La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Economía

Aprendiendo a hablar chino

Es hora de prepararnos para exportar nuestros productos y entender que en el mundo se habla ahora el idioma chino.

En el núcleo de la geopolítica mundial siempre ha existido la presunción de que el liderazgo global se expresa y ejerce mejor en inglés. Más arrogantes que los británicos, los estadounidenses han sido quienes abiertamente han ventilado esa noción de omnipotencia de su país. Entre ambos han difundido esa idea de que Westminster es la madre de los parlamentos y que la Casa Blanca es donde reside el gobierno ejemplar para el mundo, con valores que todos deben seguir.

La OTAN, el FMI y el Banco Mundial surgieron de la Carta del Atlántico, firmada por Franklin Roosevelt y Winston Churchill en agosto de 1941. El sistema de libre comercio que floreció después de la guerra con frecuencia se conoce como el modelo anglosajón. La diplomacia y el comercio del mundo global fueron construidos en gran medida en inglés. Pero en las últimas semanas, y sobre todo en los últimos días, este orden anglosajón se ha visto cada vez más débil y tambaleante. Ni los estadounidenses ni los británicos pueden alardear de gobiernos estables, mucho menos mostrarse ejemplares al mundo. En la reciente cumbre del G7, celebrada en Sicilia, Donald Trump se mostró aislado, y tras regresar a Washington anunció el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, una decisión de masiva importancia planetaria y geopolítica.

Una decisión que aprovechó el primer ministro chino, Li Keqiang, para reunirse en Bruselas con las autoridades de la Comisión Europea y afirmar que China está decidida a tomar medidas concretas para hacer efectivo el Acuerdo de París. Con esa estocada, China no sólo llena el vacío de los estadounidenses sino que demuestra una solidaridad inusual con las generaciones futuras y su responsabilidad ante el planeta. Y aunque China es el primer contaminador del mundo, también es el principal inversor en energías renovables con más de $100 mil millones.

El retiro de Estados Unidos no sólo le dio a China una ocasión de aumentar esas inversiones en energía verde en el extranjero, sino aprovechar una posición estratégica para aumentar su influencia política en países que necesitan dinero para desarrollarse.

Expertos locales coinciden en que el reciente anuncio del presidente Varela sobre el inicio de relaciones diplomáticas entre Panamá y China es un momento oportuno para que sectores públicos y privados de ambos países trabajen juntos y saquen ventaja de la actual coyuntura.

Las oportunidades de establecer acuerdos comerciales con China estarán principalmente concentradas en energía, transporte y minería, pero más allá de eso existen 1,300 millones de bocas que alimentar. Como consecuencia, Panamá queda en una situación de privilegio, ya que más de la mitad de los alimentos que consumen los chinos son importados. Que China haya pasado de ser granero a supermercado del mundo es una oportunidad de negocio que los agroindustriales del mundo se mueren por tener, circunstancia que no podemos desaprovechar.

Un final feliz de este nuevo capítulo con China sería el inicio de una reconversión definitiva de nuestro sector agroexportador, en la cual más de medio millón de hectáreas han quedado abandonadas y sin sembrar por falta de visión comercial y atención gubernamental. Entonces, ¿qué esperamos? Es hora de prepararnos para exportar nuestros productos y entender que en el mundo se habla ahora el idioma chino.

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