22 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Favoritismo inherente del Código Electoral

JUBILADO DEL CUERPO DE INGENIEROS DE EE.UU.. S ucede que el ‘voto en plancha’ permitido por el Código Electoral vigente favorece a los ...

JUBILADO DEL CUERPO DE INGENIEROS DE EE.UU.

S ucede que el ‘voto en plancha’ permitido por el Código Electoral vigente favorece a los candidatos que, aunque tengan poquísimos seguidores, están inscritos en los partidos más votados. Esto resulta evidente si analizamos un sencillísimo ejemplo: Supongamos que un Circuito Electoral Plurinominal tenga derecho a cinco curules.

Supongamos también que el Partido A obtuvo 800 papeletas válidas a su favor, el Partido B obtuvo 600 y el partido C, 400. El total de papeletas sería 1,800. El cuociente sería 1,800/5 = 360 papeletas; y el medio—cuociente sería 180 papeletas. Considerando solo los cuocientes obtenidos, el Partido A recibiría dos curules, y los otros partidos recibirían una curul cada uno (c/u).

Supongamos, adicionalmente, que dos candidatos del Partido A atrajeron a aproximadamente 250 votantes c/u y los otros tres candidatos atrajeron a 100 votantes c/u (integrando las 800 papeletas del Partido A), que un candidato del partido B atrajo a 250 votantes, otro candidato a 200 votantes y tres candidatos a 50 votantes c/u (integrando 600 papeletas) y que un candidato del Partido C atrajo a 200 votantes y los otros cuatro candidatos sólo atrajeron 50 votantes c/u (integrando 400 papeletas).

Como el Artículo 327 permite que alguien vote por varios candidatos del mismo partido (en una papeleta), los cinco candidatos del Partido A recibirán cerca de 800 votos c/u, los cinco del Partido B cerca de 600 votos c/u, y los cinco del Partido C cerca de 400 votos c/u.

Además, el Artículo 326 estipula que los partidos que obtengan curules por cuocientes no tendrán derecho a curules por medio—cuociente; consiguientemente, el Partido A finalmente ganará tres curules, dos por cuocientes y otra por residuo (adjudicada a los candidatos más votados en el circuito, después de asignadas las curules por cuocientes y medio—cuocientes); y los Partidos B y C sólo ganarán una curul por cuociente c/u.

Paradójicamente, uno de los candidatos del Partido A que sólo atrajo a 100 votantes, pero que recibió los votos de cerca de 800 personas que ‘votaron en plancha’ por su partido, recibirá la curul por residuo, por encima del candidato del Partido B que atrajo a 200 votantes. Además, el Partido A, que obtuvo 800 papeletas, recibirá tres veces más curules que el Partido B, que obtuvo 600 papeletas.

En cambio, si el ‘voto en plancha’ fuera derogado y los partidos que obtuvieran curules por cuocientes también pudieran obtener curules por medio—cuociente, el Partido A finalmente ganaría dos curules por cuocientes, el Partido B ganaría dos curules, una por cuociente y otra por medio—cuociente, y el Partido C ganaría una curul por cuociente; o sea, una repartición de curules mucho más cónsona con las preferencias expresadas por los votantes.

Uno se pregunta cómo es posible que este favoritismo hayan permanecido desapercibido durante varias décadas, y la explicación más aceptable sería que, por un lado, los partidos gobernantes generalmente están en mejor posición para promover una corrección, pero, por otro lado, esos partidos también son los más grandes y favorecidos.

Finalmente, exhortamos a los magistrados del Tribunal Electoral a modificar el Código, para que los partidos que obtengan curules por cuocientes también puedan obtenerlas por medio—cuociente, y para que un elector sólo pueda votar por un candidato, como se estila en las democracias ejemplares.