Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 19/06/2011 02:00
MÓNICA MIGUEL FRANCO
A veces las palabras que ya has escrito son las mejores que vas a poder escribir, y hoy, al enfrentarme a la pantalla en blanco me he dado cuenta de que estas palabras, que escribí en otro momento y para otro destino, son las perfectas para el aquí y el ahora. De modo que los que las hayan leído que las recuerden, y los que no… ahí van.
Si una madre es el inicio y el final de tu vida, si una madre es la que te calma, te alimenta y te acuna… ¿qué es un padre? Un padre son las manos. Manos fuertes y sabias, manos que arreglan lo que se rompe, manos que arman los juguetes. Es el héroe que cambia una rueda y el que sube al tejado para colgar las luces de navidad. Papá son las manos seguras y cálidas que te sostienen por la barriga cuando estás aprendiendo a nadar, es la voz que te tranquiliza mientras te dice, ‘patalea, que yo no te suelto’. Padre son los brazos que te sacan medio dormido del carro para llevarte a la cama después de un día en el río.
Padre son las manos que aferran la bicicleta corriendo tras de ti en el errático ambular de los primeros intentos de montar sin las rueditas, mientras te dice ‘mira adelante, mira adelante’. Padre es el que te enseña qué es un fuera de juego, el que te dice cómo debes agarrar el bate, cómo tienes que sujetar la bola para lanzar. Padre es de quien se presume con los amigos o a quien se señala con orgullo. Modelo a seguir o figura de referencia para los niños, nadie es más fuerte, más importante. Nadie es mejor que papá. Todo lo sabe. Todo lo explica. Todo lo puede.
Un día, tu padre se convierte en el ogro, el tirano cruel que te hace la vida imposible, al que odias por no permitirte ser libre, el idiota al que crees engañar cuando le explicas que te retrasaste porque un meteorito cayó delante de tu carro. El estúpido que te espanta a los novios, y te somete a un interrogatorio militar para saber a dónde vas, con quién y quien te va a llevar y a traer. Es el que te mira con ojos sabios cuando hablas de la vida como si hubieras vivido.
Pero cuando creces, te descubres pareciéndote a él, o buscando gestos suyos en todos los hombres con los que te encuentras. Y no, nadie será nunca como tu padre, ni siquiera tú. Ni siquiera ese hombre al que elegiste porque se parecía a él. O porque no se parecía en nada a él.
Padre es una palabra que le viene grande a muchos. Los que abandonan, los que maltratan, los que dan miedo, esos no son padres, esos fueron simples donadores de esperma, y no merecen que nadie pronuncie el nombre de papá refiriéndose a ellos. Un padre no es el borracho, el violento, o el ausente, un padre no es el que llega con regalos una vez al año, o aquel que compra tu afecto a base de efectivo. Padre no es el que te hace la tarea, sino el que espera a tú la termines solo, mientras te acompaña en silencio leyendo el periódico en el sofá. Un padre no es el que te engendró sino el que se desvela porque tienes fiebre o se levanta a traerte agua en el medio de la noche aunque tenga que madrugar al día siguiente. Un padre es el que no pide agradecimiento. El que se resigna a ser el odiado cuando te dice que no.
Un padre es tu escudo contra el mundo. Y el que te lanza a él para enseñarte a manejarlo, mientras te sujeta con fuerza desde atrás y repite: ‘¡mira hacia delante!’.