Temas Especiales

28 de Mar de 2020

América

La parálisis política mexicana

T odo lo que podría andar mal parece andar mal para México, el país latinoamericano cuya economía tendrá el peor desempeño este año. Per...

T odo lo que podría andar mal parece andar mal para México, el país latinoamericano cuya economía tendrá el peor desempeño este año. Pero una nueva idea del gobierno podría volver a poner a este país en el camino a la prosperidad, si es que la empujan en serio.

En este momento, México está peor que en mucho tiempo: la economía caerá casi 7% este año por la drástica depresión de las exportaciones a Estados Unidos, los precios del petróleo se han desplomado, una epidemia de gripe porcina está causando estragos a la industria del turismo y una oleada de violencia de los carteles del narcotráfico sin precedentes ha ahuyentado a los inversores nacionales y extranjeros.

Pero el mayor problema de México es que el gobierno del presidente Felipe Calderón tiene las manos atadas, y puede hacer muy poco para resolver estos problemas. Debido a un sistema político anticuado, México tiene un presidente débil que no puede hacer aprobar ninguna reforma significativa en el Congreso.

Calderón, que ganó las elecciones del 2006 con tan sólo 35 por ciento de los votos, apenas un 0.6%más que el candidato perdedor, enfrenta una sólida mayoría opositora en el Congreso. En las elecciones legislativas de este año, su partido, Acción Nacional, sólo consiguió 29% de las bancas del Congreso. En consecuencia, las iniciativas de Calderón para reactivar la economía aumentando los impuestos y abriendo sectores del monopolio petrolero Pemex al sector privado, entre otros planes económicos, han sido sistemáticamente bloqueadas por la oposición.

Eso no es nada nuevo en México, donde el propio partido de Calderón hizo el mismo juego cuando estaba en la posición. México tiene tres partidos políticos principales, y dos de ellos tradicionalmente bloquean cualquier iniciativa presidencial. Así que el país no va para ninguna parte.

Pero el secretario de Gobernación Fernando Gómez Montt presentó recientemente ante el Congreso una serie de propuestas para destrabar la parálisis política. Gómez Montt dijo que la reforma política incluirá la ratificación parlamentaria de los miembros del gabinete, la reducción del tamaño del Congreso, de 500 miembros, y —quizás— la introducción de una segunda vuelta electoral, para asegurar que los futuros presidentes puedan gobernar. Gómez Montt pidió al Congreso “analizar” si una segunda vuelta electoral sería “conveniente” para el país.

¿Aceptarán una segunda vuelta los partidos de oposición? Un funcionario de alto nivel del gobierno me dijo privadamente que no se puede descartar que lo hagan. El partido revolucionario institucional (PRI), que controla 41% de los escaños parlamentarios y que es el mayor partido de oposición, ha dicho inicialmente que está en contra de la idea, pero podría cambiar de idea, me dijo el funcionario.

“El PRI está convencido de que tiene posibilidades de ganar las elecciones del 2012, y tendrían el mismo problema si ganaran”, dijo el funcionario. “Posiblemente terminen aceptando la idea de una segunda vuelta electoral”.

Miguel Angel Romero, asesor del líder del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones, me dijo que su partido presentará al Congreso a fines de este mes una contrapropuesta de reforma política “que no incluirá una segunda vuelta electoral”. Las elecciones con segunda vuelta son demasiado costosas, y con frecuencia obligan a los candidatos a formar “coaliciones artificiales” que n o gara ntizan la estabilidad política, agregó.

Mi opinión: el problema más grande del país es político: el sistema de toma de decisiones está trabado. La única manera de lograr reformas económicas que hagan a México más competitivo y lo saquen de la crisis será una reforma que cambie la arquitectura política de la nación. Y eso sólo se podrá alcanzar por medio de una reforma que introduzca un sistema electoral con segunda vuelta, un sistema de representación en el Congreso que le de una mayor sobrerepresentación al partido ganador, o con de la creación del cargo de un primer ministro ratificado por el Congreso.