El Idaan como botín político
- 03/03/2026 00:00
Gobierno tras gobierno ha seguido la práctica de convertir las entidades públicas en botines políticos que se reparten entre los grupos que ayudaron a llegar al poder.
Un caso de eso es del Idaan, otorgado por la presidenta Mireya Moscoso (1994-99) al partido Cambio Democrático (CD), dirigido por Ricardo Martinelli, el cual desarrollo en mi próximo libro: “Dinero Sucio: Crónicas de lavado de dinero y corrupción entre gobernantes, empresarios y narcos”, que en mayo próximo estará a la venta.
Durante los anteriores gobiernos vimos cómo se repartían los contratos de carros cisternas en el Idaan para hacerle llegar agua a las comunidades sin el vital líquido. Cuento lo que se vivió en esa entidad en el gobierno de Moscoso.
Un sobrino del expresidente Martinelli, Ramón Martinelli Corro, era el tesorero de CD y diputado del Parlacen siendo el vicepresidente Carlos Sánchez Frías, el gerente del Idaan. Sánchez Frías, al mejor estilo de los arnulfistas de los 40, obligaba a los trabajadores nuevos a inscribirse en CD, quitándole un porcentaje para un fondo del partido, administrado por Martinelli Corro.
Lo primero que preguntaba Frías por escrito, al recibir solicitud de trabajo, era: «¿Está inscrito en CD?».
Una abogada del Idaan me dio detalles de todo. Por el carácter abusivo, generaba mucha molestia entre el personal que ingresaba nuevo a la entidad. Al ser diputado del Parlacen, Ramón Martinelli ilegalmente era el jefe de Informática y cada quincena recogía el cobro de las cuotas porque esos diputados no pueden tener cargos públicos. Las depositaba en cuenta bancaria a nombre de CD en el Banco Nacional sin documentación que sustentase su apertura, autorizados por acta de la Junta Directiva de CD, firmada por Ricardo Martinelli. Allí se establecía el porcentaje que tenía que pagar cada uno de los nuevos funcionarios, de acuerdo a su salario.
Tenía aprehensiones para presentar la denuncia en la Fiscalía Electoral ya que el titular allí era Gerardo Solís, a quien había denunciado por utilizar recursos públicos para remodelar el Colegio de Abogados. Siendo Solís presidente del gremio, simultáneamente que director del Fondo de Emergencia Social (FES) en el gobierno de Pérez Balladares, logró que, de las partidas circuitales de los legisladores, 27 «donarán» $10 mil cada uno, para remodelación que hacían allí, algo que de público no tenía nada. Los “donantes” no eran dueños de esos fondos. Sus nombres aparecen plasmados en placa de bronce en la entrada de ese Colegio.
Presenté la denuncia. Me apersoné al Idaan en vía Brasil, junto a mi socio, Víctor Martínez, estacionándonos en las afueras, mientras Solís y su equipo requisaba dentro, para confirmar o descartar mi denuncia. Salió Solís comunicándonos que los agarró con las manos en la masa. Encontró lista de los funcionarios a quienes se les quitaba su dinero, registros de la cuenta en Banconal donde se depositaban y el nombre de los involucrados en la operación prohibida por la Constitución y la ley.
Todo se confirmó. Se generó un gran escándalo político. Ricardo Martinelli consideró que Cochez le había declarado la guerra y reaccionó en consecuencia, demandándome por calumnia e injuria. Logró que me secuestrasen mi salario en la Universidad de Panamá. Para él eran «ataques políticos». Me sentí un David frente a un poderoso Goliat.
Quedaron 12 funcionarios procesados y se desató una abierta enemistad con Martinelli. El fiscal electoral nunca quiso confrontar la copia del comunicado de CD, firmado por Martinelli como su presidente, donde autorizaba el cobro de las cuotas. Adujo que «no era la firma original». Por más que solicité nombrará un perito caligráfico, llamándole a declarar, jamás lo hizo. Tampoco investigaron a Ramón Martinelli, por ser del Parlacen. Los que subieron y bajaron escaleras, siendo condenados por el ilícito, fueron los chivos expiatorios de lo dirigido desde la cúpula de CD. Todos perdieron su trabajo.
Posteriormente, descubrí que Martinelli tenía dos contratos para repartir agua en carros cisternas que estacionaba en lugar de su propiedad en Costa del Este. Eran dos sociedades anónimas cuyo presidente era alguien de apellido Bryan, pero que en ambas nombraban de apoderado general a Ricardo Martinelli. Él adujo que cualquiera podía nombrarte apoderado general sin que se diera cuenta.
También descubrí que en ese gobierno le dieron la Notaría Segunda de Panamá al hermano de Martinelli, Mario, ubicada en inmueble al lado del Idaan. El notario suplente, de apellido Guzmán, también el asesor legal del Idaan, firmaba los protocolos de la notaría. Casos que han seguido pasando ¿o no?