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04 de Apr de 2020

Política

Trascendencia histórica de la gesta de enero de 1964

Diversos tratadistas nacionales y extranjeros se han ocupado a lo largo de los últimos cincuenta (50) años de reflexionar acerca de la t...

Diversos tratadistas nacionales y extranjeros se han ocupado a lo largo de los últimos cincuenta (50) años de reflexionar acerca de la trascendencia histórica de los acontecimientos de enero de 1964, sus causas y consecuencias. Se ha puesto en perspectiva interna e internacional la naturaleza de las contradicciones entre la nación panameña que pugna por consolidarse como Estado Nacional soberano e independiente y los intereses hegemónicos y neocolonialistas de Estados Unidos, reacios a reconocer la soberanía y autodeterminación de los panameños sobre todo su territorio y recursos, incluida la propiedad y operación del Canal de Panamá.

PUNTO DE INFLEXIÓN

Por razones obvias, en esta ocasión no vamos a detenernos en el recuento de los acontecimientos de enero de 1964, pero hoy a cincuenta años de aquella gesta es obligante indicar que esta constituyó el punto de inflexión en el desarrollo de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos en razón del Canal. Ello marca el tránsito de la lucha revisionista del Tratado de 1903 Hay-Bunau Varilla, a la lucha por la abrogación total del mismo y la negociación de un nuevo tratado que, como dijera Torrijos ‘le pusiera fecha de cumpleaños a la presencia neocolonial de Estados Unidos en Panamá, en razón del Canal’. Basta recordar las más contundentes consignas del movimiento nacionalista de aquellas fechas que se plasmaron en el rechazo del Convenio Filós-Hines de 1947, y las operaciones en defensa de la soberanía de 1958 y 1959. Tales catalizadores llevaron a los mártires a exclamar ‘bases no’, ‘una sola bandera, un solo territorio’.

REDEFINICIÓN DE NUESTRAS RELACIONES CON EEUU

A partir de enero del 64 se sentaron las bases materiales y espirituales que harían obligante redefinir nuestras relaciones con Estados Unidos sobre un nuevo tipo de fundamentos; quienes no tuvieron la lucidez de comprenderlo o tan siquiera intuirlo estarán irremisiblemente condenados al total fracaso. Diversos factores explican el carácter exitoso de la negociación para los intereses panameños. Entre los más sobresalientes la adopción de una política certera de negociación por parte del régimen de Torrijos, que consistió en internacionalizar la lucha de los panameños, ganar el apoyo de la comunidad latinoamericana e internacional, con la cual el proceso negociador adquirió un carácter de empresa, la reivindicación moral y de justicia internacional apoyada por la comunidad de naciones. A ello habría que agregar la afortunada coincidencia de que la contraparte estadounidense estaba jefaturada por el gobierno demócrata de James Carter quien le imprimió a su equipo negociador una disposición favorable a la reversión programada del Canal a manos panameñas, así como del retiro paulatino de las bases militares estadounidenses del territorio de nuestro país.

Podríamos decir, pues, que una conjunción favorable de factores hizo posible la negociación y aprobación exitosa de los tratados de 1977, Torrijos – Carter, que en gran medida satisficieron las aspiraciones de los panameños al establecer un calendario descolonizador que debía culminar el 31 de diciembre de 1999. Sin embargo, la potencia imperial se reservó a través de la ‘imposición’ del tratado de Neutralidad Permanente, la posibilidad de intervenir a juicio unilateral de los Estados Unidos, el libre tránsito y la navegación segura a través del canal se viera en un futuro comprometido. El tratado de Neutralidad fue, pues, el precio que Panamá tuvo que pagar a cambio de ver concretadas sus aspiraciones y demandas de enero del 64.

EL CONTEXTO INTERNACIONAL

Sin embargo, resultaría metafórico pensar que el proceso abrogacionista que en enero del 64 nos condujo finalmente con los Tratados de 1977 a alcanzar la plena soberanía y total jurisdicción del Estado panameño sobre todo el territorio de la nación; a expulsar definitivamente las bases militares y la intervención norteamericana en nuestros asuntos internos, y a ganar la definitiva independencia política, económica, social y cultural del país es un proceso culminado.

Hoy es evidente que si bien valoramos altamente las metas alcanzadas, lo cierto es que las grandes transformaciones del mundo contemporáneo y concretamente el desarrollo del sistema capitalista en su estadio neoliberal, determina el establecimiento de una nueva situación internacional donde la soberanía de los Estados y la independencia de las naciones se relativiza en el marco de las nuevas relaciones internacionales. De tal manera que las bases militares en su forma tradicional ya no le son necesarias al poder imperial estadounidense, y han sido reemplazadas por nuevos conceptos acorde a las políticas anti-terroristas y anti-narcotráficos establecidas por los Estados Unidos.

EL AYER Y EL HOY

Es imperativo preguntarse, si las metas y tareas derivadas del 9, 10, 11 y 12 de enero fueron medianamente satisfechas, o si se trata de lo que en alguna de sus obras Ricaurte Soler denominara tareas de Sísifo. Es decir, cuando pareciera, finalmente y después de mucho luchar, haberse cumplido nuestras históricas reivindicaciones, por arte de birlibirloque, la dialéctica histórica nos juega una mala pasada y estamos nuevamente enfrentados a la misma lucha en esencia, es decir a la lucha permanente por la independencia, la soberanía y el derecho de autodeterminación de los panameños.

Finalmente, sería importante replantearnos si en este siglo XXI los discursos y reivindicaciones necesitan cuajar una nueva dinámica que sea consecuente con los retos que implica la globalización y la participación de los sectores que hicieron posible que los Estados Unidos de América cristalizaran un acuerdo. Nos referimos a los sectores populares y estudiantiles que proponían la soberanía en todo el territorio nacional y eliminar de una vez por todas el enclave; sin embargo, logrado esto nos permitimos cuestionarnos: ¿Si los beneficios generados por el Canal han revertido a quienes ofrendaron su vida?, ¿Si las Áreas Revertidas han cumplido la función social o son áreas prohibitivas para la mayoría de los panameños donde la minoría usufructúa los beneficios que de esta se generan?

Definitivamente, los imaginarios que sirvieron como sustento teórico político para que las áreas del Canal y el Canal mismo volvieran a manos panameñas ya no tienen efecto y los grupos políticos y estudiantiles han cambiado sus propuestas. Queda ahora pues, que los políticos y la sociedad civil no vean el Canal como un área para pocos sino que logren articular reivindicaciones en sus proyectos y programas políticos…. Este es el reto.

FILÓSOFO E HISTORIADOR