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22 de Oct de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Fiesta oceánica

Este compromiso garantizará un futuro próspero a todos.

Fiesta oceánica

La ciudad de Panamá tiene una característica que la define. Ella se extiende paralelamente al océano Pacífico y toda su historia se vincula con el recurso marino que le es propio. La construcción de sus barrios durante la colonia, estuvo vinculada a las aguas que bañaban sus costas. Los pescadores llegaban en las tardes a sus playas para descargar la faena extractiva; además, los trayectos de los viajantes y el cabotaje eran posibles a través de esa vía.

La capital es solo una expresión del significado que tiene la ubicación del país como una cinta estrecha sobre la masa líquida que encierra el continente. Esta condición le da un sentido a la sociedad panameña, como diría Juan Posada de la Fundación MarViva al referirse a la importancia del patrimonio, ‘es fuente de alimentos, generador de empleo para la población y sitio para recreación, esparcimiento y turismo…'.

Esta idea, entendida como un conjunto, fue lo que llevó a un grupo de instituciones, organizaciones de la sociedad civil, empresas y a otros gestores a concebir una feria el pasado sábado con motivo de la celebración del Día Mundial de los Océanos. Pabellones, carpas, mesas, estandartes, banderolas, improvisados túneles de exhibición, músicos, muñecos y demostraciones gastronómicas, entre otros fueron los protagonistas del encuentro.

Con el título de ‘Ocean Fest' se convocó en la Cinta Costera a los entusiastas que con la jornada habrían de crear conciencia; ‘sobre el énfasis que debemos poner en cuidar y utilizar sosteniblemente los océanos y sus recursos para asegurar que su perpetuidad pueda ser aprovechada por las presentes y futuras generaciones', habría de expresar Ricardo De Ycaza, director de Costas y Mares del Ministerio de Ambiente.

Hubo un programa de charlas instructivas que fueron aprovechadas por los estudiantes, que como los del Colegio Leonardo Da Vinci de Chame, escucharon la exposición sobre el avistamiento de ballenas que dictó Shirley Binder de MiAmbiente o los chicos del Juan Pablo II de Las Cumbres, que recorrieron un espacio cerrado en que se mostraba cómo los residuos sólidos afectan la inmensidad del piélago y a las especies en el fondo.

La degustación tuvo su espacio con cocineros que instalaron sus implementos para preparar platillos poco tradicionales con peces como el bagre, la cobia, o el lenguado. MarViva compartió maneras de hacer palillos con la carne empanizada del primero; mientras que la empresa Open Blue Cobia, explicó hasta con un video captado en una mascarilla sobre las fincas marinas en el Caribe panameño y las posibilidades para la exportación.

Esta compañía emplea a algo más de doscientos empleados para producir mil quinientas toneladas de carne de cobia anualmente que se envía a Estados Unidos, Europa y se distribuye a algunos restaurantes locales, dijo Mary Ellen Walling, directora de Sostenibilidad, mientras un grupo de jóvenes insertaban trozos de la carne, hongos, cebollas y ajíes en los palitos para preparar brochetas, que luego probarían los visitantes.

‘Se necesitan más actividades sobre el tema marino; ellas sirven para que el público se entere de lo que está sucediendo y se hace en Panamá', dijo Ricardo Chang, de la Fundación Promar; mientras que Rosa Montañez de la Fundación Natura, se refirió a que ‘la conservación de los ecosistemas es importante porque su situación es crítica. Los océanos y la vida marina son una fuente vital de biodiversidad y para el consumo humano'.

Los asistentes a esta fiesta oceánica tuvieron la información y evidencia profusa en torno a esta inmensa zona azulada junto al país desde diversas ópticas y que no se puede vivir de espaldas a su realidad, que requiere un programa permanente de desarrollo. En este objetivo tienen un papel diferentes sectores de la comunidad. Este compromiso garantizará un futuro próspero a todos.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.