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21 de Apr de 2021

Política

Matiz de noviembre

panamá! El sector que tomó la iniciativa de separar a Panamá de Colombia en 1903, vinculado históricamente a la actividad transitista, ...

panamá!< El sector que tomó la iniciativa de separar a Panamá de Colombia en 1903, vinculado históricamente a la actividad transitista, actuó en condiciones desventajosas. A los protagonistas exógenos implicados en los sucesos de noviembre les fue ‘de película’. Un importante grupo de inversionistas franceses, encabezados por Bunau Varilla, recuperó gran parte de sus inversiones que ‘por perdida ya la daban’. Wall Street amplió su cartera de negocios en dirección Sur. Estados Unidos tomó posesión de la zona clave del comercio y del expansionismo. En cambio, los cabecillas autóctonos de aquella ‘gesta’, al ceder por casi nada el principal recurso económico a la potencia extranjera, no pudieron hacer otra cosa que decir ‘a lo hecho pecho’, ‘a otra cosa mariposa’, para evolucionar, luego, como una hegemonía local subalterna, dependiente y pedigüeña.

Los sectores vinculados a otras estructuras coloniales —agraria, marginal y excluida— no jugaron ningún papel relevante en los episodios separatistas. Serían, como es lógico, mucho menos beneficiadas a corto, mediano y largo plazo, a la hora de sacar cuentas.

LA CULTURA DEL DAME DAME

Una de las consecuencias de esta subordinación económica y cultural del guimi guimi es la elocuente pobreza de hoy. Los panameños, dueños nominales de uno de los recursos más importantes del mundo, todavía habitan un país donde la pobreza alcanza más del 40 por ciento de la población.

Es más, después de 100 años de aquella segunda ‘independencia’ los panameños no están muy seguros de poseer un territorio jurídico y soberanamente integrado, dicho esto sin sorna descalificadora sino como lo pensaría orgánica y defensivamente Omar Torrijos: porque después de la ‘tercera independencia’, la ocurrida el 31 de diciembre de 1999, ‘seguimos bajo el paraguas del Pentágono’.

CUATRO PAÍSES EN UNO

Lo curioso es que ninguna de las tres emancipaciones de Panamá, respecto a España, Colombia y Estados Unidos, derivó en programas sustentables de desarrollo, justicia social y equidad. Una entre otras razones aducibles es la incapacidad de los panameños para mirarse a sí mismos. El pragmatismo, la visión eurocentrista y la indolencia no permiten a más de uno, incluyendo a los más avezados científicos sociales, percibir las cuatro grandes estructuras socio-económico-culturales legadas por la colonia, a saber:

En primer lugar, un país transitista hegemónico, estrechamente vinculado al Primer Mundo, a veces insensible, egoísta y soberbio, sin el cual nos iríamos todos a la porra, que debería constituir motu proprio el eje articulador del crecimiento económico y la integración nacional.

En segundo lugar, un proyecto de país agroindustrial, muy rezagado con respecto a otros de la región por razones históricas mensurables.

En tercer lugar, un país marginal en plena fase expansiva, peligroso porque lo sustenta un sistema de códigos culturales perversos, alimentado por el clientelismo paternalista de las últimas décadas. Este singular entorno de supervivencia prohijado por el neoliberalismo mundial amenaza con crear a muy corto plazo escenarios insurreccionales multitudinarios.

En cuarto lugar, hay un país excluido (ocupado por los llamados indios) donde cerca del 90 por ciento de la población vive en pobreza extrema.

EL DEBATE SIGUE ABIERTO

Por esa falta de visión es que nada tiene de extraño que cien años después de la separación de Colombia el debate siga abierto y que siga siendo tan saludable como al principio porque, no de otra manera, el país puede alcanzar mayoría de edad y grandeza espiritual.

Sin la recuperación veraz del pasado a los pueblos les cuesta mucho trabajo construir la base filosófica y sociológica de su identidad. La falta de claridad con respecto a las raíces ontológicas de una nación, como bien pudo decir Ricaurte Soler, impide a los liderazgos emergentes llevar la nave de la nación a puerto seguro. Sin pensar el país no hay país. Podrá haber economía, gobierno, sistemas represivos, relaciones internacionales, pero no habrá país en el sentido estricto de la palabra, coherente, como una línea trazada al infinito, según la metáfora que alguna vez postuló el liberalismo criollo.

NUEVO PACTO SOCIAL

El conocimiento de la verdad es la mayor libertad. Por eso los pueblos se agigantan cuando su juventud en vez de bajar la cerviz, en vez de conformarse con las verdades cosméticas, encuentra razones verdaderas en su pasado para regenerarse y reconstruirse.

Sin embargo, el debate jamás debe ser la coartada para evadir responsabilidades. El país existe, debe existir por encima de las coyunturas, del capricho bárbaro de los individuos y de las muchedumbres. El deber de las mentes más lúcidas es montar guardia a la vera del camino porque no se trata de desmantelar la nación sino de aclarar entuertos y enmendar los rumbos. Insistir, sobre todo, en la construcción de un nuevo pacto social entre panameños de todos los estratos para que dejen de ser parte del problema y se conviertan en parte de la solución.