Milko Delgado: florecer más allá de los límites del cuerpo

  • 12/10/2026 00:00
¿Qué ocurre cuando aquello que separa se convierte en soporte para la vida? A través de esculturas, entramados y naturalezas imaginadas, Milko Delgado cuestiona las fronteras que ordenan los cuerpos y explora la identidad como un proceso constante de transformación

Los cuerpos aprenden a crecer entre aquello que los contiene. Se enredan, se adaptan y se desbordan, porque la vida siempre encuentra cómo exceder sus límites y florecer incluso en terrenos hostiles. Esa tensión recorre Eterno florecer de un cuerpo encantado, la primera exposición individual institucional de Milko Delgado, cuya práctica explora las relaciones entre cuerpo, territorio y naturaleza desde experiencias cuir y disidentes.

Presentada en el Museo de Arte Contemporáneo, la muestra reúne esculturas y entramados que parecen organismos en plena transformación. Lianas, estructuras vegetales y cuerpos de apariencia fantástica se extienden por el espacio y construyen un paisaje que resulta familiar y extraño al mismo tiempo. En él conviven el potrero panameño, las cercas rurales, los tembleques y las posibilidades de imaginar una naturaleza distinta.

La exposición nace de una relación con el entorno que antecede al proyecto. La infancia de Delgado en Chiriquí, los jardines compartidos con su madre y sus abuelas y la cercanía al campo forman parte del imaginario desde el que construye su obra. La naturaleza no funciona únicamente como referencia visual: también es una forma de pensar la identidad, sus transformaciones y su resistencia a las categorías rígidas.

“Creo que la relación con la naturaleza siempre ha estado presente, de alguna forma, en mi práctica artística. Esta cercanía viene, sobre todo, de mi historia personal y de mis experiencias de vida. [...] En algunos momentos, esa relación me ha servido para hablar de la explotación de la naturaleza y del extractivismo. En este caso, el florecer aparece como un espacio de transformación constante, particularmente de la identidad”, explica Delgado.

La identidad, en este universo, no es una estructura fija, sino un proceso que cambia, se rompe y vuelve a germinar. La experiencia del artista como persona no binaria atraviesa la exposición sin reducirla a una narración autobiográfica: su vivencia se convierte en una herramienta para cuestionar los sistemas que clasifican los cuerpos y determinan qué formas de existencia resultan aceptables.

“Estoy empezando a vivir desde un lugar más cercano al no binarismo y a reconocerme como una persona no binaria. También rechazo las formas rígidas de construir las identidades, esas que plantean que las cosas tienen que ser blancas o negras, una cosa o la otra. (...) Entiendo la identidad como algo más flexible, performativo y susceptible de construirse y deconstruirse, también en función de la búsqueda espiritual de cada persona”, señala.

Ese cuestionamiento se materializa especialmente en el uso del alambre. En las esculturas, el material se dobla, se entrelaza y adquiere formas orgánicas. Entre perlas, torsiones y entramados, aparecen referencias al tembleque, el adorno tradicional asociado a la pollera panameña, junto al alambre de púas, empleado habitualmente para delimitar terrenos y mantener los cuerpos a distancia.

El encuentro entre ambos materiales desplaza sus significados. Lo ornamental adquiere una dimensión amenazante y aquello que estaba destinado a separar se transforma en soporte para el crecimiento. La belleza invita a acercarse, pero la posibilidad de herirse recuerda que esa proximidad nunca es completamente inocente.

Para Delgado, trabajar con el alambre supone negociar con su resistencia y aprender a escuchar sus posibilidades. “Aprendes a relacionarte con un cuerpo, con un material que se comporta de una determinada manera. Se establece un diálogo. Creo que ahí aparecen distintas formas de entender el arte: por ejemplo, entender el material como otro cuerpo que reacciona y se comporta de una manera particular. Yo soy otro cuerpo que busca establecer un diálogo y una relación con él”, señaló.

La manipulación exige atención constante: saber cuándo ceder, cuándo insistir y cuándo permitir que la materia marque su propio recorrido. El proceso escultórico se aproxima así a una práctica corporal, casi meditativa, en la que la respiración y el movimiento forman parte del trabajo. La transformación no ocurre mediante el dominio absoluto del material, sino a través de una negociación con sus límites.

El tembleque también adquiere una dimensión política. Delgado parte de su técnica artesanal para explorar nuevas posibilidades formales y cuestionar las ideas de autenticidad que suelen acompañar a las representaciones de la identidad nacional. El artista no pretende despojar al objeto de su historia, sino mostrar que las tradiciones son el resultado de intercambios culturales y procesos históricos complejos, incluidos aquellos atravesados por la colonización y la violencia.

“Un objeto como el tembleque, que hoy se asume como parte de la identidad nacional panameña, es el resultado de un proceso histórico. [...] La cultura se construye mediante intercambios de fuerzas, imaginarios y procesos que muchas veces también son violentos”, reflexiona. Desde esa perspectiva, apropiarse de un símbolo cultural puede convertirse en una forma de reinterpretarlo sin renunciar al respeto por su procedencia.

La exposición también incorpora la contradicción como una manera de habitar el presente. En Dios bendiga este infierno, Delgado borda a mano una frase que confronta las ideas de lo divino y lo terrible, del paraíso y el sufrimiento. El infierno puede ser íntimo, político o colectivo; puede encontrarse en las estructuras sociales que excluyen determinados cuerpos o en la dificultad de reconocerse dentro de un mundo que exige identidades estables.

“Quizás el momento en el que produje esa obra coincidió con una etapa de oscuridad personal, pero también con un momento en el que estaba encontrando más paz al habitar un mundo que puede estar sumido en el caos. Me interesaba pensar desde qué lugar puedo cohabitar con un infierno o con un apocalipsis que son reales y que están sucediendo”, explica.

Esa apertura también se expresa a través de Eterna, un personaje que llega a la Tierra y termina capturado por el Gobierno panameño. Su mirada introduce una distancia desde la que las convenciones humanas dejan de parecer naturales. Las categorías con las que se ordenan los cuerpos y se delimitan las posibilidades de existencia aparecen, entonces, como construcciones susceptibles de cambiar.

“La idea de cuerpo encantado remite a un cuerpo que el sistema desprecia de alguna manera. [...] Pero no se trata solamente del cuerpo que el sistema rechaza. También me interesa pensar qué surge, a nivel creativo y espiritual, de ese cuerpo que trasciende las normas y decide encontrar su propio camino, su propia forma de florecer en medio de un sistema que lo oprime constantemente”, afirma Delgado.

La producción de la muestra estuvo marcada, además, por una interrupción inesperada. La residencia artística en Pivô, en Brasil, que Delgado obtuvo tras ganar el primer lugar en el Premio de Arte Joven MAC Panamá x Mercantil, tuvo que terminar antes de lo previsto por motivos de salud. Durante la recuperación, la lectura, la investigación y el trabajo manual se convirtieron en formas de sostener el proceso creativo. Posteriormente, el museo facilitó a Delgado un espacio de trabajo en La Bóveda, donde pudo desarrollar las piezas a gran escala y adaptarlas a las características del lugar.

El espacio expositivo dejó así de ser un mero contenedor para participar en la construcción de las obras. Las esculturas crecieron en relación con la sala, modificando sus dimensiones y recorridos a medida que avanzaba el trabajo.

En Eterno florecer de un cuerpo encantado, el cuerpo del título no pertenece a una única figura. Puede ser Eterna, el artista, las personas cuir y trans, las naturalezas imaginadas o las propias esculturas. Todos comparten una condición: no terminan de fijarse y permanecen abiertos a la transformación. Quizás florecer consista precisamente en eso: no alcanzar una forma definitiva, sino conservar la capacidad de desbordar las condiciones del presente.

Milko Delgado
Artista
Me interesa pensar qué surge, a nivel creativo y espiritual, de ese cuerpo que trasciende las normas y decide encontrar su propio camino, su propia forma de florecer en medio de un sistema que lo oprime constantemente.”
Lo Nuevo