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23 de Oct de 2019

Nacional

Alertan sobre estancamiento en lucha anticorrupción

De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción, presentando por TI, la calificación de Panamá ha sido oscilante en los últimos seis años.

Lina Vega asumió la presidencia de Transparencia Internacional en el 2017.

Con un descenso de un punto, de una calificación de 38 en 2016 a 37 en 2017, la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, en alianza con la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), presentó ayer el Índice de Percepción de la Corrupción 2017 de Transparencia Internacional. ‘Somos un punto más corrupto que en el 2016', precisó Olga de Obaldía, directora ejecutiva de Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, Capítulo Panameño de Transparencia Internacional.

Panamá fue uno de 180 países incluidos en este informe, basado en trece encuestas de organizaciones de expertos internacionales.

Los países son calificados de 0 a 100 puntos, siendo 0 el más corrupto y 100 la cifra que representa la mayor transparencia. En este sentido, Dinamarca y Nueva Zelanda alcanzaron las calificaciones más elevadas, mientras que Siria, Sudán del Sur y Somalia registraron las más bajas.

PERCEPCIÓN INTERNACIONAL

El informe fue lanzado a nivel global

Panamá se coloca en un rango de 96 sobre 180, en base a la calificación de 7 fuentes.

Más de dos tercios de los países obtienen puntajes por debajo de 50, con un puntaje promedio de 43.

Panamá ha venido experimentado un descenso durante los últimos tres años: 39 en 2015, 38 en 2016 y 37 en 2017. El índice ha oscilado cuatro puntos en los últimos seis años, lo que, de acuerdo con el comunicado de FDLC, se debe en parte a la ‘introducción de nuevos países al índice', que ha aumentado en más de cuarenta países desde 1995.

‘Estamos estancados', advirtió Lina Vega, presidenta de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana. Para generar avances en este sentido considera necesario que los partidos políticos presenten soluciones concretas, como, por ejemplo, ‘una legislación clave sobre enriquecimiento ilícito'.

‘No tenemos que estar preocupándonos de los peores, tenemos que aspirar a ser los mejores', manifestó Carlos Barsallo, vicepresidente de FLC.

El abogado califica de ‘consuelo de tontos pensar que no estamos tan mal, pero llevamos años así'. Opina que la corrupción desalienta ‘la inversión privada seria y sostenible y puede atraer la mala, la que no queremos, afectando la productividad de las empresas'.

Asimismo, este flagelo debilita la supervisión y estabilidad financiera, afectando el control del gobierno, que puede ser capturado por los corruptos. Esto también incide en el sistema judicial, que se torna ineficiente y con falta de independencia, lo que se traduce en inseguridad para ciudadanos y empresarios.

‘Lo que vemos aquí, en el día a día, es la trampa por hacer la trampa, cuando ni siquiera existe la necesidad de hacerla', aseguró Barsallo, quien agregó que existe un ‘fetichismo con la ley'.

De Obaldía subraya que uno de los peligros de la ‘corrupción sistemática' radica en la generación de inseguridad social, lo que puede contribuir a crear un terreno fértil para ‘el populismo'. ‘En los países con menos transparencia, la sociedad se ve más coartada en sus derechos y garantías fundamentales, a los que debe defender, incluso, del Gobierno', precisó.

Entre ‘los cambios institucionales que evidenciarían un compromiso robusto con la transparencia' se encuentra la aprobación de leyes anticorrupción -conflicto de interés, protección de delatores y modificación de la ley de contrataciones públicas-.

Las prácticas de corrupción que se dan con mayor frecuencia a nivel global son los sobornos, desvío de fondos públicos, preponderancia de funcionarios que aprovechan la función pública para beneficio propio, etc.