Crónicas de corrupción y lavado de dinero

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  • 19/05/2026 00:00

Un buen amigo a quien le di a leer el borrador de mi nueva obra editorial, me manifestó lo siguiente: “Considero que este libro recorre la ilicitud de los últimos 35 años en Panamá”. Debería ser incluido como parte del pensum escolar para que las nuevas generaciones conozcan algo de sus gobernantes.

Sería muy poco serio y demasiado arrogante de parte mía, pretender que esa aseveración tan tajante sea cierta. Ni aún, en su mínima expresión. Serían muchos libros los necesarios para poder documentar todos los actos de corrupción desarrollados por las clases gobernantes desde que en Panamá se instauró la llamada democracia en diciembre de 1989, luego de la intervención militar estadunidense, que puso fin al régimen de Manuel Antonio Noriega. Y, por supuesto, todo lo que se dio desde 1903, cuando nacimos como Nación independiente.

Si bien se aseguró que la etapa de 21 años que superamos, donde se dice que los militares y los civiles que los apoyaron, robaron parejo y dilapidaron mucho dinero público, soy un creyente que en “democracia”, quizás porque hubo más recursos para gastar, la corrupción se multiplicó, llegándose a comentar que, en un solo periodo de cinco años, se esfumaron más de 5 mil millones de dólares. De repente hasta más por la cantidad de casos y funcionarios investigados.Desde 1989, con Guillermo Endara hasta el presente, con José Raúl Mulino, pasando por Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso, Martín Torrijos Espino, Ricardo Martinelli, Juan Carlos Varela y Laurentino Cortizo Cohen, los hechos de corrupción, lavado de activos, violación de decisiones judiciales, impunidad, tráfico de influencias, nepotismo, delitos electorales, favores con fondos públicos y, un largo etcétera, han sido muchos, muy poco investigados y, con escasos condenados por los daños que le hicieron a los tesoros públicos. Es una realidad que la impunidad ha rondado en nuestra vida pública con una facilidad tan grande que hemos llegado a decir estupideces como, “todos roban”, “robó, pero hizo” o “están robando menos que antes”

Otro amigo a quien también le pedí su opinión sobre mi libro llegó a decirme que publicarlo no sería conveniente para mí. Que sería hasta peligroso hacerlo. Mira Willy, me dijo, ya tú tienes bastantes enemigos por las tantas denuncias que has hecho, porque quieres gratuitamente buscarte más. Muchos de los que tu mencionas allí de repente se arrepintieron de lo que hicieron y podrían actuar con saña en tu contra por atreverte a recordar hechos que muchos han olvidado o que ni siquiera se dieron cuenta de que se llevaron a cabo.

Mi respuesta fue tajante. La historia hay que contarla tal como ocurrió. Sin aderezos. Sin exageraciones ni calumnias, sino realidades y hechos comprobables. Si lo que pretendo con esta nueva obra es lograr un cambio profundo en la forma como se ha gobernado Panamá, debo señalar hechos donde fui parte, por supuesto, ínfima de todo lo que se ha dado, para que quede plasmada mi experiencia de hechos donde fui testigo primario.

¿Piensan ustedes que, luego de una sentencia de la Corte Suprema de Justicia condenando a una importante transnacional por muchos millones de dólares, el gobierno nacional decidió perdonar esa deuda sin lograr nada a cambio? O ¿que, las donaciones recibidas por Panamá de países amigos no deben ser auditadas por la Contraloría General de la República, manejándose como si fueran de una empresa privada? ¿O que, cuando se privatizaron servicios públicos existiesen clausulas ocultas que les dieron beneficios adicionales a los concesionarios? O ¿qué un Consejo de Gabinete permitiera la venta a un particular de un bien que pertenecía al Estado, contradiciendo dos decisiones previas de la Corte Suprema de Justicia?

“Dinero sucio: Crónicas de lavado de dinero y corrupción entre gobernantes, empresarios y narcos”, a presentarse el próximo 5 de junio, quizás contenga la explicación de porqué nuestro país sigue incluido en lista negras europeas y porque se nos señala como un país en el que es impune la corrupción. Donde la seguridad jurídica y el Estado de Derecho brillan por su ausencia y la separación de los poderes públicos, como debe funcionar toda democracia, simplemente es una ilusión.

Algo tan burdo que, por eso muchos en el exterior nos siguen diciendo que somos una República Bananera, más aún con el empoderamiento que ejerce sin control alguno el actual embajador de Estados Unidos aquí.