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28 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

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¿Gerente general o presidente?

En una ocasión discutía con el general Torrijos la diferencia entre el empresario y el militar. Al final concluimos que la mayor diferen...

En una ocasión discutía con el general Torrijos la diferencia entre el empresario y el militar. Al final concluimos que la mayor diferencia eran los valores de gestión, el empresario valora la eficiencia como lo más importante en sus empleados, el militar la lealtad. “Un bruto leal” es mejor, me decía, que un eficiente desleal. Por horas luego medité sobre el tema y finalmente acepté que como administrador de empresa me importaba poco la lealtad del subalterno, más la eficiencia y resultados.

Fue con Rigoberto Paredes, un extraordinario político, con el que luego discutía las diferencias entre la administración pública y la administración de empresas. Rigo me insistía que era un error designar funcionarios que no fuesen graduados de la carrera de Administración Pública, argumento que en otra ocasión me presentaría igualmente la Licenciada Helena García, catedrática de la Facultad. Es muy distinto, ambos sostenían, la Administración Pública de las empresas.

En primer lugar, el funcionario público solo puede hacer lo que la Ley le permite, el administrador de empresa privada puede en cambio hacer todo lo que la Ley no le prohíba. En ese marco, es común que un empresario en cargo público cometa cantidad de exabruptos y violaciones a la Ley, pues, muchos desconocen, para comenzar, la ley que rige sus cargos. Cuando un gobierno inicia funciones, el problema se agrava. Si los altos cargos los ocupan funcionarios que vienen de la empresa privada, necesitan que sus asesores y principales colaboradores tengan experiencia en la Administración Pública, so pena de caer en errores de abusos de autoridad y extralimitación de funciones, los dos grandes males de muchos novatos.

En definitiva, es más fácil ser gerente general de una empresa que presidente o ministro de Estado. Para colmos, el gerente general responde a una junta directiva y accionistas de la empresa, el presidente y ministros a toda una nación. Para un empresario que es emprendedor, decidido y audaz, ser luego presidente resulta una frustración. “ Las cosas en Palacio andan despacio ”, no importa quién las impulse. Es un mal propio de la misma naturaleza de la Administración Pública.

Opinar se convierte en un problema, es fácil dar una opinión y contradecirse con otros funcionarios de importancia. Lograr la coordinación y coherencia de equipo entre decenas de funcionarios que muchas veces nunca han trabajado juntos, muchos solo conocidos entre ellos, no es fácil. Es mucho mas fácil hacer equipo en una empresa donde en fin de cuentas todos van en la misma dirección. En gobierno, por ambiciones políticas, compromisos de partido o cualquier otro motivo, formar el equipo se dificulta.

Hoy, Panamá tiene un gobierno de empresarios. No dudamos que si ese mismo equipo estuviese en una empresa funcionarían bien, pero en función de gobierno hasta ahora solo hemos visto “ metidas de pata ” y contradicciones entere altos dirigentes.

Quizás, para ayudarlos, requieren dos consejos: entender que ya ganaron las elecciones y recordar que les quedan casi cinco años de gobierno. Administrar el Estado requiere lo que el propio presidente Martinelli siempre dijo, gobernar con los mejores panameños. Solo que tienen que entender que son administradores públicos, no empresarios. No, por lo menos, por estos cinco años.

*Ingeniero y analista político.marognoni@cwpanama.net