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28 de Ene de 2022

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¿La paz al borde?

BELFAST. El lento proceso de paz que ha permitido a católicos proirlandeses y protestantes probritánicos compartir el poder en Irlanda ...

BELFAST. El lento proceso de paz que ha permitido a católicos proirlandeses y protestantes probritánicos compartir el poder en Irlanda del Norte, se enfrenta a un nuevo obstáculo. Los ataques de dos grupos disidentes del católico Ejército Republicano Irlandés (IRA), que a principios de la semana pasada causaron tres muertos, revivieron en los ciudadanos el temor que 10 años de relativa calma había logrado apaciguar.

El sábado 7 de marzo, dos soldados británicos fueron asesinados en el condado de Antrim por miembros del IRA Auténtico (RIRA), y dos días después murió un policía en Craigavon en un ataque atribuido al IRA de Continuidad (CIRA). Ambos grupos son disidentes del IRA, y se oponen a los acuerdos de paz. Para ellos, el conflicto no terminará hasta que la provincia deje de estar bajo el control de Gran Bretaña y se integre con la República de Irlanda.

OPUESTOS A LA PAZ

El RIRA se escindió del IRA en 1997, cuando el Sinn Fein, brazo político de este último, adelantaba negociaciones de paz. Es considerada la principal amenaza a la seguridad de la provincia británica, y a ellos se atribuye el atentado más sangriento del conflicto, que en agosto de 1998 mató a 29 personas en la ciudad de Omagh.

Aunque en los últimos meses los ataques han sido frecuentes, ninguno de ellos había tenido víctimas mortales, y desde la firma de los Acuerdos de Viernes Santo, que en 1998 pusieron fin a 30 años de violencia sectaria, no era asesinado un miembro de la Fuerza Pública.

Fue gracias a esos acuerdos que el IRA abandonó la lucha armada en 2005 y, dos años después, accedió a compartir el poder con los protestantes unionistas, (que defienden la unión con Gran Bretaña) concesión considerada por los disidentes como una traición a la causa republicana.

AFÁN PREOCUPANTE

Los grupos que siguen sembrando terror en Irlanda del Norte ya no cuentan con capacidad para grandes golpes, y sus militantes apenas alcanzan los 300. Tampoco cuentan con apoyo popular, pues nadie en Irlanda del Norte está interesado en revivir un conflicto que dejó 3.600 muertos.

Sin embargo, su afán por desestabilizar el gobierno que comparten el republicano Sinn Fein y el Partido Democrático Unionista (PDU), sigue causando preocupación. En enero de este año, por ejemplo, fue desactivada una bomba que pudo haber tenido la magnitud del atentado en Omagh.

GOLPE CONTRAPRODUCENTE

El golpe ha resultado contraproducente para los terroristas, pues el vínculo entre republicanos y unionistas parece haberse fortalecido. La condena contra los atentados ha sido unánime, lo que sugiere que el gobierno es sólido y está comprometido con la paz. Tanto Gordon Brown, primer ministro británico, como Peter Robinson, ministro principal del gobierno del Ulster y líder del PDU, han repudiado el ataque. En un hecho histórico, Gerry Adams, líder del Sinn Fein, y el viceprimer ministro republicano Martin McGuinness, han expresado su apoyo a la Policía para hallar a los asesinos.

De la respuesta del gobierno depende que los incidentes no lleven al traste el proceso de paz, y debe demostrar que puede atajar la violencia, pues todavía falta ver cuál será la reacción de los grupos paramilitares probritánicos que todavía operan. Debe también encontrar a los culpables, pues la impunidad es otro de los factores que más contribuyen a que los coletazos de la guerra continúen.

Ningún terrorista ha sido capturado por la matanza en Omagh, y los miles de crímenes cometidos durante el conflicto siguen en la impunidad. Esta vez, sin embargo, las autoridades anunciaron la detención de dos hombres por el asesinato del agente en Craigavon.

La esperanza principal, claro, es el pueblo norirlandés que, católico o protestante, ya no quiere más sangre. Como lo dijo un editorial del diario español El País , “las pistolas no tienen futuro. Tampoco en el Ulster”.