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19 de Sep de 2019

Mundo

¿Hacia dónde va el retiro de las tropas estadounidenses en Siria?

La salida de las tropas de EE.UU. de Siria marcan un nuevo episodio en el conflicto sirio. Mientras saltan las dudas sobre las consecuencias de la medida, aumenta las presiones sobre Donald Trump entre los pasillos de Washington.

EL presidente estadounidense ha sido fuertemente criticado desde el Partido Demócrata y Republicado luego de ordenar la salida de las tropas de Siria.

El pasado 19 de diciembre el presidente Donald Trump anunció el retiro de las tropas que mantenían Estados Unidos en Siria, declarando además, la ‘derrota' del Estado Islámico en el país árabe.

Contrario a la opinión de sus asesores militares, la decisión del mandatario fue recibida con frialdad y críticas desde ambos lados del bipartidismo estadounidense, llegando incluso a ser cuestionando por supuestamente debilitar la posición de EE.UU. en el Medio Oriente.

‘¿Fue esta decisión tomada con los mandos militares o ignorando su opinión?, reclamó el senador demócrata Tim Kaine, mientras que el republicano, Marcos Rubio dio casi por sentado que la salida de Siria ha entregado el país a Rusia e Irán.

Trump respondió esta semana a las acusaciones desde Twitter , enmarcándolas en las pugnas domésticas de las cuales se considera víctima.

‘Soy la única persona en Estados Unidos que podría decir esto: ‘Estoy trayendo a nuestras grandes tropas de vuelta a casa, con la victoria', y obtener mala prensa (...) ¡Si me quedara en guerras interminables para siempre, seguirían siendo infelices!', rechistó el mandatario.

Aún sin un calendario definido para la salida de los más de 2,000 efectivos acantonados en Siria —la mayoría en misiones de entrenamiento y asesoramiento—, la orden del presidente no parce cambiar radicalmente el curso de un conflicto que, por ahora, no transcurre en la dirección propuesta por la Casa Blanca.

Como una de las contiendas más sangrientas del breve siglo XXI, las hostilidades en Siria devinieron de una conflagración interna en 2011 a un enfrentamiento entre potencias globales y regionales, que han hecho del país terreno para sus disputas.

Su saldo ha si particularmente cruel para este pueblo árabe. De acuerdo a datos de la ONU, hasta la fecha se han reportado 250,000 fallecidos, de los cuales más de 7,000 son niños, existen al menos un millón de heridos y unos 6.5 millones se han convertido en refugiados, propiciando así una de las peores crisis de migrantes en el Mar Mediterráneo desde la Segunda Guerra Mundial.

GIRO ‘TÁCTICO'

La entra directa de Estados Unidos al conflicto, al menos oficialmente, inició en septiembre de 2014, comandando una colación con países europeos, Israel y Arabia Saudi. Siendo sus primeras acciones el bombardeo de objetivos yihadistas, como también a las fuerzas leales al Gobierno de Bashar Al-Ásad, cuya familia gobierna Siria desde 1971 y está en la mira de Washington para su derrocamiento.

El presidente Barack Obama argumentó en aquel momento que los ataques aéreos eran para frenar al ‘Estado Islámico', organización terrorista nacida del cotizado Irak tras la invasión estadounidense de 2003. De allí hasta ahora, la cifra de soldados en el terreno fue incrementando hasta el número actual.

En un escenario de múltiples actores e intereses, y luego de siete años de guerra, es poco probable un cambio de régimen a corto plazo en Siria, particularmente por la consolidación de las fuerzas de Damasco en casi todo el país luego de la intervención directa de Moscú, con al menos unos 63,000 soldados movilizados desde 2015, según el Ministerio de Defensa ruso.

Junto con Irán y las milicias de Hezbolá, dieron la vuelta al tablero favorenciando a Al-Ásad, echando por tierra los avances de una heterogénea y ecléctica oposición siria, como los de los grupos yihadistas, ambos, enemigos del Gobierno baasista.

La decisiva entrada del Kremlin —en control de una estratégica base militar en Tartus (costa este siria), clave para el acceso de la Armada rusa al Mediterráneo— tomó por sorpresa a Washington, que ha modificando sus posiciones a lo largo de la contienda.

‘¿De qué manera la intervención estadounidense en Oriente Medio y en Asia central y del sur ha beneficiado a los pueblos de las naciones que han sido invadidas o bombardeadas? De ninguna (...) la guerra sin fin implica matar sin fin, y esto debe terminar

PHILIP GIRALDI

EXANALISTA DE LA CIA

De las acusaciones de uso de supuestas armas químicas contra civiles por parte del régimen de Al-Ásad —una de las razones esgrimidas por EE.UU. para deponerlo—, ha pasado a una suerte de tolerancia hacia Damasco, donde su expulsión del poder quedó en un segundo plano.

‘Creo que él (Al-Asad) va a permanecer en el poder por ahora. Estados Unidos, ciertamente, no está intentando forzarlo a renunciar, pero no creemos que se vaya a quedar', afirmó en agosto pasado Nikki Haley, antigua embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas. Un claro contraste en las formas y el lenguaje, que es interpretado por algunos analistas como un reflejo de la correlación de fuerzas actual en el conflicto sirio.

Cualquier que sea el cambio ‘táctico' de Trump, difícilmente sea el fin de la intervención del Pentágono en Siria.

A la fecha, el Gobierno estadounidense conserva 5,000 soldados en Irak y más de 7,000 en Afganistán, sumado a una amplia red de bases militares en ambos Estados.

Por el contrario, los bombardeos de EE.UU. más bien se han incrementado posterior al repliegue, de acuerdo a una investigación conjunta publicada el jueves por Al Jazeera y The Intercept .

Los ataques aéreos se han concentrado fundamentalmente en las zonas fronterizas con Irak, áreas controladas parcialmente por las milicias kurdas de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), que combaten a Ál-Asad y al Estado Islámico. Las YPG, ampliamente respaldadas por el Pentágono los últimos años, podrían quedar a su suerte tras la retirada, una noticia bien recibida por Turquía, también con tropas en el terreno, enemigo del YPG y dispuesta a lanzar una ofensiva para acabar con la autonomía kurda.

En tanto, Israel y Arabia Saudita, ambos aliados de EE.UU., y activos actores en la guerra siria, han recibido con cautela la noticia. Los tres, comparten entre sus metas terminar con Al-Ásad, pero sobre todo, contener la influencia de Teherán en la región.

¿ALIADOS O ENEMIGOS?

Para la politóloga, escritora iraní, Nazanin Armanian, no es creíble la idea de que el Estado Islámico fuese derrotado por Estados Unidos, entre otras cosas, por los ‘vínculos' que aún persisten entre fuerzas estadounidenses y sus aliados, con algunas organizaciones yihadistas en Siria, principalmente el Frente al-Nusra, grupo ligado a Al Qaeda.

En un análisis difundido por Público , Armanian, exiliada en Madrid desde 1983 por sus críticas al Gobierno iraní, sostiene que estas fuerzas buscarían ‘demoler el Estado sirio' con la venia del Pentágono, una misión aún inconclusa.

Este polémico ‘doble juego', ya habría sido puesto en la opinión publica estadounidenses, luego de que investigaciones del New York Times y The Washington Post publicadas en 2016, informaran sobre el posible uso de fondos federales para financiar grupos yihadistas.

Este mismo año, la congresista demócrata por Hawaii, Tulsi Gabbard, propuso la ‘Stop Arming Terrorists Act', una iniciativa de ley para que el Congreso prohibiera el uso de dinero, armas, entrenamiento o información de inteligencia con organizaciones terroristas.

‘La CIA lleva mucho tiempo apoyando a un grupo llamado Fursan Al Haqq, proporcionándoles salarios, armas y apoyo, incluidos misiles tierra-aire. Este grupo está cooperando y luchando junto a un grupo afiliado a Al-Qaeda que intenta derrocar al gobierno sirio. El Frente de Levante es otro llamado grupo moderado de combatientes de la oposición siria. Durante el año pasado, Estados Unidos ha estado trabajando con Turquía para brindar apoyo de inteligencia a este grupo y otras formas de asistencia militar. Este grupo ha unido sus fuerzas con el grupo de filiales de Al-Qaeda en Siria', declaró entonces Gabbard, también exsoldado y veterana de la Guerra de Irak.

El propio Trump, poco después de ser electo en noviembre de 2016, ya habría planteado dudas sobre la oposición siria al señalar que no se tenía ‘ni idea quienes eran esas personas'.

Luego de llegar al poder, retomaría la línea dura de golpes directos a Damasco, lanzado ataques en 2017 y abril de 2018.

Al mismo tiempo que no se tiene claro aún las consecuencias de la medida tomada por Trump, las presiones en torno al magnate por la decisión parecen aumentar, vistos los reproches casi corales tanto de demócratas como de republicanos.

Armanian explica, que esos cuestionamientos, viende dados por la necesidad de mantener nuevas guerras por parte del ‘complejo militar industrial', intereses ‘de facto' que hacen lobby entre los pasillos de Washington.

Con una lectura similar, coincide el especialista en contra terrorismo, exanalista de inteligencia de la CIA y columnista, Philip Giraldi, considerando que estos intereses buscan presionar a Trump para que vuelva al redil de guerra en Siria.

‘El Deep State (Estado profundo) quiere sangre, no hay duda sobre esa cuestión y no están interesados en la ‘retirada' (de las tropas). Trump de seguro casi no podrá contar con apoyo alguno desde el Congreso, contando solo con senadores que han sido críticos con las políticas sobre Siria, como Rand Paul y Mike Lee (republicanos) y también la legisladora Tulsi Gabbard, que apoyaron la medida'. apunta Giraldi.

‘¿De qué manera la intervención estadounidense en Oriente Medio y en Asia central y del sur ha beneficiado a los pueblos de las naciones que han sido invadidas o bombardeadas? De ninguna manera (...) cuatro millones de musulmanes han sido asesinados, a consecuencia de las guerras que dieron inicio en 2001 (...) más de ocho mil soldados estadounidenses han perecido en el proceso (...) la guerra sin fin implica matar sin fin, y esto debe terminar', reflexiona el exanalista de la CIA.