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- 17/05/2016 02:00
Ellos son el futuro de la ciencia en el país. Fueron becados por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) para hacer sus estudios de doctorado en algunas de las instituciones más prestigiosas del mundo.
Luego, regresaron a su país con ganas de aportar al desarrollo de Panamá con los conocimientos adquiridos, para encontrarse sin oportunidades de empleo o con puestos en instituciones investigativas, pero sin los fondos necesarios para hacer investigación.
Desde 2005, el incremento anual al presupuesto de la Senacyt puso en marcha algunos de los programas más importantes de la entidad. Sin embargo, después de 2013 esta tendencia dio marcha atrás.
Los jóvenes científicos del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat) expresan su preocupación por la falta de apoyo del gobierno hacia el desarrollo de la ciencia nacional. Especialmente porque el año pasado, cuando se redujo el presupuesto a la Senacyt, los principales afectados fueron ellos.
El presupuesto del Indicasat se redujo en 40%, pasando de 3.3 a 2 millones de dólares.
Una institución productiva
Todo esto ha ocurrido, aún cuando su planta de investigadores ha aumentado y se ha convertido en una de las instituciones de investigación más productivas del país, con más de 200 publicaciones en revistas científicas desde 2010. Además, han ganado fondos del Bill & Melinda Gates Foundation, el National Institutes of Health (NIH), National Science Foundation (NSF), y muchos más.
“Estos fondos vienen asignados a investigación y desarrollo (I+D) específicamente, lo que demuestra que somos competitivos internacionalmente”, destaca Rolando Gittens, quien cuenta con un doctorado en Bioingeniería del Georgia Institute of Technology.
A esto, agrega que gracias a investigadores del Indicasat se han liderado estudios con un impacto visible en la vida humana. Entre estas menciona una que terminó con la tuberculosis bovina en Panamá; así como otra en la que se logró extraer una molécula de corales marinos en Coiba, que ahora se encuentra en estudios preclínicos en Estados Unidos por su actividad anticancerígena. “Es una de las que más actividad ha tenido contra el cáncer en los últimos 17 años”, precisa.
El Indicasast además se encuentra en el proceso de mudarse a un edificio nuevo. “Este se debería convertir en el modelo a seguir en cuanto a laboratorios nacionales de investigación”, advierte Gittens. “Ahora ni siquiera sabemos de dónde va a salir el presupuesto para amoblar ese edificio”.
Doctores, ¿por el gusto?
“Yo estuve dos años trabajando en otras cosas, porque no había empleo cuando regresé a Panamá”, expresa Yila de la Guardia, doctora en Genética de la University College of London en 2014, pero no se unió al equipo de Indicasat hasta enero de 2016. Actualmente, investiga en el campo de la genética del envejecimiento. “¿Cómo le dices a una persona joven que se vaya a hacer un doctorado, si cuando regrese a Panamá no tendrá trabajo?”
Por su parte, Anilena Mejía —quien cuenta con un doctorado en Psicología Clínica de la University of Manchester y se especializa en prevención de violencia—, expresa que “todos nos fuimos e hicimos un sacrificio muy grande, pero uno lo hace pensando que al regresar desarrollará algo que cambiará la vida
de la gente”. Ahora se pregunta si tendrá el espacio y las condiciones necesarias en Panamá para hacerlo.
Gerald Moncayo, doctor en Inmunología Molecular de la University of Oxford e investiga sobre inmunología y cáncer, se limita a decir que se siente deprimido y desesperado con la situación. “Yo quiero trabajar, pero no puedo”, explica. “Casi nos están forzando a que volvamos a irnos”.
Armando Castillo (Neurobiología, University of Cambridge), concuerda y agrega que al llegar con tanta preparación a Panamá y encontrarse sin recursos para investigar, a los jóvenes les toca buscar opciones internacionales de financiamiento.
No pueden competir
Pero no es tan fácil. La competencia para obtener fondos internacionales es muy fuerte.
“Generalmente tenemos que estar asociados con grandes científicos internacionales”, destaca Zuleima Caballero, bióloga celular y molecular y parasitóloga, con un doctorado de la Universidad de São Paulo, en Brasil.
“Somos científicos en etapas tempranas de nuestras carreras, y en estos momentos el capital semilla local es el que nos ayudaría a probarnos como investigadores independientes”, agrega de la Guardia. Ya con esa base científica fuerte podrían estar al nivel que necesitan para competir a nivel mundial, pero sin fondos es imposible.
“Para hacer una ciencia buena, rigurosa y de calidad se necesitan recursos constantes”, puntualiza Mejía. “No solamente para comprar lo que se necesita, sino para que el investigador pueda tener paz mental y concentrarse en su investigación".
Inversión a largo plazo
Para Gittens, recortarle el presupuesto a la Senacyt significa destruir lo que se ha estado construyendo por tres administraciones gubernamentales distintas.
“Un país que está mirando hacia el desarrollo, tiene que invertir en ciencia e innovación”, asegura el Dr. Eduardo Ortega, vicepresidente de I+D en Vacunas para América Latina de GlaksoSmithKline. “El país ha crecido económicamente, pero no se ha desarrollado. Para poder desarrollarse, la ciencia y tecnología son áreas críticas”.
Por su parte, Castillo concluye que el gobierno debe entender que su inversión en I+D no generará retornos inmediatos, pues la ciencia trabaja a muy largo plazo. “Los países más desarrollados son aquellos que tienen mayor inversión en ciencia. Los resultados no se ven de inmediato, pero se ven”.