Cambiamos ahora o nos hundimos todos

  • 28/01/2024 00:00

Elegí este título porque estos días me he visto impulsado a escribir en términos más directos de lo acostumbrado. Y creo que los lectores pueden comprender el sentido de urgencia que tiene nuestro país. No podemos darnos el lujo de sutilezas e ilusiones. Estamos obligados a enfrentar duras verdades sobre nuestra sociedad, nuestro sistema político, nuestra comprensión de quiénes somos, nuestro pasado y nuestro futuro. Estamos en un momento crítico y, como he señalado en algunas ocasiones, no hay garantía de que salgamos de este trance si no hacemos algo.

Existe, pues, un sentido particular de urgencia para resolver esta crisis. No es que estamos interesados en volver a los tiempos pasados, aunque sin duda estábamos marginalmente mejores que ahora tanto en el discurso político como en la percepción pública. Sí, las debilidades institucionales y estructurales estaban allí, pero nadie puede negar que en los últimos diez años, algo profundo y muy grave sucedió.

Miles de panameños saldrán a votar el próximo mes de mayo para elegir un nuevo presidente. Por un lado, nuestro sistema político está entrando en metástasis, al tiempo que más de la mitad de los votantes carece de título universitario, recibe más del 70% de los subsidios sociales, no paga impuestos sobre la renta y generan menos del 10% del PIB. Y por otro, los medios de comunicación están lejos de poder afrontar los desafíos que enfrentamos y no logran comprender con qué facilidad han sido manipulados a través de dinero y clics.

Como consecuencia, estamos en medio de una crisis donde nadie tiene consideración ni respeto por los demás. Más de ocho mil panameños han muerto a causa de la covid-19 en sólo cuatro años, y no hemos tomado un momento para examinar y sentir juntos el dolor por los bebés que se quedaron sin recuerdos de sus padres, los ancianos que murieron solos y las familias que esperaban en los pasillos o en sus casas con la esperanza de reunirse con sus seres queridos que nunca volverán a ver. Quizás muchos están cansados por la angustia de estos últimos años que preferirían no dedicar mucho tiempo a pensar en todas las implicaciones de lo que han visto y vivido.

Con lo cual viene a colación un texto que leí hace años en una placa enmarcada dentro de la sala de redacción del Chicago Tribune que decía “No todo lo que se enfrenta se puede cambiar, pero nada se puede cambiar hasta que se enfrente”. Nuestro país está herido y muchos no se atreven a dar un pronóstico por lo peligrosa que está la situación. Las próximas elecciones serán tan importantes como cualquier otra, pero dadas las circunstancias en que nos encontramos, no será sólo una cuestión de elegir a un nuevo presidente, alcalde, diputado y representante. Cualquiera que sea el resultado en mayo, tenemos trabajo por hacer.

Y la pregunta es, ¿cómo hacemos ese trabajo? Y para responder permítanme ofrecer cuatro reflexiones puntuales. Primero, reconocer que ya antes hemos tocado este fondo. Panamá como República murió y resucitó al menos cinco veces: en 1932, 1941, 1952, 1968 y 1989. Si nos levantamos entonces, perfectamente podemos hacerlo también ahora. Segundo, tenemos que diagnosticar los desafíos que enfrentamos sin lamentarnos ni autoflagelarnos. Las cosas tal vez tenían que ocurrir tal como es para permitirnos entender que por el rumbo que íbamos no llegaríamos muy lejos. Tercero, debemos adoptar mejores fuentes de información. Las redes se han convertido en un caldo de desinformación y mucha gente se calienta allí sin ninguna razón. Recuerdo, cuando estuve directamente involucrado en la industria de medios, hice todo lo posible para crear instancias y asegurar que los medios fueran más confiables y más creíbles, con iniciativas como el defensor del lector, derechos a réplicas, secciones de fe de erratas y conteo de errores a periodistas. La verdad es que cada día los medios son menos creíbles por sus constantes inexactitudes y serios conflictos de interés. Y cuarto, debemos buscar el poder por las razones correctas y estar preparados para realizar los cambios transformadores que necesita la sociedad. Hay que dejar atrás tradiciones y costumbres que no han servido al fortalecimiento de la democracia, aunque eso signifique reformar la Constitución, cambiar la composición política de la Asamblea Nacional, subir el nivel académico y moral de los diputados, modificar los términos de los magistrados de la Corte Suprema, buscar mejores modelos de educación, fortalecer los estamentos de seguridad para evitar cierres arbitrarios de calles, y promover la práctica de valores éticos en todo los aspectos de la vida corriente.

Es hora que todos nos unamos en esta lucha por mejorar y adecentar al país. Lo hacemos ya o de lo contrario nos vamos todos para el despeñadero.

El autor es empresario