56 días por el Perú profundo

Carretera Huánuco-Pucalpa (1938). Colección privada Jean Pierre Lemmonier | Cedida
  • 24/10/2026 01:44

Desde hace poco más de un siglo la integración territorial, particularmente la terrestre, se convirtió en una prioridad de los países latinoamericanos. Sus gobernantes, democráticos o no, empezaron a tender redes de comunicación desde y hacia la capital nacional como iniciativas nacidas desde el Estado porque, en paralelo, habían surgido ejes carreteros en zonas productivas específicas para productos determinados -impulsados por la actividad privada, muchas veces transnacional- que operaban como corredores aislados del desarrollo nacional en su conjunto.

En mayo de 1927, con la legítima aspiración de impulsar la conectividad territorial y bajo el lema “las carreteras son el porvenir del Perú”, el entonces Ministro de Fomento, Ernesto Sousa, emprendió un viaje de inspección, por tierra, de las rutas y caminos en construcción en el sur del país de los incas. La travesía tomó cincuenta y seis días, significó recorrer dos mil quinientos kilómetros de todo tipo de pista o calzada uniendo siete departamentos: Arequipa, Cuzco, Puno, Apurímac, Ayacucho, Ica y Lima. La logística del recorrido estuvo a cargo del alférez del ejército Javier Luna que coordinó con las autoridades y parlamentarios de las siete capitales provinciales mientras que el reportaje y el testimonio fotográfico estuvo a cargo del periodista Carlos Villena de la revista semanal “Mundial” de tiraje sudamericano; el cuarto pasajero fue el galeno Carlos Bush, estudioso del mal de altura o “soroche”.

Para esta proeza automovilística escogieron un Ford al que pusieron el simbólico nombre de “El Precursor” que fue transportado por el buque “Bologna” desde El Callao hasta el puerto de Mollendo (Arequipa) desde donde empezó el “raid”. En la ciudad de Arequipa, Sousa inspeccionó las obras de agua potable y alcantarillado que realizaba la “Foundation Co.”, la carretera de Arequipa a Sotillo y las obras de irrigación de Caima y Cerro Colorado. Para estos tramos de recorrido estuvo acompañado por el diputado Cossío, el alcalde arequipeño Emmel y el ingeniero Gilardi, director regional de fomento.

En el Cuzco, después de atravesar la cordillera, inauguró la carretera de La Raya a Puno y de esta ciudad a la capital imperial; inspeccionó los trabajos del ferrocarril del Cuzco a Santa Ana, los trabajos de canalización de río Huatanay, inauguró las obras de agua y alcantarillado de Cuzco y recorrió las carreteras de Urubamba a Huambutio, de Cuzco a Ccorccor, de Cuzco a Sacsayhuamán y de Oropesa a Lucre. En el límite departamental de Cuzco y Puno, Sousa celebró un encuentro con los diputados Alonso, Noriega, Cáceres, Pancorbo, Lizares y Quiñones, representantes legislativos de ambos confines. En ese punto se une a la expedición el diputado por Abancay, Enrique Martinelli, que sería el anfitrión de Sousa cuando lleguen a Apurímac.

En Puno, acompañado del prefecto Cárdenas García, inspeccionó la carretera a Moquegua, la de Ilave a Tarata, la de Puno a Tuquillaca y la de Puno a Desaguadero en el Lago Titicaca, allí navega por el lago no sin antes saludar a las autoridades fronterizas de Bolivia. De regreso a territorio peruano inaugura el campo de aviación de Acora y la casa parroquial de Yunguyo. Decide regresar a Cuzco para partir de allí hacia Apurímac pasando por la granja modelo de Chiquibambilla. En el límite de Cuzco con Apurímac, sobre el puente de Tablachaca, el diputado cuzqueño Abel Montes, en acto simbólico, entrega el cuidado de la delegación a Martinelli y a los ingenieros de caminos Portaro, Castañeda y Boluarte.

En ruta hacia Apurímac llegó hasta Sullupuquio último punto de la carretera asfaltada, desde ahí será solo ruta afirmada, empezando el verdadero raid de aventuras que significó atravesar nuevamente la cordillera de los Andes por terrenos inhóspitos a más de tres mil metros de altura. Al llegar a Abancay, capital de la provincia, inaugura la ruta Abancay-Puquio a 4500 metros sobre el nivel del mar, inspecciona el tramo Abancay-Matará emprendiendo luego el regreso a Lima a través de la puna de Pampa Chiri donde, el 4 de julio, le sorprende una nevada de diecisiete horas como anotó en su bitácora el periodista Villena. Ese camino llevó a Sousa y a su delegación hacia el departamento de Ayacucho, acampan en Pachas a la intemperie, llegan a Cabana y, finalmente a Puquio. De allí siguen a Nazca, en la costa de Ica, constantemente inspeccionando la trocha abierta. Allí hacen el mantenimiento de “El Precursor” que el alférez Luna mantenía, con gran celo, constantemente operativo. En Ica, Sousa inspecciona las obras de la carretera Nazca-San Nicolás, de la de Ica a Castrovirreyna, de Pisco a Chincha, de Chincha a Cañete donde se detiene para tomar un desvío e inspeccionar los trabajos de la carretera Yauyos-Huancayo desde donde regresaron a la costa. Villena anotó en su cuaderno, en tono de broma, que “El Precursor” no pagó el impuesto de rodaje de uso de caminos. Sousa y su equipo llegaron a Lima el 12 de julio ingresando a la capital por la entonces novísima avenida Leguía (hoy, avenida Arequipa). La información del viaje de promoción e inspección fue publicada poco después en “Mundial” (nro. 378, Año VIII, octubre 1927). Lamentablemente, Sousa fallecería cuatro meses después cuando realizaba otro recorrido de inspección de las carreteras. Enfermó en Colquijirca, muriendo en Smelter (Pasco), a cuatro mil metros de altura, el 25 de noviembre de 1927 (Pérez, 2015).

El homólogo panameño en cuanto a rol, sacrificio y obsesión por recorrer el terreno construyendo carreteras fue el ingeniero Tomás Guardia, un profesional de botas y sombrero. Lideró expediciones en condiciones extremas y climas tropicales hostiles, trazando rutas donde solo había selva virgen (Guardia, Estrella de Panamá, 2021). Ejemplos, ambos, de compromiso nacional.

* El autor es secretario general de la cancillería peruana