El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 a.m., hora local, y tuvo una profundidad estimada de 76 kilómetros
- 12/05/2010 02:00
PANAMÁ. Como si se tratara de carne animal llevada a un matadero y cuyos desperdicios son arrojados a la basura es la cruel realidad que reflejan los últimos hallazgos de cuerpos descuartizados. Dan fe de la copia de un patrón criminal.
Se trata de un nuevo lenguaje homicida que -hasta hace poco- solo era practicado en otros países de la región: México, Colombia, El Salvador, Guatemala y Honduras. ¡Llegó a Panamá...!
Desde sus orígenes, el hombre ha encontrado diversas maneras de expresar lo que siente, piensa y desea transmitir: primero desde las cavernas con su comportamiento troglodita y sus pinturas rupestres. Posteriormente fue evolucionando en las artes y distintos lenguajes.
La expresividad no se ha quedado estática en ningún ambiente. Los grupos humanos han transformado la forma de emitir mensajes y el crimen organizado, en Panamá, no es la excepción.
Hay muchas causas que originan estos crímenes atroces: mala distribución de las riquezas, falta de oportunidades laborales, desintegración familiar, mala jerarquización de los valores.
Todo ello se da la mano con la corrupción operante en los estamentos de seguridad del Estado, falta de una política agresiva de prevención y de una agenda que haga atractiva la educación a infantes y jóvenes, aunado a la posición geográfica de Panamá, más utilizada por los carteles internacionales frente a la débil seguridad en las entradas y salidas nacionales.
Todo este contexto parece estar conspirando contra la que ha sido la promesa más “cacareada” en las dos últimas campañas electorales: “¡Más seguridad!”.
“Los muertos hablarán”, al menos así lo expresó el sociólogo Gilberto Toro. “Se trata de mensajes que explicarán las causas de los homicidios.. Si fue por tumbe, soplón o traidor”.
La forma utilizada en la eliminación de una persona será un mensaje del móvil del crimen y de futuras acciones delictivas.
“Estados Unidos está hablando del tema como algo integral y todavía aquí no se encuentra esa fórmula. La parte débil del problema es la resocialización”.
En tanto, el psiquiatra Frank Guelfi manifestó que cuando se llega a estos niveles de conducta —descuartizamiento— hay “mucha dificultad para lograr éxito en la resocialización”.
Guelfi puntualizó: “No es una patología. Son personas que no les importa con las normas de la sociedad. ¡Ellos han creado sus reglas!”.
El o los descuartizadores -por el momento- no han sido capturados. Se encuentran presos en sus cavernas mentales, allí donde la conciencia no soporta su autojuicio y condena.
Mientras esto ocurre, el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, afirmó: “¡No es relajo!”.
La situación puede desencadenar peores consecuencias si los principales componentes de la sociedad no toman las riendas de las responsabilidades particulares. El país podría llegar a tener un ambiente criminal y de inseguridad similar al de naciones vecinas, donde el hallazgo de cuerpos descuartizados ya es parte de lo normal y cotidiano.