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04 de Jun de 2020

Nacional

Inversión no refleja calidad

PANAMÁ. Calcular la suma que invierte el Estado en graduar cada licenciado que sale de la Universidad de Panamá (UP) es una tarea comple...

PANAMÁ. Calcular la suma que invierte el Estado en graduar cada licenciado que sale de la Universidad de Panamá (UP) es una tarea compleja. Por un lado, las autoridades no muestran informes periódicos sobre la inversión en formación de estudiantes, y por el otro, los números que revelan difieren de una oficina a otra o incluso de un funcionario a otro.

Según cálculos del director de Planificación y Evaluación Universitaria de la UP, Enrique Lau Cortés, cada estudiante cuesta 1,800 dólares al año. Por su parte, Miguel Ángel Candanedo, secretario General de la institución, considera que el costo está entre 800 y 4,000 dólares anuales.

El informe ‘Reporte de los Graduados Global 2003-2007’ reveló que en 2005 el tiempo promedio para terminar una licenciatura en la UP en el turno diurno era de siete años y en el nocturno, diez. En 2006, los estudiantes de la mañana tardaban 7.7 años y los nocturnos, 10.5. Y en 2007, los diurnos, 7.6 años y los nocturnos, 10.3. Tomando como referencia la cifra de Lau Cortés, el estudiante diurno costaría alrededor de 13,680 dólares y el nocturno, 18,540 dólares.

La inversión estatal por alumno está tres veces por encima de la de las universidades particulares. Rosario Coya, presidenta de la Asociación de Universidades Privadas de Panamá (AUPPA), dice que una licenciatura cuesta entre 3,500 y 5,500 dólares. Estas cifras no incluyen carreras como medicina e ingenierías, que cuestan entre 32,000 y 52,000 dólares.

Ante los cuestionamientos de algunos grupos empresariales sobre la pertinencia de la oferta académica, Lau Cortés responde que ellos utilizan herramientas para determinar si una carrera está agotada o si ya no tiene mercado. Una de éstas es el Observatorio Ocupacional, que vigila y monitorea la situación de los egresados: cuántos tienen trabajo, cómo evalúan la educación recibida, salarios que devengan, información que se está incorporando a la transformación curricular que está en marcha.

También toman en cuenta el reporte de demanda de profesionales del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (IFARHU). Con esta información se han diseñado los planes de estudios de 34 carreras nuevas en los últimos tres años.

FORMACIÓN A MEDIAS

Gaspar García de Paredes, presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CoNEP), considera que es evidente que la educación en Panamá no está produciendo líderes. ‘Estamos formando personas que cuando ingresan a las empresas tienen que ser instruidas para sus labores, lo que se traduce en una limitación para el país’, señala.

E l empresario recomienda que se incorporen asignaturas que desarrollen las habilidades de liderazgo, investigación e innovación.

Como una contribución al mejoramiento de la calidad, este gremio diseñó el programa Universidad Empresa Estado (UNEE), que trabajará con las universidades promoviendo la generación de empresas, la productividad, el desarrollo y la competitividad.

José Chen Barría, ex contralor de la República y director de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá (Fundespa), considera que es urgente un cambio profundo no solo en la metodología, sino también en los planes curriculares y en la forma de enseñar en la Universidad de Panamá.

‘La educación no está respondiendo a las exigencias del mercado ni de la sociedad. Lo que tenemos que hacer es reconocer las fallas y debilidades y adaptar la oferta académica a las necesidades del mercado’.

El profesor Chen Barría dice que las tendencias mundiales son conocidas y no debe ser un problema hacer reingeniería de las profesiones para adaptarlas a las necesidades actuales.

En opinión de Lau Cortés, la aceptación de los egresados de la UP en el mercado laboral es buena, de un 89 %. ‘Tenemos carreras como Ingeniería Electrónica e Informática donde los estudiantes tienen trabajo antes de graduarse. Sin embargo, estamos obligados no solamente a dar educación, sino a dar la mejor para que sean competitivos. Por eso estamos trabajando en un agresivo plan de transformación curricular’.

Por su parte, Modaldo Tuñón, presidente del Consejo de Rectores de Panamá, reconoce que urge un cambio integral en la educación superior. ‘Cuando llegué al Consejo lo primero que hice fue una revisión estratégica con todas las universidades —oficiales y particulares— con el propósito de ver cómo andaba la educación’.

Esta revisión llevó a Tuñón, rector de la Universidad Latina y presidente de la Comisión de Educación de la Asociación de Ejecutivos de Empresas (APEDE), a crear ‘U Innova’, un instituto para revisar los estándares de calidad educativa, metodologías de enseñanza, aprendizaje y promover la investigación.

‘El entorno educativo cambia rápidamente y éste es un tema que se discute ampliamente en muchas partes del mundo: egresados, docentes, procesos, infraestructura, todos deben tener calidad’, destaca Tuñón.

Rosario Coya, quien representa a once universidades privadas con unos 12 mil estudiantes, explica la receta de los particulares. ‘Una universidad privada no abre una carrera que no tenga demanda. Hacemos un diagnóstico de la carrera en el mercado, los perfiles de ingresos, de egresos, los requisitos de permanencia del estudiante en la carrera, horas de clases, planta docente, etc. para lograr la calidad. Una universidad privada no tiene una carrera que no sea exitosa porque no la puede sostener’.

LA DEUDA PENDIENTE

La investigación es la única área en la que la Universidad de Panamá aventaja a las 38 universidades privadas existentes en el país. Lau Cortés revela que en este momento se adelantan unas cien investigaciones sobre temas como calidad de agua, de aire; geociencia, producción animal y biotecnología.

Coya reconoce que ésto no sucede en los centros privados. ‘Debemos empezar a publicar investigaciones. El docente debe entender que ésta es una de sus funciones y para apoyarlo traeremos investigadores que nos enseñen cómo se realizan estos trabajos’, agrega.

La profesora también considera que el Estado debe aportar dinero a las universidades privadas; de lo contrario, asegura, habría privilegios para las universidades públicas. ‘Nosotros tenemos que generar todos nuestros recursos. La educación superior debe recibir algún tipo de incentivo económico porque aportamos al desarrollo del país’, concluye la docente.