20 de Ago de 2022

Nacional

Conocer el pasado para crear el futuro

‘Necesitamos personas con mucho conocimiento de la historia para no cometer los mismos errores‘, opinaba el también pastor evangélico

Conocer el pasado para crear el futuro
El renovado interés por lo sucedido el 20 de diciembre de 1989, considera Daniel Delgado Diamante, se debe al trabajo de Abner Benaim en el documental ‘Invasión’ y a la vergüenza de la juventud por no conocer la historia patria.

En el pasado ‘Polígrafo’ de La Estrella de Panamá , José Dídimo Escobar, político perredista, comentaba que conocer la historia patria era sumamente importante, sobre todo para aquellos que nos gobiernan: ‘Necesitamos personas con mucho conocimiento de la historia para no cometer los mismos errores‘, opinaba el también pastor evangélico.

La antropóloga Ana Elena Porras comenta que en Panamá, en estos momentos, ‘sólo capacitamos o entrenamos técnicamente a nuestros estudiantes para satisfacer la demanda laboral del mercado; es decir, que hemos entregado la educación pública al sector privado, olvidando que necesitamos formar buenos políticos, buenos ciudadanos, ideólogos del Estado nacional, profesionales idóneos del sector público, intelectuales y artistas que construyan pensamiento crítico e imaginen el futuro, científicos que encuentren soluciones a los males que nos aquejan, etc.’. La también docente considera, de manera tajante, que ‘hemos destruido el sistema educativo integral’. Porras opina que la educación se ha vuelto en un asunto de crear trabajadores y no de crear mejores seres humanos: ‘Los gobiernos panameños post invasión decidieron orientar la educación para el mercado, exclusivamente, abandonando la formación humanística y cívica de los estudiantes, así como su educación creativa y crítica. Con suerte, algunos colegios privados tienen orientación tecnológica y científica para la innovación, orientados, también, por el mercado’.

Por su parte, el profesor Ricardo Ríos Torres, en ese mismo espacio dominical, coincidía con Escobar y consideraba que ‘ debemos tener un sistema educativo pluridimensional, con valores muy definidos cívicos, morales y patrióticos. Conociendo nuestro pasado y la vida de los panameños ejemplares’. El también educador comenta que con solo ‘un sistema educativo de alta calidad, de altos valores morales y éticos’ se logrará ‘salvar y resolver los problemas del país’.

Cuando se le pregunta a Porras si considera que el panameño carece de amor patrio, indica que ‘es obvio que no hemos llegado al Edén y que Panamá, especialmente debido a la invasión de 1989, ha tenido graves retrocesos en materia de soberanía, que habíamos logrado con tanto esfuerzo por varias generaciones’.

Daniel Delgado Diamante, coronel retirado de las Fuerzas de Defensa, cuando fue entrevistado en relación al 25 aniversario de la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989, comentaba que si la historia panameña no se conoce en muchos de sus capítulos es por vergüenza de quienes participaron de ellos, quienes prefieren esconder la historia antes que hacer pública su participación en algunos acontecimientos del devenir nacional: ‘Nadie quería saber [qué sucedió el 20 de diciembre de 1989] . Ni a los que pidieron la invasión les interesaba que se supiera. Un momento: Tú pediste la invasión, tú fuiste y apoyaste estos métodos. Creo que aquí, de forma general, ha habido una política de no convertir esto en un tema de discusión. Porque es un tema que genera dolor’.

Dídimo Escobar, la semana pasada en este diario, expresaba una postura similar a la de Delgado Diamante:

–¿La invasión nos duele mucho?– se le preguntó.

–Por supuesto que sí– atinó a decir el entrevistado.

Delgado Diamante comentaba el pasado 20 de diciembre que si en el 2014 se habló más de lo que pasó en 1989 no fue porque se celebraran 25 años de la Invasión. Según él, este mayor interés provenía de esfuerzos como el del director Abner Benaim y su documental ‘Invasión’: ‘Hay que darle las gracias a Benaim que hizo una película sobre la Invasión que hizo que la juventud se avergonzara de no saber [qué ocurrió ese día]. Cuando salí de ver la película, saliendo del cine, había un montón de jóvenes que se preguntaban por qué no sabían que eso había ocurrido’.

Ana Elena Porras ha analizado el hecho y considera que ‘ los panameños menores de 50 años no tienen noción de la historia de Panamá, que es su pasado y sus raíces’.

Para Ricardo Ríos Torres esto tiene una sencilla explicación: ‘ Somos un país empeñado en borrar la historia, en perder nuestra identidad como pueblo’. El escritor explica que ‘la cúpula del poder’ no desea que la historia sea de dominio público, porque ‘los intereses en conflicto son permanentes’. Para el educador, no se pueden ver las cosas objetivamente porque ‘los actores de ese drama están vivos. Los intereses en pugna están vigentes’.

El también exministro Delgado Diamante comenta que hay una deuda histórica con el país: ‘La única forma en que vamos a tener la historia completa es cuando todo el que tenga una vivencia la una [con la vivencia del otro]’.

Es por muchos conocida la frase ‘La historia se repite en espiral’. Aplicándolo a un plano específico, la Invasión de diciembre de 1989, Ricardo Ríos Torres comentaba que ‘si no conocemos cuáles fueron los intereses que se dieron en esa Invasión, los intereses que determinaron la invasión, por qué se dio la invasión, vamos a afrontar los mismos hechos en un futuro’. En un sentido más amplio, el escritor añadía que ‘el pueblo que no conoce su historia repite sus errores una y otra vez’, por eso, explicaba, es tan importante que la historia sea conocida por los pueblos.

El catedrático Fernando Aparicio, del departamento de Historia de la Universidad de Panamá, coincide con Ríos Torres: ‘Si ignoramos la Historia no sabremos cuánto nos ha costado recuperar el control íntegro de nuestro territorio; también ignoraremos cuan difícil fue que la administración del canal esté en manos de Panamá. Si no valoramos los esfuerzos de las generaciones anteriores desconoceremos los sacrificios de estudiantes, trabajadores, amas de casas, residentes de nuestros barrios populares y campesinos que arriesgaron su integridad física en actos heroicos en la capital, Colón y en el interior del país en 1925, 1926, 1947, 1958, 1959 y especialmente en 1964’.