que trajeron cosas positivas, y otras no tanto. El desafío está en utilizar los medios digitales para cosas positivas, como atenuar los efectos del cambio climático, abrir espacios de democracia, etc. Va a estar difícil, eso sí.

En “Ladridos”, Roberta y Atila viven una odisea en su vuelo con destino al reencuentro familiar, que al final se desvanece... ¿cuánto desencanto y sueños rotos vive América Latina?

Bueno, pero Roberta tiene un secreto... Mucho desencanto y muchos sueños rotos, desde luego. Y un gran sueño es siempre migrar al norte, con los riesgos y las dificultades que conlleva.

Tres preguntas para finalizar...

¿Por qué leer en los aviones y no en un tren o en un metro?

Fue por una epifanía que tuve, justamente leyendo en un avión: me fascinó la idea de estar suspendida en el aire leyendo, y me di cuenta de que la lectura tenía que ver con ese estado de suspensión perfecta en la página.

Un viaje supone un destino. ¿cuál es el ideal para Ana García Bergua?

En términos de viaje, no tengo un destino ideal; en realidad me da mucha curiosidad conocer los lugares a donde los libros me llevan, como ahora Panamá, y siempre lo agradezco.

¿Qué libros les sugeriría a los políticos para que reflexionen, durante un viaje, en estos tiempos cuando la embarran tanto?

Habría que encerrarlos en una biblioteca para que no salgan a seguir embarrando, como dices. Por desgracia, la lectura no siempre mejora a los seres humanos. En todo caso les pediría que leyeran a Kafka, para que entendieran hasta dónde puede llegar el absurdo de este mundo, y así se abstuvieran de propagarlo.