Bolívar y el Congreso de Panamá

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  • 16/06/2026 00:00

Simón Bolívar, exiliado en Kingston, en su carta de Jamaica de 1815 menciona al Istmo de Panamá: “Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras partes del mundo”. Calculaba Bolívar en dicha carta que 16 millones de hispanoamericanos (en un continente que contaba casi el doble), aspiraban a la unión. En adelante el pensamiento del Libertador evolucionará de acuerdo con nuevas posibilidades y también con las cambiantes circunstancias geopolíticas.

Desde 1821 hasta 1825 sigue Bolívar madurando el concepto de unidad en cartas a mandatarios de la región y mediante acuerdos con varios Estados hispanoamericanos. Hasta propuso la asociación de Chile, Buenos Aires (Argentina), Perú, Colombia y México que sería “asombro para Europa”. Finalmente, logró concertar en 1822-1823 tratados de “unión, liga y confederación perpetua” entre Colombia, Perú, Chile y México, y otro de “amistad y alianza defensiva” con Buenos Aires en 1823. Con las Provincias Unidas de Centroamérica lo hizo en 1825. Mediante un tratado de julio de 1822, Colombia y Perú se comprometieron a preparar el Congreso de Panamá. Los delegados peruanos llegaron a nuestra capital en julio de 1825 y los colombianos en diciembre. Los demás, desde marzo de 1826.

Sorprendió la propuesta del presidente Rivadavia, en Buenos Aires, de apadrinar el proyecto de Portugal de convocar un Congreso en Washington para formar una especie de confederación contra la Santa Alianza europea. Sería con las nuevas repúblicas americanas, además de España, Grecia y Estados Unidos. Preguntamos: ¿Era la Santa Alianza una amenaza para la región con la nueva doctrina Monroe de 1823?

En 1825 el Libertador pensaba en un Congreso panameño que tratara también el caso de la Banda Oriental (Uruguay) en conflicto entre Brasil y Buenos Aires, la conformación de un ejército de al menos 100 mil hombres con una marina común, una diplomacia concertada y abolir la esclavitud. No creía conveniente invitar a Estados Unidos, Brasil y Buenos Aires, tarea que hizo, sin su consentimiento, el jefe del Ejecutivo encargado en Bogotá, Francisco de Paula Santander. Bolívar tenía un concepto del Estado fuerte, centralizado, y Santander, de federalista. Ambos terminaron por chocar y Santander, acusado de conspirador, fue desterrado en 1828 para regresar después del fallecimiento de Bolívar en 1830.

El secretario de Estado Clay (del presidente Adams) otorgó mucha importancia al Congreso y preparó cuidadosamente la participación estadounidense. Su representante tenía instrucciones de sembrar la discordia entre sus colegas y evitar toda alusión a la esclavitud y a la independencia de Cuba y Puerto Rico, pero murió en camino. No llegó el brasileño, representante del imperio de Pedro I, esclavista y aliado de Inglaterra, en guerra con Buenos Aires que no vino como tampoco vinieron Bolivia, Chile y Paraguay. Todos temían el poder y la influencia de Bolívar.

Para algunos historiadores 1826 fue el año cumbre de las utopías del Libertador: La Constitución para Bolivia (considerada dictatorial) y el Congreso de Panamá.

Indalecio Liévano Aguirre, el gran historiador colombiano publicó la biografía titulada BOLÍVAR. Allí celebra “el acierto con que procedió el Libertador cuando se opuso a que se diera a la Confederación un carácter panamericano e insistió en las ventajas de limitar su radio de acción a los Estados del centro del hemisferio”. Eran Colombia, México, Perú y Centroamérica. Finalmente, quedó reducida a solamente la Gran Colombia que terminaría rápidamente en dislocarse al separarse Venezuela y Ecuador en 1830.

La salida del canciller mexicano (del presidente Victoria), el conservador Lucas Alamán, justo antes de iniciarse el Congreso, permitió que su sucesor acercara México a las posiciones de Bolívar. Sin embargo, los resultados de tres semanas de discusiones en el Congreso de Panamá que fueron tan acaloradas como el clima del Istmo, decepcionaron al Libertador todavía en Lima. A un mes de viaje marítimo Panamá-Callao, Bolívar recibió tarde la mala noticia de su Congreso panameño y lamentó amargamente haber “arado en el mar”.

En septiembre de 1826 Bolívar dejó Lima y retornó a Bogotá mientras que el general Páez trató de separar a Venezuela de la Gran Colombia; el año siguiente los peruanos derogaron la constitución vitalicia y el Libertador perdió toda su influencia en el Perú.

Al final, dice Liévano Aguirre, “la mayoría de las delegaciones que firmaron el Tratado de Panamá rechazó la formación de un ejército verdaderamente continental”. Además, “la delegación peruana vinculada a la aristocracia feudal evitaba la formación de un nuevo derecho internacional americano” divorciado del que regía en Europa.

Finalmente, a la visión federativa de Bolívar se impuso la de Páez para quien Venezuela era su “patriecita”; la de Santander, que solo pensaba en la Nueva Granada; la de Gamarra y La Mar, en espera de una oportunidad para consolidar su imperio feudal en Perú; la de Rivadavia, cuya ambición era establecer el predominio de la oligarquía de Buenos Aires sobre los argentinos. Únicamente la Gran Colombia ratifica el tratado principal acordado.

En agosto de 1826 algunos delegados (excepto los peruanos) llegados de Panamá e instalados en Tacubaya, México, en lugar más fresco y saludable a 2.300 metros de altitud, continuaron las sesiones del Congreso; sin ningún resultado se clausuró en 1828, dos años antes de la muerte del Libertador.

Hoy los panameños conmemoramos un gran sueño de Bolívar, con respeto, júbilo y esperanza, acompañados de muchas delegaciones internacionales, el inicio formal del Congreso de Panamá un 22 de junio hace ya doscientos años.

* El autor es geógrafo, historiador y diplomático, presidente de la Academia de la Historia de Panamá