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16 de Jan de 2021

Nacional

Un ministro atrapado en el centro de la tormenta

PANAMÁ. El ministro de Gobierno, Jorge Ricardo Fábrega, tiene dos frentes abiertos y en plena ebullición. Los colonenses y sus reclamos ...

PANAMÁ. El ministro de Gobierno, Jorge Ricardo Fábrega, tiene dos frentes abiertos y en plena ebullición. Los colonenses y sus reclamos de mayor inversión del gobierno en la provincia de la costa atlántica y los indígenas, que exigen el cese de la construcción de proyectos hidroeléctricos en sus tierras. Estos dos grupos protagonizaron las manifestaciones más grandes del año pasado y que dejaron una estela de muerte a su paso.

Después de varias reuniones de acercamiento, en el que la participación de la Iglesia católica fue fundamental, ondearon la bandera de la paz y se sentaron en la mesa de diálogo.

Pero los días de negociaciones se consumieron en dimes y diretes sin que el interventor del gobierno lograra un consenso. Una historia que se repite en el caso de San Félix y Colón.

Sumado a la poca credibilidad que tiene el gobierno en cuanto al cumplimiento de acuerdos, los diálogos terminan sin soluciones y enconando más el conflicto.

‘Nosotros no queremos más al ministro Fábrega porque él no tiene poder de decisión, queremos al presidente Martinelli’, fueron las palabras de la cacica de la comarca Ngäbe Buglé, Silvia Carrera, en una entrevista con La Estrella.

Un día antes, Felipe Cabezas, dirigente del Frente Amplio por Colón, responsabilizó al titular de Gobierno y al presidente Ricardo Martinelli del clima de inestabilidad que el cierre del diálogo provocaría en los colonenses.

En su defensa, el ministro argumentó motivaciones políticas, tras la posición del Frente y las amenazas de una nueva ola de protestas en esa ciudad.

‘Lo que dice el Frente es su percepción’, dijo Fábrega a La Estrella.

Respecto al reclamo de la cacica ngäbe, por el incumplimiento de los compromisos pactados por el gobierno, el ministro dijo no entender la posición de los indígenas.

Aseguró que los acuerdos establecidos en el documento firmado con los grupos ngäbes y las Naciones Unidas, tras los lamentables incidentes de enero y febrero de 2012 en San Félix, han sido cumplidos. Por eso —dijo— este es un tema cerrado. ‘Con todo el respeto que se merece la cacica, no sé a qué se refiere con lo de sentarse a negociar con el señor presidente y no conmigo’, concluyó.

UN PUENTE, NO UN MENSAJERO

Al panameñista Luis Ernesto Carles le tocó sentarse en una mesa de diálogo llevando sobre su cabeza el sombrero del Ejecutivo.

Carles —entonces viceministro de Trabajo— encabezó el equipo negociador que puso fin a las violentas protestas que se dieron en Changuinola a raíz de la aprobación de la Ley 30 en julio de 2010.

El exministro recuerda que no fue un trabajo fácil y que lograr el objetivo depende mucho del carácter de la persona. ‘Está en juego su credibilidad como negociador’, agrega Carles.

En el caso de Fábrega, sostiene Carles, le ha faltado ‘presentarse como un facilitador y no como un mensajero del presidente’, algo que ha aumentado la molestia de los grupos, aunado también a la poca confianza de estos hacia el gobierno.

Recordó que cuando se sostuvo el diálogo por la Ley 30, muchas veces ‘el presidente me advirtió que no derogaría la ley, pero yo le dije que debíamos primero buscar un punto de acuerdo que beneficiara a las dos partes’.

Un acuerdo que, agrega Carles, solo se consigue si desde un principio se marca la imparcialidad. ‘Debes sentarte con la conciencia de que eres el mediador en un conflicto, una voz que pueda ayudar a un acercamiento y que se logre un consenso’, amplía.

El diputado del Partido Revolucionario Democrático Yassir Purcait, en cambio, atribuye el fracaso del diálogo por Colón a la ‘arrogancia y prepotencia’ con que actúa el gobierno y que esto es lo que enciende los ánimos de estos grupos, que luego son reprimidos por los antimotines. ‘Cómo no quieren que se sientan burlados si por un lado está el presidente con el discurso de que Colón ha sido abandonado 25 años y cuando exigen más atención los tildan de intransigentes’, sostuvo el diputado opositor.