Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 21/09/2017 02:00
Panamá, es un país privilegiado por su enorme diversidad biológica, cultural y social, producto de la influencia y de manera más osada a la convergencia de un sin número de culturas que hemos adoptado como hermanas, las cuales con el pasar de los años han otorgado a nuestro país la calificación de Crisol de Razas.
Sentimos orgullo cuando escuchamos que nuestro país, gracias a su posición privilegiada, le permite a grandes buques portacontenedores atravesar una franja de alrededor de 80 kilómetros en un periodo que oscila entre 8 a 10 horas, pues contamos como país, con una de las más grandes maravillas de la ingeniería mundial, el Canal de Panamá.
Saltamos de alegría cuando en programas internacionales se señala que dicha obra catapultará a Panamá y sus habitantes a ubicarse en el sitial que se merece como país del primer mundo.
Pero, como siempre, surgen las siguientes interrogantes, hay agua en suficiente cantidad para soportar su operación ininterrumpida, teniendo en consideración que cada tránsito consume alrededor de 22 millones de galones de agua dulce, cantidad su ficiente para abastecer la demanda de agua de alrededor de entre 650 a 700 panameños durante todo un año.
¿Posee el agua destinada para el consumo de los panameños la suficiente calidad en cuanto a características organolépticas (temperatura, sabor, olor, color, turbidez, presencia o ausencia de microorganismos) para que la misma sea apta para su utilización como agente esencial en el desarrollo de la vida?
Es entonces, donde sin duda surge una enorme preocupación sobre la calidad que posee nuestra agua destinada para el consumo humano, pues reportes recientes evidencian que los cuerpos de agua, principalmente los mares, están involucionando de manera alarmante, a tal punto que se han comparado algunas de sus características a periodos donde se evidencia que todavía no existía la vida sobre la tierra; es decir condiciones de bajas concentraciones de oxígeno disponible. Dichas características demuestran cómo, gracias a las actividades antropogénicas, poco a poco influenciamos de manera negativa sobre nuestros cuerpos de agua y hacemos de los mismos un espacio inhabitable, además de un recurso inutilizable.
Surge entonces, nuevamente, la premisa inicial ‘agua para el comercio o agua para la vida', pues debemos dar a conocer, sin el deseo de incurrir en un caos colectivo, la necesidad imperativa de cambiar nuestra manera, tanto de pensar como de actuar, pues aunque existe en abundancia, en la actualidad en nuestro país el agua para consumo humano cada vez presenta características que la inhabilitan como recurso indispensable en el desarrollo de la vida sobre la tierra, pues hasta el momento los científicos no han podido encontrar una sustancia en la naturaleza que pueda reemplazar aún en su simplicidad química, H2O, las propiedades de la molécula proveedora de vida: el agua.
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