Amistad Latinoamericana

Puente de Fierro, Arequipa, 1959, Colección Privada Jean Pierre Lemonnier. Cedida
  • 21/03/2026 15:43

Rafael Heliodoro Valle, insigne intelectual hondureño formado en México, inició su carrera diplomática en 1914 como integrante del consulado de su país en Mobile, Alabama. Entre 1949 y 1955 fue embajador de Honduras en los Estados Unidos, labor que combinó con sus numerosas actividades culturales. Estas experiencias le permitieron construir una geografía simbólica a través de la diplomacia. En su afán de divulgar sus principios americanistas realizó numerosas entrevistas a distintas personalidades continentales. Una de ellas fue Octavio Méndez Pereira.

En la revista de la Universidad de México (1949) fue publicado el encuentro con Octavio Méndez quien fue también diplomático “habiéndose desempañado como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Panamá ante los gobiernos de Francia e Inglaterra y realizó misiones diplomáticas en Chile y Cuba. Abogó incansablemente por la fundación de la Universidad de Panamá que se logró en 1935, siendo Rector de la misma desde su creación hasta 1954” (UNAM, 2025). Sin embargo, poco se conoce acerca del papel desempeñado por Enrique García Bedoya, encargado de negocios del Perú en Panamá en la década de 1930, que, gracias a la amistad sostenida con ambos, concilió las agendas de estas dos egregias figuras para hacer realidad un histórico diálogo. Enrique García había conocido a Méndez Pereira en 1936 cuando el Perú decidió apoyar la candidatura del panameño a la subdirección de la Unión Panamericana (Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Caja 5-20-A, of.6,1936). García estuvo en el istmo hasta finales de 1937 en que fue reemplazado por Cúneo Harrison. A pesar de la distancia, la amistad perduró.

La conversación político-cultural entre Méndez Pereira y Valle que fuera publicada en México aconteció, sin embargo, cuando el embajador peruano en Panamá era Emilio Ortiz de Zevallos, lo que testimonia que la cultivada amistad entre García y el rector Méndez era de casi quince años, superando fronteras como suele acontecer en la vida diplomática.

En la entrevista, Valle señala que conoció a Méndez Pereira en Lima, en 1924, con ocasión del bicentenario de la batalla de Ayacucho “que selló la libertad de América”. El diálogo de inició intercambiando impresiones sobre las universidades más antiguas de Latinoamérica. Haciendo gala de erudición barajan datos históricos sobre la principal casa de estudios en México, Santo Domingo y Lima. Finalmente, Méndez Pereira zanjó la discusión afirmando que las dos primeras “también las cerraron; de modo que, a mi juicio, tiene primacía la de San Marcos” de la ciudad de Lima. A continuación, abordan el asunto del intercambio cultural en el continente. Si bien Méndez Pereira indicó que los resultados no son alentadores, le confesó a Valle que estaba trabajando en un nuevo proyecto: una revista universitaria interamericana liderada desde Panamá. Así, señala que se trata de una responsabilidad compartida y rotativa agregando que “está resuelto que debe desarrollarse en esta forma: la de Colombia publicará el primer número, dos meses después la del Perú [San Marcos], y así sucesivamente, de modo que cuarenta meses después, la de Colombia tendrá que editar otro número. Cada edición recogería las investigaciones universitarias más notables”. El punto es que el asunto interesó tanto a Valle que pensó sumar también a la universidad de Honduras.

El aludido convenio -que en el lenguaje jurídico actual corresponde al de un acuerdo interinstitucional- involucró a Colombia, Panamá y Perú. “Es un convenio práctico, pues cada catedrático sigue disfrutando el sueldo de su universidad; ésta le paga los gastos de viaje y al regresar recibe el título de ‘profesor honorario’. A medida que otras universidades se incorporen al plan, será posible dar un gran paso al servicio de la cultura en nuestro continente. Debemos tener fe en lo que se acuerde durante el Congreso de Cultura Superior” (evento que debía realizarse en la universidad de Caracas en 1951 por iniciativa del intelectual Jorge Mañach).

Valle y Méndez Pereira coinciden en que la universidad debe ser una mentora de ideas y es ahí cuando rememoran el encuentro universitario de Lima de 1908. “En aquella ocasión -expresa Méndez Pereira-, lo recuerdo muy bien, nos reunimos Juan Antonio Buera del Uruguay; Nelio Rojas de Argentina; Roberto Barrios de Nicaragua; José Gálvez del Perú [más tarde cónsul en España en 1918], quien fue el autor del Himno a la Juventud; y Francisco Gálvez Portocarrero, de Guatemala. Por Panamá también éramos Juan Montes, J.J. Vallarino, que acaba de retirar su candidatura presidencial, y yo”.

Valle concluye este diálogo afirmando que Méndez Pereira “es la personalidad más vigorosa que ha producido Panamá. Siendo ministro de Instrucción Pública, fundó 80 bibliotecas en el interior del país, más de 300 escuelas rurales, el Museo Nacional, la Escuela Profesional de Mujeres, dos escuelas normales rurales y la universidad”. Como rector lanzó una visión futurista que setenta y siete años después mantiene su vigencia “la misión de la universidad ha de ser superior a la de otorgar títulos o dar patentes de sabiduría: tiene que dar y hacer cultura, capaz de encarnar e interpretar los problemas que plantea la transformación incesante de las ideas y de la vida”.

Una fascinante entrevista que fue posible por la circunstancial admiración de un diplomático peruano por la obra de dos figuras de la intelectualidad americana.

El autor es exembajador del Perú en Panamá