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22 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La lealtad en tiempos de Jesús y ahora

En estos tiempos en que los cristianos conmemoramos la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, oramos y reflexionamos. Uno de...

En estos tiempos en que los cristianos conmemoramos la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, oramos y reflexionamos. Uno de los pasajes bíblicos que me impresiona siempre es el que hace referencia a la traición de Judas Iscariotes al Maestro. Inexplicable e inaudito, cómo Judas, uno de los apóstoles que siguió a Jesús durante toda su predicación por tierras de Judea y Galilea, traicionó al Maestro y lo entregó a los miembros del Sanedrín, lo besó en la mejilla para identificarlo y los soldados lo apresaron en un lugar, sin que los seguidores pudieran interferir su captura. Judas por su traición, —cuenta el conocido pasaje bíblico que ha motivado mi artículo— recibió como recompensa 30 monedas de plata, pero al poco tiempo se arrepintió y trató de devolverlas a los sacerdotes, pero como no se las recibieron, las arrojó en el templo, desesperado y, ante la magnitud de la delación, se suicidó ahorcándose.

La lealtad, en aquel tiempo y ahora, está fundamentada en valores éticos que nos obligan a no abandonar a nuestros amigos en los momentos difíciles, ni nos dejamos llevar por quienes nos invitan a traicionar a los amigos a cambio de dinero, poder, o por bajas pasiones del género humano.

En la vida diaria, la deslealtad se manifiesta cuando un amigo, un compañero, un colega, en fin alguien con quien hemos compartido momentos fáciles o momentos difíciles, nos traiciona. En aquél tiempo, hace 2000 años, Judas Iscariote no guardó la debida lealtad o fidelidad, pero su deslealtad lo llevó a la desesperación y a una profunda crisis espiritual.

En los viejos y nuevos tiempos, la lealtad es un valor ético y moral, que tiene que ser inherente intrínsicamente a la naturaleza humana. La lealtad tiene que ser siempre un sentimiento de apego, fidelidad y respeto que nos inspiran las personas que queremos, apreciamos o las ideas con las que nos identificamos.

Las personas leales poseen un alto sentido de compromiso y ello nos permite ser constantes en sus afectos y cumplidores de su palabra.

‘La piedad y la lealtad no te abandonan, átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón. Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y los hombres’. (Proverbios 3:34).

*CONSULTOR ADMINISTRATIVO Y FINANCIERO.