En busca de la sensualidad perdida

Llegó la hora de la cita y en la academia había un ambiente poco usual. En lugar de ropa deportiva, las mujeres, que de a poco iban lleg...

Llegó la hora de la cita y en la academia había un ambiente poco usual. En lugar de ropa deportiva, las mujeres, que de a poco iban llegando, estaban maquilladas y usaban unos shorts pequeñitos y tacones bien altos.

La ocasión, una despedida de soltera. En lugar de una reunión de mujeres con jueguitos y penitencias y la aparición de un stripper, las amigas de la novia decidieron regalarle y regalarse a ellas mismas una clase de bailes sensuales.

Mientras la novia llegaba empezó el calentamiento, no de los ejercicios sino de la fiesta. Cava rosada, unos quesitos, nada pesado pues les tocaría agitarse un poco. Empezó la repartición de accesorios de vestuario: boas de plumas, gorras con lentejuelas, orejas de conejitas, lentes oscuros.

La música empezó a sonar. Llegó la novia y se desveló la sorpresa. La instructora se fue preparando. Se quitó las sudaderas para permanecer en un conjunto muy sexy de licras negras y un top con aplicaciones de lentejuelas rojas que más bien parecía un corset.

La más joven de todas resultó ser la instructora.

La corta introducción sirvió para establecer que durante la velada se ofrecería un curso acelerado que incluiría movimientos de piso y baile con una silla. El tubo quedaría pendiente pues no se había instalado. Mientras se escuchaban los ‘qué lástima...’, lo que se veía eran caras de alivio. Y es que toma cierta valentía presentarse ante un grupo de mujeres desconocidas y, de buenas a primeras, hacer un baile sensual. Ahora imaginen enfrentarse al famoso tubo. Más de una ya había pensado, ‘Y, ¿si me caigo?, qué vergüenza...’.

‘Primero muéstrenme qué harían ustedes si les piden un baile sensual’, dijo Valeria y subió la música. Con cara de susto unas y de bochorno otras, cada una de las asistentes hizo su pequeño numerito, seguido de carcajadas que se escucharon en todo el salón. ‘Ninguna lo hizo bien’, dijo Valeria, para desesperanza de todas.

La primera lección: cuando se comienza, no se puede hacer pausa. No se puede empezar dos veces. Solo se tiene una oportunidad de lograr ese contacto y más que nada, se logra con los ojos. ‘Hay que mirar al hombre fijamente y mantener esa comunicación hasta el final. No puedes salirte del rol’. Luego pasó a demostrar ella misma cómo se hace.

Con los ojos se empieza, pero también hay que aprender a hablar con las piernas, las manos, el cabello, con los elementos que lleves puestos y que te vas a quitar.

Valeria empezó mostrándonos el caminado: con seguridad y firmeza, un paso frente al otro y mientras tanto, las manos recorriendo tu cuerpo, no ociosas a los lados de tus caderas.

Luego siguieron algunas rutinas cortas incluyendo detalles de cómo dar la vuelta, cómo agacharse hasta quedar arrodillada en el piso y cómo levantarse del piso, todo con la mayor elegancia y delicadeza.

En un momento la novia, con los ojos clavados en el espejo llegó a decir, ‘lo que estoy haciendo no se parece en nada a lo que está haciendo ella’ refiriéndose a Valeria. Otra de las asistentes exclamó, ‘yo creía que era sexy, pero me estoy dando cuenta que no...’.

En la segunda etapa de la clase se incluyó una silla. Habría que bailar alrededor de ella, subir una pierna, sentarse, levantarse y hasta jugar con ella. La tercera parte instruyó sobre cómo bailarle a un hombre sentado en esa silla. Hubo tiempo para que la novia hiciera un resumen de lo que había aprendido durante la jornada. En total fueron unas tres horas de un curso intensivo, motivación que hace que algunas chicas se inscriban en un curso que se imparte dos veces a la semana, por una hora.

Pero más allá del vacilón entre amigas y las risas, se trata de una actividad más comprometida que requiere de mucho entrenamiento si se quieren ver resultados de forma rápida.

CURSO DE SENSUAL DANCE

Quienes quieran aprender de manera más formal a moverse sensualmente lo pueden hacer a través de un curso bien estructurado que cuenta con tres niveles.

Las clases no incluyen solo el baile del tubo. También se enseña a hacer una rutina de baile en el piso, y con una silla. Se aprende cómo subirse a una silla, hacer un lap dance, cómo quitarse la ropa interior y cómo quitarle la ropa al varón. Las técnicas detallan hasta cómo mirar y cómo mover las manos.

Lo primero es la rutina de calentamiento. La música suena alto mientras la instructora da las indicaciones para los ejercicios de estiramiento, muy similares a posturas de yoga. Así se irá logrando la flexibilidad.

En algunas ocasiones se trabaja con bandas de resistencia pues quienes desean girar alrededor del tubo deben tener la suficiente fuerza en los brazos para sostener el peso de su cuerpo.

Luego se enseñan dos o tres pasos y con ellos se compone una rutina que incluya esos pasos que se vieron en la jornada. La clase termina allí. Al final del curso las estudiantes deberán armar una coreografía con las rutinas aprendidas.

‘La idea es que dominen los pasos y luego los vayan interpretando de forma fluida, ellas deciden cómo los van a utilizar’, afirma Valeria Rodríguez, instructora del curso.

Las que tienen más facilidad aprenden con mucha rapidez, otras demoran un poco más, pero de acuerdo con Valeria, pocas son las que desertan y no finalizan el curso.

‘No es cuestión de ritmo. He visto mujeres que no bailan nada, nada, pero cuando vienen acá lo hacen. Todo se enseña, no es cuestión de no saber bailar’, insiste.

Los tres niveles se pueden completar a lo largo de un año y al final de un curso se ofrece un certificado. Algunas de las graduadas han abierto sus propios espacios en otras academias. La actividad está entrando en auge.

EN BUSCA DE LA SENSUALIDAD

El estereotipo de actividad de night club se está perdiendo poco a poco. Las mujeres la miran con otros ojos por los beneficios que van adquiriendo: flexibilidad, fuerza, autoestima.

‘La mayoría de mis estudiantes lo que busca es entrenarse de una forma divertida. Vienen personas que no tienen esa constancia con el gimnasio que les aburren las rutinas de ejercicios, y con el pole dance y el sensual dance entrenas mucho los brazos, piernas y abdomen’, dice Valeria.

Es la primera clase para Yamileth, de 25 años. Se llevó una gran sorpresa al enterarse que de inmediato practicaría en el tubo. ‘Me habían dicho que es un buen ejercicio así es que además del baile conservas muy bien el físico, mantienes la figura’, dice. Y claro, lo sexy también tiene un atractivo. ‘Muchas me dicen que practican en casa lo aprendido y todo mejora con la pareja. También en algunos casos algunas mujeres que sienten que han perdido la feminidad, ese atractivo, vienen para desinhibirse’, asegura Valeria.

‘Vamos a hacer un repaso de la semana pasada’, indicó la instructora y las chicas se ubicaron en posición. Con el ritmo de ‘Rabiosa’, de Shakira, las estudiantes partieron con la rutina. Todo movimiento tiene una razón de ser, se trata de una puesta en escena, las chicas asumen un personaje que hace movimientos firmes pero delicados, agarran el tubo, caminan a su alrededor, giran tomadas de sus brazos y antes de llegar al suelo, han colocado los pies en una posición adecuada que les permita ponerse en pie automáticamente. Su mirada es fija, sus manos pasean por el contorno de su cuerpo; con un solo movimiento de cabeza, la cabellera toma el lugar adecuado.

Al finalizar corrigieron los errores, se hicieron las repeticiones, los afianzamientos, las preguntas y las respuestas. Superada la rutina, vienen los pasos nuevos, más poses, más giros. Se trata de un grupo que estudia el primer módulo.

‘Yo alenté a mi esposo a que me pagara el curso’, dice Carmen de Chalmers, de 42 años. ‘Aunque soy una señora tengo hijos y todo, este baile me hace sentir más sexy, mi estilo de caminar es distinto, una aprende cosas nuevas, a mi me encanta. La verdad, hasta me siento más joven, sientes que quieres ir a una discoteca donde hay un tubo y bailar’, dice convencida.

Carmen ya ha aplicado lo aprendido en casa. ‘Sí, le he bailado y le fascina, incluso me alienta. Por suerte no tengo un esposo machista que piensa que el baile no es propio, a él le encanta’, lo que hace que Carmen también disfrute de lo que hace. ‘Con el paso del tiempo, el trabajo, los hijos, la casa, una va perdiendo esa feminidad, la sensualidad y hay que darle un espacio’, asegura.

A Claudia Salcedo, de 36 años siempre le llamó la atención el sensual dance, por su representación de algo oculto o prohibido. ‘Claro que sé que no estoy haciendo nada prohibido, y es una buena forma de ejercitarme’, dice.

¿APRENDER A SER SENSUAL?

De acuerdo con la sexóloga Issa Farides, aunque muchas personas nacen con personalidades altamente seductoras que les facilitan ser sensuales, otras definitivamente tienen que aprenderlo explotando otras cualidades y características que ya poseen: ‘una sonrisa un poco más dibujada, una mirada más prolongada, un parpadeo un poco más lento, juegos con el cabello, en fin, un lenguaje corporal más estudiado y dirigido al objetivo de seducir’. En esto coincide con la instructora, ‘son habilidades que se adquieren’, dice Valeria. Ella misma las aprendió en muy corto tiempo.

¿Una chica de 20 años va a enseñar a mujeres de más edad a ser sensuales?

‘Lo que yo enseño es el baile, ellas van a aplicar ese baile como quieran. Lo que van a aprender es una manera de moverse y para hacerlo no importa qué edad tengas. He tenido alumnas hasta de 55 años y lo han hecho muy bien’, asegura.

La feminidad también se puede reforzar. ‘Es un rol de género que obedece a un aprendizaje cultural sobre los diferentes significados que se le asignan’, informa Farides. Uno de los aspectos que le dan significado al ser femenino es la delicadeza en muchos aspectos pero principalmente en los modales. Este es un rasgo que es tanto aprendido como heredado y en algunos casos congénito.

Además hay algunos otros beneficios involucrados en esta actividad. En cuanto a la vida sexual, ‘una apertura, conexión y/o reconexión extrasensual, mayor flexibilidad en los músculos pélvicos que están relacionados con el coito; estímulos de la fantasía sexual y juego de roles’, dice la sexóloga.

Una sexualidad desbordante, no debe confundirse con promiscuidad o ligereza, afirma Farides. Es más bien sinónimo de placer, satisfaccción, responsabilidad con su cuerpo y el de la pareja, autoexploración, autoconocimiento, inteligencia sexual y búsqueda de alternativas sanas que indiquen autocuidado. Implica también una buena comunicación sexual, buenos niveles de deseo sexual y su correcta canalización.

En lo psicológico, ‘favorece la autoconfianza y la autoimagen’ y en términos físicos, ‘se reciben todos los beneficios de cualquier actividad aeróbica: tonificación, fortalecimiento del sistema inmunitario, una mejor circulación sanguínea, mayor capacidad pulmonar y mejor respiración entre otros’, agrega Farides.

Bianca Tapia, propietaria de Pro Dance Academy incluye otros datos interesantes, como que ‘se queman de 300 a 500 calorías por clase’. Efectivamente se trata de una actividad muy exigente, dice la propietaria de la academia. ‘En principio es común quedar adolorida, pero quienes vienen sienten que trabajan, tonifican su cuerpo, este ejercicio forma la masa muscular. Y también es una manera de desinhibirse’.

Yamileth reconoció al final de la clase que ‘parece sencillo pero necesitas tener mucha fuerza en los brazos para mover tu cuerpo de forma uniforme. Vamos a ver cómo me va...’, dice la estudiante, mientras que Claudia espera finalizar el primer módulo del curso para ofrecerle a su esposo un show ‘como debe ser’.

PERIODISTA

Lo Nuevo