El color de la pobreza

No hay arcoíris. Mucho menos una olla de oro. Para quienes viven en carne propia el drama de la pobreza extrema, su mundo es en blanco y...

No hay arcoíris. Mucho menos una olla de oro. Para quienes viven en carne propia el drama de la pobreza extrema, su mundo es en blanco y negro.

Definida en términos simples como una condición económica ligada a la cantidad de bienes materiales que posee una persona, la pobreza también puede transformarse en un estilo de vida. Puede, incluso, convertirse en una coyuntura aprovechada por políticos privados de escrúpulos, que a cambio de dádivas se aseguran la lealtad y los votos de los más necesitados, los de la clase marginal, la infraclase; los pobres.

América Latina, de hecho, es una de las regiones más desiguales del planeta. En esta región se amasan enormes fortunas legales y no tan limpias, pero al mismo tiempo se encuentran cuadros dantescos de extrema pobreza con niños descalzos y personas que viven en casas de cartón, en medio de aguas residuales.

Para la cámara fotográfica resulta un desafío captar estas imágenes en tonalidades de grises, pero este parece ser el color de la vida de aquellos que de generación en generación transitan dentro de un círculo vicioso llamado miseria.

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