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03 de Jul de 2020

Nacional

A pesar de la renovación, la Tacita de Oro no ha vuelto

En la ciudad de Colón persisten los problemas de hace décadas. La reparación de las calles centrales está frenada desde que se iniciaron los trabajos de la Cinta Costera colonense

La ciudad de Colón está peor de lo que pensé. Recorrí cada una de sus calles y el estado en que se encuentran es deplorable. Desde la primera hasta la última, todas han sido afectadas por el deterioro marcado en el asfalto y el desbordamiento de aguas servidas que se filtran en las aceras, incluso dentro de algunas casas y edificios. La pestilencia es insoportable para los que viven allí. El lugar se ha convertido en una gran amenaza por la insalubridad y el detrimento de algunas estructuras habitacionales.

Los más afectados son los adultos mayores y niños, ya que corren el riesgo de contraer una epidemia gracias al descomunal desbordamiento de aguas negras. El centro de la provincia está empañado por la suciedad. Pude observar trabajos inconclusos en cada una de las calles, maquinarias varadas y huecos enormes que hay en las vías, lo que las hace intransitables.

DESLUCIDA CIUDAD

La desesperación de los moradores es evidente. Aseguran que se tomará nota, se grabará y filmará el abandono total de lo que alguna vez fue una bella provincia. La Estrella de Panamá logró entrevistar a algunos residentes, como Yoconda Navas, quien vive en calle 8.

PROYECTO MILLONARIO

El proyecto es una de las promesas de campaña del presidente Varela

La obra fue adjudicada en junio de 2015, a un costo de $537 millones.

El proyecto fue adjudicado al consorcio Nuevo Colón, de la brasileña Odebrecht y la panameña Constructora Urbana (CUSA).

Navas manifestó que en el edificio donde habita con su familia, las condiciones son inhumanas, por lo que está en espera de la respuesta de las autoridades. ‘No sé hasta cuándo nos tendrán en el olvido. Hace dos años todos los que vivimos en este edificio recibimos una charla, en la que nos prometieron que nos iban a reubicar... y nada. Ahora los niños no pueden jugar en las veredas por el mal olor , las cosas aquí van de mal en peor, los políticos solo se aparecen cuando necesitan votos; en cualquier momento este edificio se puede caer y ocurrir una desgracia. Aquí viven muchos niños, temo por nuestra seguridad', comentó Navas.

El taxista Omar Barragán expresó sentirse descontento con el desempeño de las autoridades. ‘Este taxi es mi herramienta de trabajo, aquí salgo a ganarme el pan y a caer en huecos todos los días, es estresante e incómodo para mí y mis pasajeros; las autoridades del Ministerio de Obras Públicas, el alcalde y el presidente no hacen nada, no les preocupa el bienestar de nadie... El presidente Juan Carlos Varela prometió mejorar Colón; aquí recibió muchos votos, el pueblo colonense creyó en él', añade Barragán, quien pide que pongan más atención y arreglen las calles.

Más adelante en el recorrido, el ambiente empeora. En la esquina del Hospital Regional Manuel Amador Guerrero se percibe cómo el lugar se encuentra afectado por las aguas servidas.

Cada paciente y trabajador que asiste a este centro médico pone en riesgo su salud, lo que se ha convertido en algo cotidiano para muchos colonenses, que deben soportar tan desagradable situación.

URBE ANEGADA

A pocos metros de la Cinta Costera de Colón y del hospital, el panorama es el mismo. Las calles están inundadas por aguas contaminadas, a pesar del abrasador sol. Lo más preocupante es que en temporada de invierno la situación empeora, ya que los alcantarillados se desbordan por completo.

Muestra de ello son las inundaciones ocurridas en diciembre del año pasado, cuando muchos de los residentes del centro de Colón amanecieron sin poder desplazarse a ningún lado por la obstrucción de los drenajes.

Es una cruda realidad que viven los colonenses y que diariamente se enfrentan a múltiples problemas de infraestructura, salud, seguridad y economía.

‘Ahora los niños no pueden jugar en las veredas por el mal olor, las cosas aquí van de mal en peor, los políticos solo se aparecen cuando necesitan votos',

YOCONDA NAVAS

RESIDENTE DE CALLE 8, COLÓN

En la zona central de la ciudad de Colón me percaté de la presencia policial, específicamente en la calle 8. La inseguridad no da tregua en esta provincia que parece estar sumergida en una espiral de delincuencia, con una juventud hundida en el riesgo social.

También pude observar a muchos jóvenes a lo largo de las avenidas sin nada que hacer y otros quejándose de que el dinero no les alcanza para satisfacer sus necesidades. Esto se debe a la falta de empleos y actividades recreativas en el lugar. Los residentes alegan que temen salir a altas horas de la noche por temor a ser víctimas de robos.

En el área del parque central donde se concentran los pequeños comerciantes, las condiciones del lugar son incómodas por el polvorín que se alza con la brisa. Aunque muchos tratan de vender sus productos, que van desde buhonería hasta billetes de lotería, frutas y legumbres.

Los grandes comercios padecen de la misma incomodidad por el mal estado de las calles. Incluso estacionarse es un problema y evidentemente esto les resta clientes.

Una vez terminada mi travesía por el centro de Colón, en la que tuve la oportunidad de apreciar la triste realidad de los que viven allí, me dirigí hacia la autopista. A medida que me alejaba, observé por el retrovisor un pueblo olvidado y desesperado que pide a gritos soluciones de parte de las autoridades correspondientes para todos los inconvenientes que enfrentan, que hoy pagan las consecuencias de un plan de remodelación mal estructurado y que parece haber traído más afectaciones que beneficios.