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20 de Oct de 2020

Planeta

Buscan cura a la fiebre de la Tierra

El calentamiento global amenaza el planeta. Al derretir el hielo polar y glacial, el calentamiento hace subir a los mares. Si sigue al r...

El calentamiento global amenaza el planeta. Al derretir el hielo polar y glacial, el calentamiento hace subir a los mares. Si sigue al ritmo actual, grandes sectores de la tierra quedarán inundados al fin del siglo, y habrá cambios climáticos desastrosos.

La causa del calentamiento global es el incremento del carbón en el atmósfera, que atrapa el calor del sol cuando radia de la tierra. El incremento viene del uso de combustibles fósiles y, a un grado menor, la deforestación. Las plantas, sobre todo los árboles, chupan carbón.

Los remedios del calentamiento global que se han sugeridos hasta ahora incluyen reducir el uso del petróleo y otros combustibles fósiles, augmentar el uso de la llamada “energía verde” que proviene de las plantas hidroeléctricas y nucleares y los turbinas de viento, e incentivar la protección de los bosques por un régimen de lo que se llaman “créditos de carbón”. Bajo tal régimen, una fábrica de acero en, digamos, la China tendría que comprar créditos de carbón del dueño de un bosque en, digamos, Brasil, para balancear el dióxido de carbón emitido por sus hornos. Nadie puede asegurar ahora mismo que estos remedios serán suficientes.

En junio de este año, sin embargo, en Bahía Honda, Provincia de Veraguas, el Dr. Joe Wright, botánico del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, con un colega panameño José Deago, plantarán unas semillas seleccionadas en 12 hectáreas de tierra deforestada prestadas por el señor Daniel Wolf. Se trata de un experimento científico que podrá dar esperanza de una solución parcial del problema del calentamiento global.

“Los bosques tropicales,” explica el Dr. Wright, “son las entidades que más saquen carbón del atmósfera, transformándolo en madera. Toman 200 años en madurarse, y un 50% de su masa de madera está ubicado en 3% de los árboles.”

El Dr. Wright sabe de qué habla. Ha pasado los últimos 26 años en estudiar un bosque maduro en la isla de Barro Colorado en el Lago Gatún. No ha podido seguir a un árbol individual desde la semilla a la madurez. Esto tomaría tres o cuatro vidas humanas. A pesar de ello es uno de los científicos más experimentados en como los bosques funcionan.

“Mi idea”, continúa el Dr. Wright, “es de seleccionar especies de árbol según ciertas normas, como tamaño, densidad, rapidez de crecimiento, y baja tasa de mortalidad, y sembrarlos directamente en el rastrojo, tierra desforestada y abandonada que no sirve ni para cultivar, ni como pasto. Si mi teoría está correcta, en los primeros años habrá un bosque que secuestra dos o tres veces más carbón que el rastrojo. Al madurarse, secuestrará 50% más que un bosque maduro natural. Es decir que la masa de carbón secuestrada será de significado global.

“Ya que vienen los créditos de carbón, si logramos mantener los costos bajos, y si incluimos árboles de madera valiosa, sembrar la clase de bosque que contemplo sería rentable como negocio. Es decir que si los créditos están en 20 dólares la tonelada métrica de carbón, y si el dueño del bosque invierta los pagos, una hectárea rendiría 225 dólares anualmente. Esto es bastante mejor que ganado, y hay grandes extensiones de rastrojo por todo el trópico.”

“¿Quién más en el mundo tiene ideas parecidas?”, pregunté al Dr. Wright.

“De que sepa, nadie.”

“¿Cuánto tiempo tomará probar su teoría?”

“En cinco años debo saber.”

“¿Crees tú que resultará?”

“Veremos”, dijo el Dr. Wright con una sonrisa. “En la ciencia, es el experimento que decida.” Si resulta, sería un acontecimiento istmeño al tamaño del descubrimiento del Océano Pacífico y la construcción del Canal. Quizás más grande de los tres.