Demetrio Basilio Lakas, el héroe olvidado

  • 08/09/2026 00:00

Para buena parte de la población, el nombre de Demetrio Basilio Lakas Bahas (1925-1999), conocido como Jimmy Lakas, resulta desconocido. Quienes vivieron aquella época, su figura suele reducirse a quien fue el “presidente”, aunque de a dedo, que más tiempo ocupó el cargo: nueve años. Primero, desde el 19 de diciembre de 1969, cuando reemplazó a los coroneles José María Pinilla y Bolívar Urrutia, destituidos tras el fracaso del golpe que intentaron contra Torrijos el 13 de diciembre de ese año, mientras este asistía a una carrera de caballos en México. Más tarde, en 1972, fue designado por seis años por la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimiento, mediante el voto de sus 505 integrantes. El único que no votó a su favor fue el dirigente demócrata cristiano Luis Emilio Veces Barría, representante del Barrio Balboa, en La Chorrera, lo cual motivó que lo llamaran loco, pues quebró la unanimidad que tanto complacía a los militares.

Lakas nació en Colón en 1925, hijo de inmigrantes griegos establecidos allí. Graduado de ingeniero y arquitecto en la prestigiosa Universidad Tecnológica de Texas (Texas A&M). Conoció al mayor Omar Torrijos a comienzos de la década de 1960, quien dirigía el cuartel de la Guardia Nacional en Colón. Allí forjaron una estrecha amistad, alimentada por sus frecuentes parrandas.

Antes del golpe de Estado del 11 de octubre de 1968, el entonces teniente coronel Omar Torrijos —inspector general de la Guardia Nacional y cuarto en el escalafón policial— había aceptado su designación como agregado militar en El Salvador y Guatemala. Incluso le pidió al entonces mayor Rubén Paredes, trasladado a Santiago, que le sirviera de fiador para obtener préstamo de 400 balboas en la cooperativa policial para dejarle algo de dinero a su familia. Nunca llegó a buscarlo.

La noche del 11 de octubre, cuando el mayor Boris Martínez anunció el golpe de Estado, Jimmy Lakas corrió a buscar a su amigo Torrijos, quien preparaba las maletas para partir hacia su nuevo destino, y le dijo:

“Muévete a apoyar lo que están haciendo. Como oficial de mayor rango, debes estar allí”.

Así quedó Torrijos al frente de la asonada militar, compartiendo el mando con el mayor Martínez, principal impulsor del golpe, quien fue sacado de Panamá cuatro meses después de aquel 11 de octubre. En ese momento, el ingeniero Lakas era director de la Caja de Seguro Social. Había sido nombrado para poner orden en la institución tras el desastre administrativo que encontró, proceso que culminó con la detención de su director, Laurencio Jaén, y de varios miembros de su Junta Directiva, entre ellos Tomás Gabriel Altamirano Duque, “Fito Duque”.

Estando ambos en México, se enteraron del golpe del 13 de diciembre de 1969. Fue Lakas quien animó e impulsó a Torrijos a regresar a Panamá, pese al riesgo que ello representaba para sus vidas. Ante un Torrijos resignado a su suerte, Lakas insistió en retornar. La operación tuvo éxito: tras múltiples peripecias entraron por David el 16 de diciembre.

El papel de Lakas en las decisiones de Torrijos fue determinante. Me cuentan que, una tarde, mientras Torrijos se encontraba en el Hotel Nacional de David, agobiado por los problemas y en uno de sus frecuentes bajones, llamó a Lakas, entonces presidente de la República, y le dijo: “Encárgate tú. Me cansé. Me voy para Costa Rica”. Lakas tomó de inmediato su automóvil y viajó a David. Al llegar, encontró a Torrijos dormido; entró en la habitación y, Colt .45 en mano, lo enfrentó: “Tú no te vas para ningún lado. El país te necesita”. Logró hacerlo recapacitar.

Cuando el 1 de agosto de 1981 se conoció la noticia de que Omar había muerto al estrellarse el avión que lo trasladaba de Penonomé a Coclesito, ni Lakas ni el entonces vicepresidente de la República, Ricardo de la Espriella, creyeron la versión oficial de que se trataba de un accidente. Ambos acordaron contratar a un investigador gringo para determinar lo ocurrido. Dos días después, Lakas le dijo a De la Espriella que era mejor dejar las cosas como estaban: al fin y al cabo, nada de lo que hicieran devolvería la vida a su amigo Omar. De la Espriella comprendió que los jefes militares le habían pedido a Lakas que desistiera de la idea.

Relato estos episodios porque quienes se proclaman “torrijistas” parecen haber olvidado el papel decisivo que Demetrio Basilio Lakas desempeñó en la vida de Omar Torrijos Herrera. Sin Lakas, difícilmente Torrijos habría llegado hasta donde llegó.