¡El oficio de negociar un acuerdo comercial!

  • 06/11/2026 00:00

El reciente anuncio hecho público por parte de la Presidenta de Costa Rica Laura Fernández, de la desvinculación de su Ministra de Comercio Exterior, Indiana Trejos, supuestamente producto del enfoque con el que se continuó manejando la negociación del Acuerdo Integral y Progresista para la Asociación Transpacífica (CPTPP), es quizás la mejor publicidad no pagada para promocionar un acuerdo comercial que sin duda está generando un impacto global no sólo por lo novedoso de algunas de sus disciplinas, sino por los socios comerciales que lo integran. ¿Veamos por qué?:

a. ¿En qué consiste el mencionado Acuerdo?

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) como originalmente se denominaba era un tratado de libre comercio - firmado el 4 de febrero de 2016 en Auckland, Nueva Zelanda - cuyos miembros eran 12 economías: Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. En el año 2017, Estados Unidos se retiró del pacto, lo que imposibilitó su entrada en vigor, lo cual generó la voluntad del resto de sus miembros de negociar un nuevo instrumento, el cual a finales del año 2018, permitió vincular bajo un mercado consolidado a más de 595 millones de consumidores, que en conjunto representan el 14,4% del PIB global y el 22,5% de las importaciones mundiales.

A este pacto se sumaría por adhesión el Reino Unido en el año 2024, en un movimiento por recuperar los mercados afectados por el Brexit en el año 2020 (Japón, Canadá y México) y ganar acceso a los mercados del Indo-Pacifico.

b. ¿Por qué es valioso este acuerdo comercial?

Vale destacar que este instrumento podría ser considerado uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos del mundo, con altos estándares en facilitación del comercio, seguridad en las cadenas de suministro, desarrollo e inversiones, “coherencia regulatoria”, comercio digital y servicios financieros de nueva generación, PYMES, y sostenibilidad ambiental y laboral, lo cual lo hace novedoso ante todos los acuerdos negociados durante los últimos 40 años.

c. ¿Por qué el movimiento de Costa Rica podría haber sido uno lógico?

Sin entrar a valorar las decisiones de política interna de cualquier país, hay suficientes argumentos para confirmar que sería un paso inteligente, considerando que en el Acuerdo Integral y Progresista para la Asociación Transpacífica, 8 de sus miembros comparten sillas con Costa Rica en la OCDE (Australia, Canadá, Chile, Japón, México, Nueva Zelandia, Reino Unido y eventualmente Perú), siendo la mayoría, potencias logísticas, productivas y generadores o receptoras de inversión extranjera directa, y además con al menos 6 de ellos, Costa Rica cuenta con acuerdos comerciales vigentes. Ningún otro país de la región tiene este perfil.

Recordemos que Costa Rica además es el uno de los dos países de Centroamérica que cuenta con un tratado vigente con China (Nicaragua, 2024), lo que lo coloca en una posición estratégica competitiva para atraer inversiones desde distintos mercados.

d. Panamá se podría ver o no reflejado en el intento

Creo que Panamá ya tiene acuerdos de libre comercio con sus principales socios. El fortalecimiento de la función de administración de los acuerdos es mucho más prioritario que continuar abriendo mercados. Y es que la realidad es que necesitamos transformar el acceso a mercado que logramos con los Tratados de Libre Comercio en exportaciones, productividad y crecimiento sostenible y sustentable.

No obstante, entendiendo que tenemos igualmente tratados de libre comercio con al menos 6 de sus 12 miembros (del Acuerdo Integral y Progresista para la Asociación Transpacífica), estudiar una alianza estratégica sectorial podría ser una alternativa, en especial para fortalecer nuestra plataforma de inversiones.

e. Lecciones aprendidas sobre Gobernanza Pública.

En negociaciones comerciales, hay reglas implícitas que invitan a la confidencialidad de textos y acuerdos, lo que generalmente debe pasar por un alineamiento técnico estratégico. Para ello es necesario validar los mandatos y acuerdos inclusive de la mano del sector privado, evitando la exclusión de algunos actores.

Dentro de los temas a aclarar en un marco de conversaciones siempre debe ser prioridad definir: la existencia de un estudio de viabilidad y/o factibilidad previa al inicio de las conversaciones (no es lo mismo la adhesión a un acuerdo que la posibilidad de negociar un texto y reglas de acceso completas), la claridad en los procedimientos de consultas, los organismos técnicos que acompañan el proceso, y los niveles de decisión en que se apoyará el Estado.

Una fricción en estas áreas puede resultar no sólo incómoda para los directamente involucrados en el proceso, sino crear una crisis sistémica de gobierno. Es que quien negocia es el representante de Gobierno, pero quien termina obligándose es el Estado. Por el contrario, tener controladas estas variables, aumenta el poder formal de quien gobierna, aunque no necesariamente su popularidad.