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04 de Aug de 2020

Economía

Expertos calculan que el desempleo rozó el 7% en el 2018

El gobierno entrante se enfrenta a varias paradojas en materia de empleo. ¿Se necesitan más o mejores trabajos? Además de encarar la informalidad, la disparidad salarial y planes de estudio divorciados de la realidad laboral

El nuevo gobierno heredará una tasa de desempleo que oficialmente, con cifras a agosto del año pasado, marca el 6%.

Pero la terminación de obras de construcción de gran envergadura y demanda laboral, tales como la Línea 2 del Metro y la eventual entrada en operación de la mina de cobre, sumados a la desaceleración económica y la cautela típica de los empresarios en años electorales, aportaría al menos otros 15 mil desocupados a las estadísticas.

Cobre Panamá, por ejemplo, necesitará unos 4,200 empleados para operar la mina, mientras que en su fase de construcción llegaron a emplear a unas 13,000 personas. ‘Muchas de las áreas de construcción están terminando. Por ello, a partir de este mes, comenzaremos a reducir la fuerza laboral de los equipos de construcción', avisaron en abril a sus empleados.

Y con el lastre de desocupados que dejó la culminación de la ampliación canalera, la tasa de desempleo se podría elevar a un 6.5% finalizando el año pasado, según calculó el consultor laboral René Quevedo.

En contraste, para el catedrático y financista Allan Corbett, la cifra estimada estaría en 8%. Aunque ‘esos datos nunca los va a ver expuestos por el Gobierno', criticó, al tiempo que advirtió que reducir los niveles de desempleo tomaría al menos dos o tres años.

La tasa de desocupación en 2004 era de 11.4%, misma que bajó drásticamente al 6.6% en 2009, año en que se inició la ampliación. Dos años antes de la culminación de la obra, en 2014, el desempleo marcaba 4.8%.

Pero esto ‘ya se había advertido en 2012', aclara el consultor, citando el informe ‘Mejores empleos en Panamá: el rol del capital humano', del Banco Mundial, que señala que ‘el final de la construcción en el Canal de Panamá eliminará un importante estímulo para la economía, generando desafíos para el crecimiento económico durante la década y presión para una rápida reasignación de la mano de obra... También pueden requerirse políticas activas para el mercado laboral de modo de hacer frente al período de transición, y redes de contención para reducir los posibles impactos negativos sobre la pobreza de este y otros shocks económicos'.

‘Nuestro sistema educativo es una fábrica de empleados',

RENÉ QUEVEDO

CONSULTOR LABORAL

Y es que los empleos se han generado y se siguen generando. De hecho, Panamá había liderado en los últimos 10 años las expectativas de contratación que mide la firma Manpower a través de encuestas empresariales a nivel mundial. Solo a partir de 2018 esos números sufrieron un giro de 180 grados, llegando en ese año a ser el país con menor expectativa de contrataciones en toda la región.

Sin embargo, el problema está en la velocidad con que se generan los empleos y el tamaño de la masa que espera captarlos, que cada vez crece más. Quevedo subrayó que la demanda de nuevos trabajos, es decir, las personas que salen a buscarlo cada año es 10 veces mayor que la masa de personas que salió a buscar empleo por primera vez en los últimos 10 años juntos.

Así entre agosto de 2004 y agosto de 2008 —la era Martín Torrijos— se crearon 209,216 nuevos empleos. En la era Ricardo Martinelli —agosto 2009 a agosto 2014 —se crearon 231,551, algo más del 10%, en comparación al quinquenio anterior y correspondiente con la demanda inicial de la ampliación del Canal. El último quinquenio, la era Juan Carlos Varela, creó 173,241 empleos de agosto de 2014 hasta agosto 2018.

INFORMALIDAD, OTRO LASTRE

Un alto porcentaje de la masa ocupada se mantiene aún en las filas de la informalidad, que incluye también, según la definición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a los trabajadores independientes o microempresas de menos de cinco empleados. Así en 2004, la informalidad en Panamá alcanzó el 46.9% de los ocupados, mientras que en 2009 arropó al 42.1%. En 2014 se redujo a 39.1%, pero en 2018 se disparó a 43.6%, medida hasta el mes de agosto pasado.

Dentro de esto, solo el 13% cotiza como independiente a la Caja de Seguro Social, según cálculos de Quevedo, quien piensa que están clasificados injustamente como ‘informales'. Se refiere a la nueva modalidad de los trabajos, que están —y seguirán— migrando de menos asalariados y más independientes, con tendencias cada vez mayores al freelancing o las consultorías.

Allí es donde está el reto, explica Quevedo, de los próximos gobiernos. Cambiar la realidad educativa que actualmente ‘está divorciada de la realidad laboral'. El sistema educativo es una fábrica de empleados, en el sentido de que no los prepara para ser emprendedores, independientes y aprovechar las demandas de trabajo especializado. Pero también puede ser una fábrica de desempleados si aquel que contrata ya no está dispuesto a pagar por esas habilidades y conocimientos que está enseñando el sistema actual.