La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Nacional

Episodio de la política nacional

Antecedentes del crimen del 2 de enero de 1955, cuando asesinaron en un hipódromo al entonces presidente de la República, el militar y político panameño José Antonio Remón Cantera

En la generalidad de los casos todo hecho punible está condicionado por el mundo circundante. En los delitos políticos este criterio constituye una verdad apodíctica. No es Panamá un país dado al crimen político. Nunca, en su historia republicana, un presidente de la República o un ministro de Estado fue abatido por una mano homicida.

El crimen político sí se conoció cuando estábamos unidos a Colombia. Desventuradamente, la historia en Panamá se comienza a enseñar, y a querer, a partir de la república y mediante un proceso de negación cerrada, olvidamos nuestra rica historia del decimonono.

Al alcanzarse la independencia de Panamá, en las primeras décadas de la república las ideas políticas continuaron debatiéndose en los dos campos tradicionales: el liberal y el conservador. Había concepción orgánica en torno a estos partidos. Se tenía una ideología, un programa, y el hombre político respondía, por tanto, a las limitadas concepciones doctrinales de la época.

Las amargas circunstancias que rodearon los 33 primeros años de la república, de país indudablemente intervenido de hecho y de derecho por los Estados Unidos, no doblegaron en cierto modo las convicciones principistas de los ‘caudillos' políticos de entonces.

A un Belisario Porras que gravitó de manera tan ostensible en la vida política durante el lapso en cita, nunca le faltó ni en su programa ni en su acción un profundo criterio liberal para orientar al pueblo o al Gobierno. Eran caudillos, porque así era la tónica de entonces, pero tenían, asimismo, un fundamento doctrinal.

En el año de 1931 hubo en Panamá un cambio de gobierno mediante un golpe de Estado. Fue el primer golpe de Estado de la historia republicana. Nuevas ideas, nuevos hombres quisieron surgir en la vida nacional con el objeto de reestructurar al país sobre bases más sólidas y nacionales. Sin embargo, la ausencia de experiencias, el ningún contenido ideológico de carácter homogéneo en esa generación del 30, dio con la frustración política del vigoroso grupo de presión denominado ‘Acción Comunal'.

La derecha económica, sin embargo, comprendió la urgencia de evitar la proliferación de movimientos doctrinales y postuló la atomización de los partidos políticos en tantos grupos como presidenciales tenía el país. Del pasado político solo extrajo la experiencia del ‘caudillismo'.

A partir de entonces, no surge un solo movimiento que responda a las realidades nacionales y que otorgue, por tanto, soluciones adecuadas a todos los problemas vitales de la patria. Los objetivos de la derecha económica respondían a una gran táctica. Era menester participar en todos los partidos, con dominio en todos, pero que existan tantos como para que el pueblo no logre unificarse y pueda repetir en consecuencia la experiencia del golpe de Estado de 1931. La proliferación de los partidos tenía por objeto dividir la conciencia nacional.

‘Las amargas circunstancias que rodearon los 33 primeros años de la república, de país indudablemente intervenido de hecho y de derecho por los Estados Unidos, no doblegaron en cierto modo'.

En toda la década del treinta y del cuarenta, el país se consagró a la lucha política bajo el signo del personalismo. No se era liberal, conservador, radical, socialista o nacionalista. Se era ‘Alfarista', ‘Harmodista', ‘Panchista', ‘Dominguista', ‘Arnulfista', ‘Jimenista', ‘Chiarista' o ‘Remonista', según la época y según los hombres con vigencia en el escenario político.

Sin embargo, esos años de continuidad absolutamente personalista en la vida pública nacional dieron por resultado un desajuste orgánico de valores, de instituciones y de fines. Todos podían aspirar, todos podían ser los personeros superiores de la república. La escala jerárquica de las instituciones era totalmente desconocida.

Hubo presidentes que no tuvieron en su vida una dimensión más apropiada para su inteligencia que el establo que proporcionaba su fundamental sustento. La dignidad del cargo de presidente de la República se empequeñecía cada vez más, no en razón de su escasa importancia, sino en virtud del vicio de rebajarla para que todos pudieran llegar a ella.

En el año de 1945, y con motivo esencialmente de las influencias espirituales que suscitó el triunfo Aliado en la Segunda Guerra Mundial, hubo en Panamá un despertar colectivo y se repitió el fenómeno del año de 1931. El país deseaba encontrar sus justas posiciones.

La historia de Panamá en esos años era fecunda en anhelos y actos reivindicatorios. Se inició en el país la estructuración de nuevos organismos políticos nutridos en la Universidad que apenas tenía 10 años de funcionamiento. Se convocó una Asamblea Nacional Constituyente que dio una Carta realmente democrática y progresista. Empero, al poco tiempo se presentó un nuevo hecho político que dio al traste con el impulso nacional concebido en el año de 1945.

No se trataba ya de atomizar los partidos; ya esa táctica había cumplido su misión y no había sido muy exitosa porque en el año de 1945 se rompieron todas las previsiones de sus creadores. Importaba ahora formar un organismo más fuerte, menos deliberante en su mundo interno, pero más enérgico en el arte de acallar la voz de los pueblos. Ese deseo se convirtió en realidad después del año de 1947.

El año de 1947 constituye el inicio de las concausas más sutiles de los hechos del 2 de enero de 1955. En ese año, las fuerzas nacionales, identificadas plenamente, decidieron revisar sus relaciones con los Estados Unidos. Se denunció la ocupación de hecho de 114 sitios de defensa diseminados a lo largo de todo el territorio de la república. En memorables jornadas el país obtuvo su objetivo: fueron abandonadas todas las bases ubicadas fuera de la Zona del Canal.

En el campo político un movimiento inminente popular estaba llamado a llegar al poder en las elecciones de 1948. Se imponía, por tanto, la necesidad de frenar en el campo externo e interno todas las manifestaciones políticas del país que podían tener una visión no tradicional de los problemas y soluciones patrios. Fue entonces cuando la oligarquía política panameña comenzó a darle una importancia inusitada a la Policía Nacional, único organismo armado del país.

A los gobernantes no les interesaba ya el respaldo de los partidos; descansaban en la creciente participación de la Policía Nacional en la vida pública. En la medida en que crecían y se organizaban las fuerzas democráticas del país, la Policía Nacional se presentaba como freno a todo crecimiento.

El gobernante fue adquiriendo una menor importancia, y en el escenario político jugaban dos personajes su papel: la oposición organizada y la fuerza pública. Esta fue batiendo a aquella, hasta quedarse convertida en la fuerza arbitral de todos los conflictos.

Los episodios nacionales que registran antinomias entre la Policía Nacional y el pueblo o entre la Policía Nacional y los principios constitucionales y legales, son tan deplorables que no es ésta la ocasión para exponerlos.

En ese nuevo organismo deliberante, verdadero partido político en armas, la figura central era el Coronel José Antonio Remón Cantera. En el año de 1952, el Coronel Remón pasa del cargo de jefe de la Policía al de presidente de la República. Una de sus primeras medidas, que no puede constituir una experiencia estimulante, fue la liquidación legal de los partidos que le habían hecho una oposición caracterizada.

En el Órgano Legislativo, 46 diputados, de 51, respondían a sus órdenes. En la práctica era el Ejecutivo el que legislaba. En el Órgano Judicial se propiciaron destituciones y nombramientos en forma tal que muchos despachos judiciales parecían más clubes políticos que templo de Temis. La Policía Nacional fue reorganizada a imagen y semejanza de la Guardia Nacional de Nicaragua, incluso tomó su nombre.

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

Lentamente el país adquirió una nueva fisonomía psicológica. El movimiento democrático nacional que aflorara en el año de 1945, y que tan duramente fue hostilizado, perdió beligerancia efectiva. Los partidos existentes dejaron de actuar. Al pueblo no se le hablaba ya el lenguaje elevado de los conceptos ni los partidos, por lo mismo, podían cumplir función magisterial alguna.

El trastocamiento de la vida nacional, las incursiones de hecho de los militares en el fuero civil, la improvisación de figuras y circunstancias, los abusos propios de todo exceso de poder, el relajamiento institucional, representan las concausas más nítidas del crimen del 2 de enero de 1955.

A nuestro juicio, el panorama de 1955 no ha mejorado mucho en la actualidad. Hay un período de transición que no logra definirse. Se reclama un retorno a la época del debate doctrinal. Es urgente para la salud de la patria elevar la contienda política en alas de los partidos, orgánicos, con visión de la patria, de sus problemas y soluciones.

Es indispensable volver los ojos a la nacionalidad misma, siempre en peligro, y mucho más mientras sean estériles las disputas que dividen a los istmeños. En un clima de contrastes de ideas, y de luchas por las ideas, es muy difícil que una mano homicida procure un crimen político. Los homicidios políticos son determinados o por una sociedad sin horizontes morales o por un hombre apasionado, delirante, o altruista.

El panorama expuesto, a grandes rasgos, sirvió de escenario al repudiado crimen político del 2 de enero de 1955.