Teresita Mans: “Mi sueño es un teatro que construya comunidad”

  • 04/10/2026 00:00
Teresita Mans repasa su trayectoria en las artes escénicas, sus aprendizajes junto a reconocidos maestros y su apuesta por el teatro como herramienta para construir comunidad. La directora estrena Estocolmo mon amour, una comedia negra con actores de distintas generaciones

En Estocolmo mon amour —la comedia negra dirigida por Teresita Mans, que se estrena este mes—, uno de los personajes lanza una advertencia irónica y memorable: “Fíate de alguien que hace teatro. Son raros de cojones... Y saben mentir”.

Tras bambalinas, Teresita demuestra la razón de esa frase con su exigencia implacable durante los ensayos: “Hay que leer bien el texto, estar alerta, no descuidar el ritmo, dirigir la mirada, no olvidar la intención, usar el cuerpo, aprender a estar. ¡Es una comedia! Hay que ir al grano. ¡Hay que moverse!”.

Mientras los musicales dominan la cartelera, Teresita Mans apuesta por un teatro que explora el absurdo cotidiano, una realidad íntima capaz de cuestionar y provocar conversaciones sobre el cine, la literatura, la corporeidad, la intuición y la sugerencia.

El Visitante conversó con Teresita Mans sobre su trayectoria, sus motivaciones y el estreno de la nueva obra de su grupo, Teatro en Todas Partes.

¿Dónde te criaste y cómo comenzó tu interés por las artes?

Nací en Cali, hija de madre costarricense y padre panameño, con raíces indostanas y ecuatorianas. Tras completar su formación médica en Colombia y ante la difícil situación del país, mi padre decidió que regresáramos a Panamá. Así llegamos a Concepción, Chiriquí, un lugar que guardo en mi memoria por la libertad que allí experimenté y que marcó mi vida profundamente.

A partir de entonces, comenzamos un recorrido que nos llevó a Costa Rica, país que dejó en mí una huella cultural y artística imborrable. Por la especialización en patología de mi padre, seguimos viajando y acabamos en la antigua Zona del Canal, donde cursé la primaria en el sistema educativo estadounidense.

Regresamos nuevamente a Chiriquí, después nos mudamos brevemente a Estados Unidos y, finalmente, volvimos a la ciudad de Panamá cuando yo tenía unos 15 o 16 años.

Estos viajes me permitieron asistir a escuelas muy diversas, cada una dejando su marca en mi formación. Al graduarme, elegí estudiar periodismo, una carrera que sentía cercana a mis múltiples intereses.

Mi vínculo con el arte nació en la infancia. Mis padres nos llevaban al teatro y a conciertos desde pequeños. Todos mis hermanos estudiamos música —piano, violín, clarinete— y también ballet. Crecimos rodeados de arte, tradiciones panameñas y música típica. Personalmente, disfrutaba muchísimo vestir la pollera.

Teresita Mans, directora de teatro y fundadora de “Teatro en todas partes”.

¿Quiénes influyeron en tu carrera de actuación?

En primer lugar, la gran actriz panameña Ileana Solís. Durante casi dos años, Ileana dedicó su tiempo y generosidad a apoyar mi crecimiento artístico.

Más adelante, Edwin Cedeño se convirtió en una figura clave, enseñándome la dimensión técnica del teatro y la importancia de releer un libreto hasta desentrañar todos sus matices. Edwin me abrió las puertas de su extensa biblioteca y me animó a aplicar mis conocimientos musicales para diseñar el sonido en espectáculos performáticos. Junto a él trabajé como stage manager, asistente de dirección, coach y creadora de paisajes sonoros.

Después del año 2000, al empezar a trabajar de manera independiente, tuve la fortuna de estudiar internacionalmente con tres figuras fundamentales de las artes escénicas: Tage Larsen, del Odin Teatret, en Dinamarca, con quien profundicé en la dimensión física y la creatividad corporal; Luis de Tavira, exdirector del Teatro Nacional de México, quien me enseñó a mirar más allá de lo evidente; y Richard Armstrong, de quien aprendí la exploración de la voz.

Años después, llegó a mi vida Jesús Cracio, un gran director español de teatro íntimo, que me enseñó a ver y dirigir actores.

En Argentina, estudié con Ricardo Bartis y comprendí lo que verdaderamente se puede lograr sobre el escenario. Allí también me sumergí en el arte del clown junto a Guillermo Angelleli —fundador de un club de clown eminentemente político— y Luciano Caferri.

Sus enseñanzas me ayudaron a comprender y abrazar la vulnerabilidad del actor, y a trabajar con el error. Es un concepto del que se habla mucho, pero vivirlo exige estar completamente presente: la técnica existe, pero debe volverse invisible. Y eso lleva tiempo.

Maestros de escuela dedicados al crimen en la obra “Estocolmo mon amour”.

¿Cómo se desarrolló tu trayectoria como educadora y mentora en el teatro?

Mi camino como educadora comenzó siendo acting coach en varias obras dirigidas por Edwin Cedeño. En el teatro La Quadra, donde Edwin ejercía como director, impartí clases de cuerpo y expresión.

A partir de esa experiencia, empecé a gestar proyectos con un enfoque pedagógico. Junto a Mariela Aragón Chiari creamos Proyecto La Bruja, una iniciativa para ofrecer talleres de teatro. Más adelante, desarrollé con el actor y director Carlos Algecira el Laboratorio Teatral y, finalmente, consolidé mi visión personal al fundar Teatro en Todas Partes.

Un pilar fundamental en este camino fue el espacio que me brindó Peggy Bousonis en el Centro de Artes Escénicas. Allí asumí la enseñanza de actuación para niños y adolescentes, que luego se extendió también a adultos. Además, fui acting coach de bailarinas que viajaban a competencias internacionales.

A lo largo de los años, he tenido el privilegio de ser mentora de artistas como Winnie T. Sittón, actor, director y dramaturgo ganador del Premio Ricardo Miró; César Robles, director creativo del Teatro Nacional; Peggy Bousonis, actriz, bailarina y productora; Rita Silvestre, actriz, bailarina y presentadora; Joana Girón, actriz de cine y docente en Ganexa; Arinda Palacios, actriz y artista; y Natalia Zisópulos, cantante, actriz y artista visual.

A menudo mencionas el teatro comunitario. ¿Qué significa para ti este concepto?

Afiche de Estocolmo mon amour.

Para mí, la enseñanza se extiende de manera natural hacia el teatro comunitario, que entiendo no solo como una disciplina artística, sino como una herramienta fundamental para tejer lazos sociales.

El teatro es, en esencia, una gran comunidad, por todo el esfuerzo colectivo que requiere cada producción. Esta práctica, sin fines de lucro, busca abrir espacios donde vecinos y personas cuyas vidas están entrelazadas puedan emplear sus talentos para reencontrarse y reflexionar juntos sobre realidades sociales, como el racismo y tantos otros problemas que afectan nuestro entorno.

Integro estos principios en Teatro en Todas Partes para no perder la esperanza y construir comunidad en todos los niveles.

Anhelo crear espacios para personas jubiladas, que tras retirarse de la vida laboral necesitan rehacer conexiones y mantenerse activas a través de un proceso artístico adaptado a sus propios ritmos.

Mi sueño es un teatro que construya comunidad.

Estás por estrenar la obra Estocolmo mon amour. Háblame de ella.

Su autor es el catalán Marc Egea. Es una comedia de enredos, confusiones y humor negro. Relata la historia de un peculiar grupo de personas que intenta hacer un secuestro creyendo tener el plan perfecto, para descubrir que todo sale mal debido a sus propias excentricidades.

Se estará presentando del 16 al 31 de octubre en el Teatro Artemisa, en Soho Mall, que, bajo la batuta de Lissette Condasin, nos viene apoyando desde hace años.

El elenco lo forman Alejandra Aybar, Rolando Santamaria, Stephanie Lezcano, Ashley Núñez, Nathalie Zisopulos, Adriana Ábrego y Humberto Vélez. La iluminación es de Fernando Navarro.

Escogimos Estocolmo mon amour porque buscábamos una obra que permitiera al grupo seguir formándose mientras nos divertíamos en el escenario.

La pieza es un punto de encuentro entre exalumnos del grupo que aman el teatro, pero no pueden dedicarse a las tablas tiempo completo; estudiantes que están por graduarse de la universidad; y un actor invitado, Humberto Vélez, conocido por su trabajo en otras ramas de las artes y con quien compartí momentos artísticos en nuestra juventud.

La obra es una comedia que combina a actores de distintas generaciones para hablar del absurdo, la bajeza, la ambición, pero también del amor y los sueños.

Estocolmo mon amour, escrita por Marc Egea y dirigida por Tere Mans, es una producción de Teatro en Todas Partes y se presenta del 16 al 31 de octubre en el Teatro Artemisa, en Soho Mall.

El autor es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

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