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06 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

De dictaduras y ‘demosgracias’

En su argot los campesinos salvadoreños tenían un proverbio: “Al más pendejo le preguntan quién es Dios”. Ese pueblo, sufrido frente al ...

En su argot los campesinos salvadoreños tenían un proverbio: “Al más pendejo le preguntan quién es Dios”. Ese pueblo, sufrido frente al castigo de haber sido gobernado por 12 familias poderosas, en su sabiduría campestre reconocía que “los ilustrados gobernantes” querían hacer ver que esos miserables se volvieron reclamadores o comunistas por el puro gusto.

Esos marginados supieron que por ser más débiles, eran más ignorantes, pobres y sin voz social. Y que su situación se daba porque no pudieron, como las minorías privilegiadas, tener el poder, la riqueza e influencia suficientes para ser otra cosa. Su “demosgracia” era como la de Panamá antes del 68. No podemos pedir aplausos para el golpe militar, pero los que vivimos aquella demosgracia, sabemos que era tan flaca y enclenque que no sólo habría justificado ese golpe y el interesante proceso que se inició, sino hasta una guerra de guerrillas prolongada, como la colombiana, que ha devenido en mil calamidades. Omar no nos legó lucha de clases, pero obtuvo logros tan impresionantes como conseguir nuestra soberanía y canal, con costos sociales, pero sin extremismos, reconociendo excesos. Si analizamos los hechos del Cerro Tute en 1959, con sus 4 jóvenes muertos, o la masacre del 64, con una veintena de cadáveres adolescentes, podríamos también resucitar esos casos y pedir cuentas, llevando al banquillo como responsables intelectuales a dos presidentes “demócratas”, respetables, Ernesto de la Guardia Jr. y Roberto F. Chiari. Las razones jurídicas se pueden encontrar: ¿Por qué echarles tropas a aquellos idealistas de Veraguas o por qué no repeler el fuego asesino de los que le disparaban a esos chiquillos y chiquillas del 9 de enero? ¿Por qué no instauramos por aquellos delitos sociales Comisiones de la Verdad Histórica? ¡¿Ah, ah, ah?!... Pero no, eso no se vale, porque aquellas violaciones de los derechos humanos se produjeron en ¡demosgracia!

Antes del 68, reconociendo que hubo una lesión institucional, lo formal que había de democracia era, en promedio, una gran porquería. Cero justicia social, cero respeto a los intereses mayoritarios, cero sentido realmente cristiano, compasión, caridad a la pobreza extrema, en índices que superaban el 70% poblacional, fácilmente. En lo político, los fraudes se superaban los unos a los otros, entre los propios liberales corruptos de la época. ¿Por qué no abrir otra Comisioncita de la Verdad por los crímenes cometidos en los reclamos inquilinarios de 1925, si de echar ojos hacia atrás se trata? ¡¿Ah, ah, ah?!... Omar fue dictador, confeso y converso, como dijo Felipe González, pero pese a eso, el propio Monseñor Mac Grath, más honesto y sano que todos los que hoy gritan “justicia”, le llamó al general “un hombre con la misericordia del Señor que amó a los pobres no sólo de Panamá, sino del tercer mundo”.

Ojalá los dueños de las campañas mediáticas programadas de hoy, los críticos de las dictaduras, pudieran respondernos mirándonos a las pepas de los ojos, ¿qué ha sido la demosgracia panameña que teníamos los nacionales antes de 1968? ¿Cuáles eran sus programas de transparencia, equidad y justicia? ¿Hubo algo que pudiera permitirnos esperar que Panamá progresara más que con la dictadura de Omar Torrijos? Si me convencen de que sin golpe seríamos mejor Panamá, renunciaría para siempre al Torrijismo que llevo orgulloso de él.