Temas Especiales

18 de Apr de 2021

Salvador Medina Barahona

Columnistas

Hacia la hora cero

‘[...] estamos en medio de la peor crisis de valores y gobernabilidad de esta era ‘democrática', caracterizada por la inequidad agobiante [...]'

Me declaro un pesimista en materia política; lo que, como ya sostuvo alguien, es lo mismo que decir un optimista [bien que mal] informado. Nada o casi nada de lo que hay sobre el tapete presagia cambios significativos a partir de junio de 2019, cuando los panameños estrenemos ‘nuevo' Gobierno. Los eslóganes de campaña, el lenguaje gestual de los candidatos y el cariz demagógico de sus declaraciones —con escasas excepciones— invitan, de momento, al desaliento.

Los planteamientos sensatos son casi nulos. Han sido suplantados, como tantas otras veces, por costosísimas vallas publicitarias, auspiciadas por benefactores comunes que lo mismo están con Dios que con el diablo. Ya empiezan a contaminar severamente el panorama, tanto o más maquilladas que la triste impresentabilidad ética de la mayor parte de los retratados. A propósito, sería bueno releer el apéndice de ‘Vidas escritas', de Javier Marías, donde hace un incisivo y pormenorizado análisis de sendos retratos de escritores famosos. ¡Sus rostros y poses dicen tanto; puede uno leer tanto en ellos! Seguro quedaríamos perplejos ante los resultados de un ejercicio similar con rostros y poses de nuestros flamantes candidatos, y de paso, si tenemos algo en la cabeza, nos abstendríamos de elegir o reelegir a decenas, o tal vez a cientos de ellos.

Se impone de nuevo la tendencia de una chatura propositiva, que tiene como fondo la falacia y nos mantiene y —si no hay un giro importante— nos mantendrá presos entre el populismo y el paternalismo, aupadores ambos de ‘ninis' y becarios universales fracasados, por decir lo poco. Cunde el bajo nivel de compromiso real: siguen prometiendo lo que de antemano saben no podrán cumplir. Al menos algunos están claros en el qué; pero sus cuándo y cómo distan mucho de hacernos creer en el cambio.

Y somos bombardeados con la metralla mediática (redes sociales, diarios impresos y digitales, radio, tevé, megáfonos en los barrios, papeles que van a dar directo a los basureros de casa) de un circo de figuras mesiánicas, oportunistas, a veces salidas de la nada, o procedentes de espacios y ejecutorias que no las hacen en absoluto idóneas para ejercer cargos públicos. Algunos, los bufones de siempre, no saben ni siquiera articular una oración simple, o demuestran una pobreza de lenguaje alarmante.

¿Augura todo lo anterior que de aquí al 5 de mayo surja, ya no la posibilidad de elegir a los menos malos de entre los malos, sino, antes bien, a aquellos que, a pulso de propuestas realistas y convincentes, con los atributos de una notable, comprobada honestidad y solvencia moral, puedan aplicar una gestión correctiva urgente, con visión de Estado, a este desastre institucional en el que estamos inmersos? Sostengo mi pesimismo: ¡todo parece indicar que no!

‘Yo no lo sé de cierto', como reza un verso del gran poeta mexicano Jaime Sabines; pero, por otra parte, los postulados a cargos de elección podrían estar a tiempo de plantearse (si aún no lo han hecho) o replantearse (si lo han hecho con insuficiencia, malignas ataduras con el poder oculto y/o clientelismos opresores) fondos, léase propuestas veraces, y por allí mismo formas más dignas y respetuosas de expresarlos a una población de votantes mucho más despabilada e inteligente de lo que ellos piensan. Aunque no podría meter la mano en el fuego por todos: bien sabemos que hay cada individuo ‘gobernado'... cuyas actitudes echan agua dentro del barco para que se hunda.

Podrían, en suma, traernos a la mesa una oferta electoral consensuada, cifrada en principios básicos de rigurosa transparencia; en la priorización resolutiva de las más apremiantes y evidentes necesidades; tanto como en la aplicación inmediata de medidas de austeridad en los órganos e instituciones estatales. Y sumar a ello la intención de validar e implementar, de una vez por todas, políticas que integren ese poco explorado y explotado renglón de las industrias culturales, que ha demostrado ser decisivo en el repunte y crecimiento sostenido de la economía global de otros países, tanto como el turismo.

Estamos a pocas semanas de la hora cero, gran oportunidad para que, en todos los niveles, los candidatos reorienten sus propuestas, las hagan más creíbles y empiecen a hacer mella en nuestro escepticismo.

Es probable, entonces, que recuperemos la confianza perdida, salgamos de nuestra también vergonzante abulia y nos animemos de una vez por todas a ejercer una ciudadanía proactiva y resiliente, empezando por las urnas; de modo que tanto gobernantes como ciudadanos vayamos limpiando las heces dejadas en el camino por la sarta de mediocres, ‘locos', juegavivos, neuróticos, payasos, cínicos, coimeros, testaferros y corruptos de toda laya que han venido usurpando la cosa pública en los últimos quinquenios, acentuadas en su peste por el barniz de nuestra incapacidad de actuar el rol que nos corresponde como habitantes responsables de un país en aprietos.

A nadie escapa el hecho de que estamos en medio de la peor crisis de valores y gobernabilidad de esta era ‘democrática', caracterizada por la inequidad agobiante, y, si no vamos corrigiendo rumbo, es probable que quedemos en manos de una imbatible fatalidad social. No habrá entonces proyecto de reformas constitucionales que nos rijan conforme a su Ley ni agenda política que nos sirva ni a la que podamos servir ni entorno económico que nos saque de la tremebunda desigualdad en que sobrevivimos, ni, mucho menos, sistema de justicia capaz de poner coto a los crímenes y delitos de los pillos de alto perfil y/o de los poderosos de siempre. Y no solo seguiremos siendo un país de pocos dueños, sino ¡ah, larga, oscura noche de pocos y estrechos sueños!

ESCRITOR

‘Los planteamientos sensatos son casi nulos. Han sido suplantados, como tantas otras veces, por costosísimas vallas publicitarias [...]'